sábado, 25 de octubre de 2025

Una idea genial: cargar las deudas a los jóvenes

Como digo en la entrada precedente, mi generación ha tenido la genial idea de cargar una deuda pública inasumible a los que vendrán. Esto significa que los jóvenes que están formándose y aún no han entrado al mercado laboral, los niños y todos los que lleguen a este mundo en los próximos años están en números rojos, predeterminadamente condenados a trabajar para devolver un dinero que no usaron y sobre el que nadie les pidió opinión.

La cuantía de nuestra deuda se puede ver en esta página web y asciende ahora mismo a unos 1,75 billones de euros, lo cual representa 1,28 veces el PIB (Producto Interior Bruto) de España en un año, es decir, toda la riqueza en bienes y servicios que producimos durante 12 meses.

Deuda pública española

Evidentemente, dicha riqueza no se puede usar para devolver lo prestado de un plumazo, pues es necesaria para vivir. Lo digo por si alguien propone emplear íntegramente el esfuerzo de 16 meses para amortizar las deudas y poner el contador a cero. Lo razonable es ir devolviendo poco a poco lo que se debe, pero lo que realmente hacemos es todo lo contrario: pedir más y más cada año. ¡Qué locura!

Este disparate le está absolutamente vetado a particulares, familias y empresas —ya cuidan los bancos de ello—, pero nos parece natural que lo perpetren los gobiernos, pues nos han embaucado con la patraña del estado del bienestar, como si este fuera exclusivamente material. Hace sólo unos días, el diario EL PAÍS publicaba la noticia de que en breve se alcanzará un endeudamiento global del 100% del PIB mundial. Fijémonos que nosotros vamos ya muy por delante con un 1,28%. Somos alumnos aventajados en la escuela del despropósito.

Alguien podría argüir que es natural endeudarse para invertir en un negocio o para adquirir una vivienda. En estos casos, se cumple a la letra la clásica definición de préstamo, cambiar dinero por plazos, que se materializa como un contrato por el que recibe dinero en el presente a cambio de devolverlo en el futuro, pagando intereses. Así, se consigue liquidez hoy, para cubrir una necesidad o una inversión, bajo la obligación de cancelarlo a plazos mediante los rendimientos del trabajo o de la inversión.

Sin embargo, si observamos el gráfico correspondiente al presupuesto de gastos del ejercicio 2022, veremos que el 42% corresponde a pensiones, no a inversiones productivas o necesidades vitales, lo que sumado al 7% de amortización de deuda atrasada, da un total cercano al 50%. Es evidente que esta losa presupuestaria nos impide disponer de unos servicios adecuados, que contribuyan de manera efectiva al cacareado estado del bienestar —listas de espera, trenes parados, etc.—y a generar valor.

Presupuesto de gastos 2022

Miremos a la cajita etiquetada con la palabra "sanidad". Si la medimos, obtendremos que equivale al 1.5% del total. ¿Y la cajita "educación"? Esa ni aparece. Es sorprendente, ya que cada vez que nos suben los impuestos lo justifican con la sanidad y la educación. Para no hacer trampas, hay que decir que los gastos en sanidad y educación son mayores de los que refleja este gráfico de los PGE (presupuestos generales del estado) pues las comunidades autónomas contribuyen en su sostenimiento cobrando los correspondientes impuestos, ¡otros!, no se nos olvide.

¿Es justo comprometer a las generaciones venideras en el disfrute de las pensiones actuales? Yo creo que no. Los pensionistas dirán que se han ganado el derecho, pero hay que recordarles que no se han dotado de un sistema honesto: España es uno de los pocos países del mundo que usa un sistema de reparto frente a la alternativa basada en capitalización. Es como si yo decidiera hacerme con una villa de lujo en Mallorca, a costa de hipotecar a mis hijos de por vida —sus vidas, no la mía—, con la excusa de que me lo merezco.

Es cierto que nuestros políticos saben perfectamente que la Seguridad Social está quebrada y ninguno, sea de la ideología que sea, hace nada para mejorar las cosas, pero no es menos cierto que les dejamos hacer lo que les da la real gana, mientras despistan nuestra atención de lo importante con chorradas. Líder es el que va delante abriendo camino, pero los nuestros van detrás leyendo encuestas, que es lo único que saben leer, dado su ínfimo nivel cultural.

Engañamos a nuestros jóvenes con la educación, les imputamos una deuda sobre la que no han decidido... ¡Es para hacérselo mirar!

*    *    *

NOTA: Como me leerá algún expertillo indignadete, voy a salir al paso de sofismas. Esa deuda de 1,28 veces el PIB es una tasa que, evidentemente, puede disminuir si crece el denominador, esto es, el PIB. Ahora bien, para conseguir eso hay que aumentar la productividad haciendo alguna de estas cosas:

  • disminuir los costes de la mano de obra
  • disminuir el precio de la energía
  • bajar los impuestos y reducir la burocracia
  • adelgazar el sector público
  • mejorar la formación de los jóvenes
  • modernizar las infraestructuras
  • multiplicar la población

¿Sobre cuál de estos aspectos se está actuando decididamente? Parece que sobre ninguno. Pues nada, que siga la fiesta de la democracia.


martes, 14 de octubre de 2025

¡Qué afición le hemos cogido a engañar a los jóvenes!

"Todos los que estáis en la universidad habéis entrado por méritos propios, y con una capacidad contrastada para poder, no solo iniciar unos estudios universitarios, sino para finalizarlos." Esto afirma tajante Jorge Pérez Serrano, vicerrector de Estudios de Grado y Acceso de la UAH, en la newsletter Sigillum Nostrum, un boletín, recopilación de insulsas noticias, que se distribuye semanalmente a mayor gloria del necio postureo institucional impulsado por el actual rector, cuyo mandato agoniza con más pena que gloria, tan flaco en logros como ayuno de ideas.

Si Jorge Pérez quiere decir que todos los alumnos de nuevo ingreso han superado los requisitos que establece la ley para acceder a la universidad, entonces le doy la razón. ¡Faltaría más! Estaría bueno que hubiera enchufes, recomendaciones y privilegios en la universidad pública... tanto entre alumnos como entre profesores y gestores...

Ahora bien, lo de la "capacidad contrastada" ya no está tan claro. Las evidencias nos muestran que los estudiantes vienen con serias carencias, que sus conocimientos no son los esperados y que sus capacidades dejan mucho que desear. Recientemente hemos podido leer en la prensa el caso de Álex Torío, profesor de enseñanzas medias, que denuncia que se fuerce a aprobar a todo el mundo. La cosa no es de ahora: ya en el 2018 escribí sobre el particular.

La percepción del profesorado universitario es que los chicos vienen cada vez peor preparados y que cuesta un esfuerzo titánico conseguir que alcancen el nivel adecuado. Entonces, ¿es que Jorge Pérez no habla con los profesores? ¿Es que vive aislado en la burbuja de su despacho?

Y lo de poseer la capacidad necesaria para finalizar los estudios universitarios también tiene su miga. Entre los profesores se da por verosímil una leyenda según el cual lo difícil es matricular a una vaca, pero una vez conseguido, la vaca titulará.

Cabe preguntarse qué pretende el vicerrector con su cursi mensaje. Este tipo de consignas lo único que consiguen es distraer, desactivar, adormecer y engañar. Para los jóvenes, los estudios universitarios deberían ser un reto estimulante, no un paseo cansino. Recuerdo mi primer día de clase en la asignatura de Física General, en el que el profesor nos animó a estudiar duro y pronosticó que no todos terminarían la carrera, como efectivamente sucedió. No era adivino, sólo tenía sentido común... y un grandísimo conocimiento de su materia, que ya quisieran para sí muchos catedráticos de hoy en día. Conocimiento que desplegaba tiza en mano, sin papeles, notas, diapositivas ni zarandajas innovadoras.

Que le hemos cogido gusto a engañar a los jóvenes es una evidencia. Va para tres años que Daniel Arias Aranda, catedrático de la Universidad de Granada, publicó su ya famosa carta "Querido alumno universitario: Te estamos engañando", a la que siguió un libro que profundiza en el tema.

El halago desactiva, lo fácil desincentiva. En el fondo, se trata de la trampa del "do ut des" que denuncio en la entrada previa: "te apruebo, te lo pongo facilito y tú, querido alumno, dejas que me dedique a lo mío", parecen estar diciendo todos estos mentirosos.

Citaré un fragmento de Los gozos y las sombras I. El señor llega, de Gonzalo Torrente Ballester

“Carlos se acercó y leyó:
    »¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
    »E, inmediatamente, el recuerdo de los versos restantes le vino a la memoria, y, con él, la clase de Literatura en el colegio de jesuitas de Vigo. Apartó el libro y siguió recitando:
    »¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
    »que a mi puerta, cubierto de rocío,
    »pasas las noches del invierno, oscuras?
    »—¿Lo sabe?
    »—Claro. Soy bachiller.”

Un bachiller de no hace mucho se sabía este soneto de memoria. Hoy, difícilmente, encontraremos uno que sepa que es de Lope de Vega.

Estafamos a los jóvenes en la enseñanza, un fraude que les resta oportunidades y, por tanto, les condena a la mediocridad. Pero no sólo en eso: les hemos escondido los valores, para que vivan de sentimientos y opiniones; y les hemos colocado una deuda pública inasumible, para que paguen la fiesta que nos estamos dando a su costa... Una traición es moral y la otra material, pero hablaremos de ellas otro día.