jueves, 2 de mayo de 2024

Sexenios de cartón piedra, tecnología educativa y honestidad

En el mundillo universitario hablamos de sexenios para referirnos al reconocimiento de un tramo de investigación de seis años, que tiene efectos económicos (unos 120€ brutos al mes) y, sobre todo, promocionales: ascenso en la carrera profesional, descarga académica, etc.

La CNEAI (Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora), dependiente de la ANECA, es el órgano encargado de realizar la evaluación de la actividad investigadora de los profesores universitarios y del personal de las escalas científicas del CSIC, y para ello fija unos criterios que, básicamente, atienden al peso más que a la calidad. La reiterada denuncia de las picardías que se acostumbran a llevar a cabo para inflar el currículum ha forzado a modificar ligeramente esos criterios, pero sin abordar el fondo del tema. En definitiva, ¿quién se va a leer todo lo que se publica para juzgar con fundamento? Como ya conté en otra ocasión, hoy en día Einstein no sería catedrático en la universidad española.

En el colmo del paroxismo, se inventaron los sexenios de transferencia con el fin de premiar la transferencia de conocimiento a la sociedad, lo cual resulta insólito si pensamos que el objetivo principal de un profesor es transferir conocimiento a sus alumnos. En realidad, lo que sucede con más frecuencia de la deseada es que a más sexenios menos enseñanza, ya que el que está en publicar papers no suele dedicar mucho tiempo a la docencia, o lo que es peor, ni siquiera se sabe la lección.

Sí, amable lector: ¡grandes sorpresas nos llevaríamos si examináramos a los catedráticos de las materias que imparten! Quizá la ANECA debería empezar por ahí y luego ya, si eso, pesamos los papers. En este sentido, le invito a leer las hazañas de Juan Manuel Corchado, candidato a rector de la Universidad de Salamanca. La serie que le ha dedicado El País confirma que el problema esencial de la universidad española es la honestidad, y esa no la puede medir la CNEAI. Por cierto, según he leído Corchado es experto en Ciberseguridad, Bioinformática, Sistemas Inteligentes y Tecnología Educativa, y miembro de sociedades médicas, farmacéuticas, enológicas, etc. ¡Ahí es nada!

Saber de todo no es sencillo. En mi modesta opinión, la Ciberseguridad y la Inteligencia Artificial sólo tienen en común el computador que las soporta, pero, en cuanto a áreas de conocimiento, me parecen muy distantes. ¿Cómo es posible que alguien las domine a la vez y, además, sepa de vino, de cáncer y de aspirinas? Para mí, esto es un misterio.

Con todo, lo que más me llama la atención es que Corchado sabe de Tecnología Educativa. Esto ya sí que me parece absolutamente admirable. ¿Pero es que este hombre tiene tiempo para dar clase? Y aquí es donde entra en juego el cartón piedra, que ya sabemos que se usa para los decorados.

En los últimos años han proliferado como setas los congresos de tecnología e innovación educativa: EDUTEC, CINTE, CUIEETFECIES, EIDU... Estas reuniones representan una oportunidad insoslayable para esos badulaques (y "badulacas", que de todo hay) que habitan, cada vez en mayor número, las Escuelas Técnicas y que aspiran a obtener su sexenio sea como sea. Puesto que saber de Electrónica, pongamos por caso, es difícil, siempre podemos medrar como expertos en innovación de la enseñanza de la Electrónica Digital a través de las nuevas tecnologías, los vídeos y las píldoras educativas. Así, sustituimos la tecnología por el uso del computador, y el conocimiento por el cartón piedra, y todos contentos.

Lo mismo ocurre en otros ámbitos con sesudos estudios sobre el criptolenguaje en el teatro bengalí o la consciencia de la sepia. No es coña. Y no reproduciré aquí los títulos de algunas de las tesis doctorales defendidas en los últimos meses en la UAH para no herir sensibilidades, algunas con dos y hasta tres codirectores.

Al final, esta sociedad igualitarista exige cortar a todos por el mismo patrón, para que nadie se moleste, de manera que cada cual pueda exhibir su sexenio, aunque sea de cartón. Por otra parte, como vivimos inmersos en un idealismo cartesiano en el que cada uno invoca "su realidad", tenemos prohibido apelar al fundamento sustancial de las cosas para juzgarlas con prudencia y lo único que nos queda, para cuantificar la calidad, es el platonismo de los números: si los papers "pesan" o "miden" tanto es que se asemejan al arquetipo del conocimiento. Padecemos tal hipnosis por lo cuantificable que le hemos atribuido el calificativo de objetivo. Así, la estadística se usa para representar "evidencias objetivas", obviando que una cosa es la realidad y otra muy distinta la imagen de ella que nos ofrece la "cocina" de los datos.

Hace falta honestidad. Y eso no se mide, pero se nota. Investigar es buscar la verdad, pero, ¿qué clase de verdad se puede alcanzar mintiendo? Porque inflar el currículum con autocitas, perfiles falsos, papers irrelevantes y sexenios de cartón piedra es mentir. Mentir a los demás, pero sobre todo, y esto es lo más triste, mentirse a uno mismo.

Erudito de cartón piedra


miércoles, 20 de marzo de 2024

El Magnífico, la ministra y los Teleñecos

Lamentablemente, es necesario volver a señalar que el rey va desnudo, es decir, que por más que hagamos el ridículo convirtiendo la universidad en Barrio Sésamo no vamos a llenar las aulas vacías.

En esta ocasión, como podemos ver en las fotos, el Magnífico y la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, han unido sus fuerzas en AULA 2024 para convencernos de que venir a estudiar a la UAH es chupiguay. Muñecos, camisetas y buen rollito... 

Somos chupiguay
Foto de familia
Foto de familia
El platillo nos ilumina

Pero, ¿y de ciencia y conocimiento? La ciencia, el conocimiento y la verdad dan igual. En realidad eso es lo que transmite toda una ministra de España prestándose a esta performance. Y es que ella misma evidencia que la excelencia es cosa de otros tiempos. Según leemos en Internet, Diana Morant obtuvo la titulación de ingeniero de telecomunicaciones en 2007, pero sólo ha ejercido la profesión durante un periodo de menos de 3 años. Luego entró en política y alcanzó el estrellato: ministerio en 2021 y jefa del partido en Valencia en 2024. No veo grandes ideas ni propuestas. Lo que veo es a alguien dócil que hace "lo que tiene que hacer", porque hoy en día los que mandan de verdad no dan la cara, están detrás.

No sé por qué me ha venido a la cabeza la figura de Beatriz Galindo, la Latina, que da nombre al castizo barrio de Madrid. Esta mujer excepcional fue llamada a la corte por sus profundos conocimientos humanísticos y su dominio de las lenguas clásicas, en especial del latín. Con tan sólo 16 años ya era famosa por hablar, traducir y escribir poemas en latín. Fue preceptora de Isabel la Católica, luego consejera y amiga, y llegó a formar a un buen número de personas entre las que se cuentan cinco reinas.

Por cierto, cuando Beatriz Galindo consideró que había terminado su tiempo en la corte, se fue a vivir al barrio de La Latina y se dedicó al mecenazgo asistencial y artístico. Nada de una presidencia en alguna institución de renombre o un puesto en un consejo de administración.

Volviendo a AULA 2024, es reseñable el "gran esfuerzo" que ha hecho la UAH en la feria: ha llevado cada día un buen puñado de alumnos voluntarios que han estado vendiendo las bondades de nuestra institución gratis. Porque esto es marca de la casa: que otros hagan el trabajo (gratis)...

Como la campaña de Barrio Sésamo ha debido de salir muy cara no paramos de encontrar al Magnífico con los Teleñecos, como vemos aquí.


Quizá sería prudente ver qué hacen otros para promocionarse. Os dejo aquí la imagen de una campaña de la Universidad UDIMA.

Salta a la vista que el enfoque es muy distinto. Pero, claro, de dónde no hay no se puede sacar. ¿Cómo vamos a exigir a los alumnos si no nos exigimos a nosotros? Por eso, yo le propongo (gratis) a nuestro equipo de gobierno una campaña mucho más barata. A ver qué os parece.


Si Cisneros levantara la cabeza...



martes, 20 de febrero de 2024

Interruptor crepuscular magnífico

Me dice Javi que tengo abandonado el blog y es cierto. Estoy liado con las nuevas prácticas de programación en ensamblador y con la última tarea que me manda Fer: la lectura (y análisis) de La rebelión de las masas de José Ortega y Gasset... ¡A ver! Fer no me manda, me sugiere, pero con tanto acierto que es imposible no sentirse espoleado intelectual y personalmente ante sus desafíos. Si no existiera Fer habría que inventarlo. Gracias a Dios, hay un ramillete de jóvenes que no se dejan adocenar y que van a cambiar este mundo a mejor... a pesar de nosotros, la generación que les ha traicionado.

Tengo varios temas en la cabeza, pero voy a continuar la serie dedicada a personajes ilustres de la UAH: después de la Confesión sonrojante y de los Teleñecos de Chan, hoy toca hablar del Magnífico.

Es posible que recuerdes la campaña publicitaria de Dacia Logan de 2007. Se hicieron varios anuncios en los que aparecía un personaje con cara de panoli, arrobado ante el funcionamiento, absolutamente normal, de alguna de las características de su nuevo Dacia: las luces largas y cortas, el maletero, los limpiaparabrisas... Otro personaje, entre desconcertado e indulgente, daba la réplica mientras se afirmaba que el vehículo hacía lo mismo que cualquier otro coche, pero por mucho menos dinero.

Campaña Dacia 2007

Pues bien, vayamos ahora al portal de comunicación de la UAH. Allí nos encontramos con el siguiente titular: "La UAH ha inaugurado una nueva señalización en el torreón del campus científico tecnológico". ¡Ahí es nada!

La noticia nos explica que a finales de noviembre el Rector Magnífico inauguró un letrero luminoso realizado en mármol cortado con láser y que se enciende y apaga mediante un sistema bluetooth. Obsérvese el derroche tecnológico que nos gastamos en la UAH. ¡Piedra cortada con láser! ¿Hemos inventado el láser? ¿Hemos desarrollado la cortadora de piedra? ¿La hemos instalado en uno de nuestros centros? 

Lo mejor, sin duda, es lo del bluetooh. Véase al Rector Magnífico apretar un botón en la pantalla de un móvil para encender el luminoso, suponemos. ¿Quién no estaría deseando matricularse en la UAH tras semejante muestra de dominio de la tecnología al servicio de la Humanidad? ¿Cómo no sentirse estimulado ante este derroche de sabiduría? A todos nos gustaría poder estrechar la mano del desarrollador de este sistema... pero no nos lo cuentan. Seguro que él o ella prefieren seguir en el anonimato.

Como todo el mundo sabe, la conexión bluetooth es de corto alcance. No creo que el Rector Magnífico suba cada día a encender y apagar el luminoso. Para eso se han inventado unos interruptores especiales que se conocen como crepusculares, que por muy poco dinero resuelven el problema de forma eficiente y duradera.

Me parece que el equipo que dirige la UAH está muy asustado ante las evidencias de su pésima gestión y pretenden distraernos de la realidad con estos anuncios. Están muy equivocados, faltos de ideas y exhiben un profundo desconocimiento de qué es la universidad y de cuales son sus fines y medios. No engañan a nadie y mejor sería que dieran un paso atrás y permitieran que alguien con más luces encauzara la situación. La universidad no les pertenece, es un servicio público.

José Vicente Saz Pérez, el Rector Magnífico, no es más que el epítome del equilibrio de poder entre clanes. Catedrático de promoción interna en convocatoria organizada mientras él era vicerrector competente en la materia, medalla de plata de la UAH en iguales condiciones y justificada en que "bajo su dirección se han desarrollado los planes de consolidación y promoción de la plantilla de PDI, que [...] mejoraron las condiciones laborales y contractuales de casi 200 profesores", entre ellos a él mismo. En fin, si Cisneros levantara la cabeza... 


NOTA: Los Rectores de las universidades recibirán el tratamiento académico de Rector Magnífico o Rectora Magnífica según Ley Orgánica 4/2007, de 12 de abril.



sábado, 2 de diciembre de 2023

Los Teleñecos de Chan

Algunos pensábamos que ya habíamos tocado fondo con aquello de los Monos, hormigas, corales y alguna confesión sonrojante, pero no, amigos. Estamos on fire en la Universidad de Alcalá y ahora ha sido el vicerrector Sebastian Sánchez Prieto, Chan para los amigos, el que ha saltado al ruedo para echar el resto.

En esta ocasión, la ocurrencia viene del espacio sideral y, como no podía ser menos, nos la cuenta un experto en investigación espacial que, todo hay que decirlo, no muestra el más mínimo sentido del ridículo.

La tontuna forma parte de una campaña publicitaria, supongo que ideada por el nuevo dircom de la UAH, Juanjo Becerra, que tiene como objetivo intuyo revertir la alarmante pérdida de alumnos que padecemos desde hace años.

Hemos aparecido en los medios (cadenasercadenaser (otra vez)telemadridantena3, además de en redes sociales) no por un hecho académico o científico relevante, sino a golpe de talonario. Hay quien dice que 750.000€, lo cual me parece una exageración y no termino de creérmelo. 

Los responsables de la campaña digo yo que serán el Rector y su equipo manifiestan un completo desconocimiento de qué es la universidad y cuáles son sus fines y medios. El objetivo de la universidad es la búsqueda de la verdad y su difusión, y eso se hace estudiando y enseñando. Nunca con peluches. La enseñanza superior seduce por el conocimiento, pero si se la denigra con esta clase de promociones el efecto es contraproducente.

¿Qué imagen estamos dando? Son Los Teleñecos o Barrio Sésamo nuestros modelos. Si así fuera, Jim Henson hubiera sido número 1 en el ranking de Shanghai. ¿Queremos tener tanta audiencia como El Hormiguero? Hagamos catedrático de promoción interna a Pablo Motos

En el vídeo nos asegura el vicerrector que están esperando a los "resultados de los análisis". Y esos análisis, ¿quién los va a llevar a cabo? ¿Los becarios? Lo digo porque el tiempo es muy limitado y dedicarse a la gestión, a la docencia, a la investigación y ahora también a la publicidad es muy complicado, que diría Portilla. Las cuentan no salen. Otra cosa es que firmemos papers en MPDI a cuya contribución declaramos "recursos" o "administración". ¿Es eso investigar? ¿O es otra cosa?

Tal y como proclamaba Virgilio Zapatero, exrector de la Universidad de Alcalá, "el futuro está en las aulas". Los alumnos se ganan en las aulas, día a día, enseñando de verdad, estudiando y haciendo estudiar. Si los exámenes se aprueban con una tarde de estudio, muy mal vamos. Por eso tenemos las aulas vacías, por eso hemos conseguido bajar en el ranking de Shanghai al último tramo.

Si Cisneros levantara la cabeza... 


jueves, 23 de noviembre de 2023

Dime de qué presumes...

En la pasada convocatoria de la EvAU, el hijo de unos vecinos hizo los exámenes en la Universidad de Alcalá y se trajo para casa unos cuantos folletos de promoción. Unas semanas después me enseñaron uno, del que adjunto fotografía, y me preguntaron por los rankings. Con la buena intención de no tirar piedras contra mi propio tejado, divagué acerca de los listados que ofrecen clasificaciones y su (limitada) utilidad en la tarea de selección de centro, que debe de estar presidida por la prudencia, sin prescindir de las oportunas indagaciones personales, como ya he dicho en otras ocasiones.

Pensaba que había logrado esquivar elegantemente el tema, cuando mi vecina, femeninamente perspicaz, no dejó escapar a la presa y sentenció: "Dime de qué presumes..." (y te diré de qué careces). 

Efectivamente, ¿para qué engañarnos? Ya que los rankings "pata negra" no nos son favorables, nos buscamos otros, los de los "premios del paquete de magdalenas". Pero esta promoción de pacotilla no cuela, la gente no es tan estúpida como algunos de nuestros líderes se cree.

La siguiente captura corresponde al listado 2023 del ranking de Shanghai. En él estamos en el último tramo, de 901 a 1000, y aparecemos en la página 33 de 34, o sea, en la penúltima.

No he oído a ninguno de nuestros ínclitos gestores hablar del tema. Como se puede ver en la imagen, hemos caído un tramo, para situarnos "plácidamente" en el furgón de cola. ¿Ha dimitido alguien? No, ni se espera... "Estrategia", "innovación", "internacionalización", "gestión de la calidad" son los vocablos grandilocuentes que manejan los apalancados en el poder, pero nada de bajar al ruedo y "torear" el toro de la docencia.

Mientras tanto, la decadencia se extiende por la Escuela Politécnica Superior de la Universidad de Alcalá como muestran estas fotografías.

La pizarra lleva un año apeada, sin que se pueda subir ni bajar, dejando inútil la segunda hoja. Hay que borrar y borrar, repetidas veces en cada clase. Según el Director de la Escuela, Bernardo Alarcos Alcázar, son necesarios varios días seguidos para poder arreglarla... Ha pasado el periodo de vacaciones de Navidad 2022, Semana Santa 2023, verano 2023, además de los periodos de exámenes, etc. y no se ha encontrado un hueco libre de suficiente extensión. Ya veremos si se da la necesaria conjunción astral que permita llevar a cabo la reparación antes de la próxima glaciación.

Las goteras son la metáfora de la decadencia académica. ¿Hay algún plan de mantenimiento del edificio? Parece que el mismo plan que hay para sacarnos del pozo académico en el que nos encontramos. Los frecuentes desalojos por alarmas (falsas o no) de las últimas semanas han tenido la virtualidad de poner de manifiesto que la Escuela está vacía. Alguien debería tomar cartas en el asunto. ¡Ya!


NOTA (26 de enero de 2024): ¡Por fin! Ya han arreglado la pizarra. Más de un año para reparar una pizarra... Después de alcanzar este hito en la (¿excelente?) gestión de la Escuela, ¿podremos ponernos manos a la obra con el necesario cambio de los planes de estudios? Es urgente hacer una propuesta atractiva y moderna, con objetivos académicos reconocibles, que supere el actual bodrio consistente en el hacinamiento de asignaturas sin orden ni sentido, producto del corta y pega con el que se confeccionó.


viernes, 27 de octubre de 2023

Proyeccionistas

Poco a poco vamos cambiando profesores por proyeccionistas, es decir, personas que manejan un proyector de cine o, para ser precisos, un reproductor de vídeo. Bonita manera de ejercer el trabajo docente. Descansada, a lo menos. E innovadora, que todo hay que decirlo.

Ayer vino Miguel de la universidad, de tercer curso en la UCM, absolutamente decepcionado: la clase de una profesora había consistido en ponerles una película. Sin comentar nada, sin explicación, tal y como si vas a ver la última de Dwayne Johnson a los multicines del centro comercial. Como bien dice él: "para eso la veo en casa y me ahorro el viaje". En su opinión, esa profesora no tiene nivel y no debería estar en la universidad. Le creo, lo compruebo a diario. Ya lo denunció hace un año Daniel Arias Aranda, y lo ha hecho ahora de nuevo en su magnífico libro, "Querido alumno: te estamos engañando". Pero esto sólo lo pueden remediar los principales afectados, los alumnos, que deberían protestar y reclamar lo que es suyo.

La plaga de proyeccionistas está mucho más extendida en los institutos. Almudena sale a uno o dos vídeos por día lectivo. Al final, es una manera burda de pasar las clases sin dar un palo al agua. Evidentemente, son pocos los padres que protestan y menos aún los estudiantes, pero es que el profesor tiene una responsabilidad social y moral, que nadie tendría que recordarle.

La educación basada en imágenes es un auténtico desastre. Lo he comentado en otras ocasiones, pero ya nos lo dijo en el año 1953 Ray Bradbury en Fahrenhet 451. En esta novela, en la que se nos muestra un mundo distópico, los libros están prohibidos y los bomberos se encargan de quemarlos. La educación de los niños se realiza a base de películas y programas de televisión.

A continuación, copio algunos párrafos que me parecen muy elocuentes. No perdamos de vista que están escritos hace 70 años... ¿aprenderemos antes de que el mundo descrito en la ficción se haga realidad?

Sobre la falta de exigencia y la enseñanza orientada a producir ciudadanos que no piensan:

"Una hora de clase por televisión, una hora de baloncesto o de béisbol o de carreras, otra hora de documentación sobre historia o pintura, y más deportes, pero ¿sabe?, nunca hacemos preguntas, o por lo menos la mayoría no las hace; sólo te dan respuestas, pum, pum, pum, y nosotros sentados ante el televisor durante cuatro horas más recibiendo clases grabadas."

“–Se acorta la escolarización, se relaja la disciplina, se abandona la Filosofía, la Historia, poco a poco la Gramática y la Ortografía se descuidan y finalmente se ignoran casi por completo. La vida es inmediata, el trabajo es lo único que cuenta, y el placer lo ocupa todo después del trabajo. ¿Para qué aprender algo que no sea apretar botones, mover interruptores, ajustar tuercas y pernos.”

“Organiza concursos que se puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares o los nombres de las capitales de los estados o cuánto maíz produjo lowa el año pasado. Llénalos de datos incombustibles, abrúmalos con información hasta que se sientan atiborrados pero «inteligentes». Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía. Cualquier hombre que pueda desmontar un panel de televisión y volver a armarlo luego, y, en la actualidad, la mayoría de los hombres pueden hacerlo, es más feliz que cualquier otro que trate de medir, calibrar y sopesar el Universo, que no se dejará cuantificar ni medir sin hacer que nos sintamos primitivos y solos.”

Sobre la metodología basada en imágenes, que nos ofrece las ideas ya "pensadas", listas para incorporarlas a nuestro ser sin discusión:

“El televisor es «real». Es inmediato, está ahí y tiene dimensión. Te dice lo que debes pensar y te lo dice a gritos. Debe de tener razón. Parece tenerla. Te hostiga de forma tan apremiante para que aceptes tus propias conclusiones que tu mente no tiene tiempo para protestar, para gritar: «¡Qué tontería!»".

“Pero ¿quién consigue soltarse de la garra que lo sujeta una vez se ha instalado en un salón con televisor? ¡Lo moldea a uno a su antojo! Es un medio ambiente tan auténtico como el mundo. Se convierte en la verdad y es la verdad. Los libros pueden ser combatidos con argumentos.”



lunes, 2 de octubre de 2023

Reduflación educativa

En estos tiempos de desbocada inflación, los telediarios nos han familiarizado con un nuevo término: la reduflación. No es más que vender menos cantidad al mismo precio, y no hay nada que objetar siempre que el etiquetado sea correcto. Otro tema es que el consumidor no se pare a examinar el importe por unidad (kilo, litro, etc.) antes de echar el producto al carro de la compra, pero de todo se aprende, espero.

La pillería viene cuando el envase es el mismo que tenía la mercancía cuando contenía más cantidad. Ahí sí veo fraude, por muy bien etiquetado que esté el artículo. No pondré ejemplos, pero creo que todos tenemos en la cabeza algún caso flagrante.

Pues bien, en educación hace mucho que estamos sufriendo la reduflación educativa, con el agravante de mantener el tamaño del "envase". Los padres en particular y la sociedad en general pensamos que nuestros jóvenes están recibiendo la formación debida en extensión y profundidad, pero nos están timando a lo grande. El año académico dura más o menos lo mismo de siempre y cada día ofrece aproximadamente las mismas horas lectivas que antaño, pero, ¿qué hay dentro de ese "envase"?

Pensemos en el curso que acaba de comenzar. ¿Cuántos días se pierden al principio de curso en presentaciones, a mitad de trimestre en celebraciones, al llegar las navidades en festivales, etc.? ¿Cuántos días falta tal o cual profesor y viene el de guardia? De cada hora de clase, ¿cuántos minutos se dedican a transmitir conocimientos? De los temas del libro, ¿cuántos se imparten?

Tiene mi hija un profesor que da clase con cuentagotas, pero como es muy enrollado suele animar a los chicos a que le cuenten algo y se monta tertulias súper chulas. Todos sabemos que se define feminista, ecologista y anticapitalista lo cual me parece muy respetable, pero de su asignatura sabemos bastante menos. Otra profesora dedica un importante porcentaje del tiempo lectivo a poner vídeos de YouTube, lo que me trae a la memoria Fahrenheit 451 donde Ray Bradbury auguró una educación sin profesores gracias a la televisión. (Por cierto, creo que esa profesora no ha leído esta novela porque sino velaría más por su propio futuro laboral.)

En la universidad no estamos mejor. Empezamos con el consabido "prima non datur, et ultima dispensatur", para seguir con clases de 2 horas que se convierten en clases de 75 minutos, optativas que se resuelven con un trabajo presentado a final de curso, laboratorios semanales que trocan en quincenales y exámenes realizados en horario lectivo. Al final, las 30 horas de teoría se quedan en 20 con mucha suerte.

Parece ser que algunas universidades están implantando sistemas electrónicos de control de presencia en las aulas para registrar automáticamente si los profesores bajan a clase o no. Esto me lo ha contado una mente maliciosa que sospecha que se están traspasando demasiados límites, pero yo no creo que sea por eso, sino por dar un mejor servicio.

Reduflación educativa