lunes, 27 de julio de 2026

Del campeonato mundial a la emergencia nacional

No han hecho falta ni 15 días para pasar de la gloria a la calamidad, de la euforia a la postración. Es lo que hay. Es lo que tiene la realidad.

El día 19 de julio Ferran nos hizo felices con su gol en el 106. Luego dijo eso de que lo habíamos marcado los 47 millones de españoles... y nos lo creímos. "España alcanza la eternidad" titulaba el ABC. Luego, las celebraciones. Dos millones de almas, banderas por doquier. Alusiones a la unidad, a la importancia de trabajar por el bien común: "un vestuario donde nadie se siente suplente, donde las estrellas trabajan como el último de la plantilla". Los políticos, sembradores de cizaña, agitadores del oprobio, callados. Saben que contra un mundial de fútbol poco pueden hacer. Hasta Gabriel Rufián se sentía feliz.

En el colmo del paroxismo, algunos vislumbraron el resurgir de la católica España porque Ferran aseguró que Dios le había hecho justicia, Luis de la Fuente que da gracias a Dios a diario y vimos a Lamine Yamal de rodillas en el césped. La siguiente imagen, que el 19 iba de móvil en móvil, me parece muy ilustrativa.

La cruz como telón de fondo del éxito. ¡Qué idea tan nociva! Y tan falsa. Los obispos se lo deberían hacer mirar cuando echan las campanas al vuelo (nunca mejor dicho) al ver gente joven en los actos del papa León XIV o llenando conciertos de Hakuna. ¿No les chirría que sea René Ponte el referente espiritual de nuestros días, mientras los curillas de parroquia mimetizan el mensaje del Evangelio con la Agenda 2030 a ver si pescan algún despistado?

Pero me he desviado. Perdón. Como decía, estábamos a un paso de volver a ser imperio, cuando los incendios de sexta generación nos han dado un tortazo de realidad y hemos vuelto a las andadas. Los políticos han tornado a lo que saben hacer, esto es, pelearse y dividirnos, en vez de gestionar.

Ahora toca apagar los fuegos, claro, pero lo malo es que el verano que viene volverán a arder los montes por la sencilla razón de que están llenos de combustible. Y esto lo llevo viendo desde hace años cada vez que hago alguna ruta, sea por donde sea. Los montes no se usan y no se desbrozan, y año tras año acumulan más y más combustible.

El responsable es el Gobierno de la Nación, que es quien tiene que gestionar lo de todos, y me parece cobarde e insensato apelar, verano tras verano, a un Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática, ese intangible tan manido como estéril. Que el clima cambia es consustancial a su naturaleza y, asumiendo que ya ha cambiado, algo habrá que hacer, con acuerdo o sin acuerdo.

Lo malo es que nuestros políticos, sean del color que sean, se encuentran más cómodos socorriendo que gestionando lo de todos. Prefieren conceder paguitas, a que seamos independientes económicamente. Les pone la rueda de prensa en el "centro de mando avanzado", pero les aburren las gestiones para que se limpie el monte.  Disfrutan inaugurando una estación de AVE, pero no tienen fuerzas para licitar la revisión de las vías.

¿Y qué me decís de las emisiones de CO2? ¿Cuántas toneladas se han liberado en unos días por no tener el monte limpio?

Pues nada, que siga la fiesta...


miércoles, 15 de julio de 2026

El bien común y la dirección académica

El panorama político actual o, por ser más concreto, la vergonzosa colección de escándalos que nos asolan, me llevaba, no sé por qué itinerario mental, al famoso concepto del bien común, que es el fin último de los que nos gobiernan... se supone.

En el cole me enseñaron que la acción política debe guiarse por la búsqueda de ese bien común, aunque, a pesar de su calificativo, no coincide siempre con el de la mayoría, ni siquiera con el de muchos. Así, es la búsqueda del bien común el motivo por el que una decena de vecinos de una aldea gallega tiene derecho a una buena conexión de telefonía móvil, por más que sean pocos o vivan en un lugar de difícil acceso.

Del ejemplo anterior, con el que todos estaremos de acuerdo, deducimos que el bien común no tiene que ver con intereses particulares, sino con algo superior e intangible que podríamos denominar dignidad humana. Y es en este punto donde las cosas de ponen difíciles: ¿qué es la dignidad humana? ¿hasta dónde llega? ¿qué le conviene a la dignidad humana? ¿es igual de digno un colaborador de la red de recuperación de alimentos que un terrorista?

No pretendo elaborar un tratado sobre el tema, pues ni soy competente en la materia ni es el lugar, pero sí creo poder afirmar que la suma de intereses particulares no contribuye a lograr un mundo mejor, sino todo lo contrario. O dicho en positivo, salir de los propios intereses para comprometerse con un bien superior, anclado en la dignidad de cada ser humano, es lo que mejora el mundo.

Como decía, no es nada fácil dilucidar cómo ha de llevarse a cabo la gestión pública del Estado, pues abarca todos los aspectos de la vida social. Ahora bien, el problema se simplifica bastante si nos centramos en alguna de sus partes. Veamos el caso de la universidad.

Por definición, la universidad es el espacio de educación superior cuyo fin es la búsqueda de la verdad y su transmisión. Como la verdad es muy amplia, se parcela en áreas de conocimiento de las que se encargan claustros de profesores adscritos a ellas. Se supone que estos profesores estudian, enseñan e investigan en común y que, fruto de su esfuerzo, se va descubriendo la verdad y se transmite a los alumnos. ¡Nada más lejos de la realidad!

Hace unos días, el profesor X se lamentaba de que en nuestra área de conocimiento no hay dirección académica, es decir, un conjunto de instrucciones acerca de los contenidos que les convienen a cada titulación, curso y asignatura, con el fin de presentar el corpus científico de una manera ordenada. Evidentemente, existen multitud de modos razonables y legítimos de desarrollar un saber, pero es bueno proponer una directrices con el objetivo de cubrir los temarios lo más completamente posible, hacerlos inteligibles y darle una cierta uniformidad y orientación a la docencia correspondiente.

La dirección académica no conculca el derecho a la libertad de cátedra, sino que tiene su fundamento en el bien común, ese que decíamos que rechaza el provecho particular y se compromete con la promoción de todos. Y en ese "todos" están los profesores y los alumnos, de ahí el nombre de "universidad", del latín "universitas", esto es "totalidad".

Sin dirección académica cada profesor explica lo que le viene en gana, se repiten contenidos, se eluden los más áridos y se desconectan las asignaturas. La triste realidad de nuestra universidad es que la mueven intereses particulares: los profesores sólo quieren publicar artículos impartiendo el menor número de clases posible, los alumnos sólo quieren aprobar y los gestores quieren vivir tranquilos en sus despachos gozando de sus prebendas.

Vivimos en una esquizofrenia galopante. El profesor X rechazó hace un año una proposición de dirección académica, sin argumentación convincente. El profesor X se dedica a investigar en un área de conocimiento que no es la suya. El profesor X no imparte clase de su área de conocimiento y afirma sin rubor que tiene otras cosas que hacer que dar clase... ¿Alguien me lo puede explicar?

El profesor X se suele amparar para justificar sus desatinos en razones prácticas: que si hay que comer, que si tengo miedo a los que mandan, que nunca las cosas han sido perfectas, que ya llegarán días mejores, que los alumnos vienen mal preparados, que para lo que me queda o para lo que me pagan... Pero ya sabemos que ni el utilitarismo de Hume ni el conformismo con el mal menor, traen el verdadero progreso, sino la búsqueda del bien común.

La corrupción no se propaga por culpa de los corruptos, sino por la connivencia de los buenecillos, que procuran su mezquino beneficio particular pescando en el río revuelto.


Erre que erre, denunciando que el rey va desnudo.



martes, 23 de junio de 2026

Oda a la impostura

El pasado 18 de junio el Consejo de Gobierno de la Universidad de Alcalá aprobó la concesión de la Medalla Honorífica de Oro a José Vicente Saz Pérez, rector saliente. No han perdido el tiempo, la verdad. En estas cosas se nota el verdadero "impulso" de Carmelo García Pérez, rector entrante: favorecer el clientelismo y arropar a la cuchipandi. No sé con qué méritos justificarán oficialmente la distinción, pero yo no los encuentro, por mucho que me esfuerce.

El mandato de Saz se ha caracterizado por una decidida apuesta por la comunicación, intentando crear una imagen de excelencia que saltaba en mil pedazos cada vez que el rector leía un discurso. Primero se extendió el malintencionado bulo de que no sabía leer y, finalmente, hemos sabido que tenía una persona a sueldo que le escribía los textos: "Gracias por poner contenido a mis palabras" reconocía en nota publicada abiertamente en el ciberespacio.

La nota revela por sí misma la altura intelectual del exrector. No es que el "amanuense" puliera el estilo a las ideas del dirigente universitario, sino que le ponía las ideas, porque el pobre no da para eso. Es triste comprobar que hoy puede dirigir una universidad pública cualquiera. Basta con exhibir un muñeco, por muy incapaz de alumbrar conceptos propios que sea, que ya le pondremos un decorado bonito.

Ahora bien, el decorado sale caro. "El coste global del personal eventual (incluyendo costes sociales), durante el año 2025, fue de 547.831,04 €", leemos en la Portal de Transparencia (a ver cuánto dura el enlace). "El personal eventual de la Universidad de Alcalá presta sus servicios en la Secretaría y Gabinete del Rector" reza el texto de la página web. Es decir, se dedica más de medio millón de euros al año a comunicación, prensa, protocolo, confección de discursos, etc.

Este ha sido el objetivo de Saz (y de la logia que lo puso de rector): crear un bonito decorado a golpe de talonario de dinero público, pero sin el más mínimo sentido, olvidando por completo los fines de la institución universitaria... aunque, llegados a este punto, no es descabellado pensar que no es olvido, sino absoluto desconocimiento.

Cuando se gasta en atrezo, se degrada la institución. Veamos un ejemplo en el que la memez se diluye en inglés: "study hard, play harder". La fotografía siguiente ilustra la concreción de la ocurrencia en el edificio de la EPS. Sin comentarios. 


Otra actividad puntera en la EPS: un campamento para niños de entre 6 y 16 años, eso sí, muy tecnológico.


O el curso de magia en la universidad de verano... 

Mientras, los equipos de climatización de la EPS no funcionan, igual que pasó el año 2025, dando temperaturas en despachos y dependencias muy por encima de lo que la normativa establece. Me gustaría saber qué opina la vicerrectora de vida saludable, pero tengo claro que facilitar el adecuado ambiente de trabajo y alinear la acción de gobierno con los fines de la institución no es lo importante para nuestros gestores. Para la tropa que ha tomado la universidad pública lo crucial es la comunicación, el decorado, la impostura. la apariencia... vivir parasitando al huésped hasta que no dé más de sí.

Ahí están los rankings para comprobar el éxito en la gestión. O no *. Antes, sólo eran noticia cuando se escalaba algún puesto, pero ya ni eso, que se nota mucho el desastre.

Yo a Saz no le habría dado la medalla de oro, sino el premio Glovo, que me parece verdaderamente representativo de su mandato.

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* Recomiendo vivamente la lectura del artículo "La enmierdificación de la universidad" de Daniel Arias Aranda.


jueves, 4 de junio de 2026

Y, a pesar de todo, recomiendo un libro

¡Cómo está el patio político! No me sorprenden las miserias de unos y otros, pero sí la ausencia de consecuencias. Nos hemos acostumbrado a todo, y esto me parece más grave que la profunda deshonestidad que —presuntamente— inunda la vida pública. Recordemos aquella máxima de que "la mujer del César no solo debe ser honrada, sino también parecerlo".

En España, el hecho de dimitir se ve como una deshonra, cuando debería percibirse como todo lo contrario. Recordemos el buen ejemplo del primer ministro portugués, António Luís Santos da Costa, que dimitió en 2023 tras un error de la Fiscalía lusa que le implicaba en una investigación por corrupción. Aunque todo se aclaró, él dejó su cargo inmediatamente.

En mi opinión, aferrarse al poder es un rasgo profundamente antidemocrático, se dé en las circunstancias en las que se dé. Siempre es bueno que "corra el aire" y se vean caras nuevas y, sobre todo, ideas nuevas. En este sentido, ya vimos en la entrada precedente por donde va el impulso de Carmelo en la UAH.

En fin, a pesar de todo, no voy a cambiar el tema previsto para mi entrada ya que quiero recomendar "Laberinto educativo y aprendizaje fake" de Ramón Espejo Romero publicado por Brief Editorial y cuya imagen de portada podéis ver a continuación.

Cuando me lo recomendaron en el departamento, y me explicaron que se trataba de un conjunto de entrevistas, me asaltó la impresión de que sería la típica "sopa de opiniones", tan de moda hoy en día, que pretende encontrar la verdad a partir de la estadística: esa "verdad sociológica" que poco tiene que ver —habitualmente— con la VERDAD. No obstante, una vez leído, tengo que rendirme ante el descomunal trabajo de Ramón, que ha hablado con decenas de actores del sistema educativo, viajando de acá para allá durante más de un año.

El texto no transcribe las conversaciones, sino que las glosa, enlazando los comentarios de unos entrevistados con otros cuando el autor lo cree necesario. Los testimonios se organizan en capítulos según categorías que permiten agrupar a los interlocutores por edad, función, etc. En mi edición echo en falta un índice onomástico, que muy posiblemente se haya añadido en posteriores reimpresiones.

En general, las opiniones se alinean con el diagnóstico de que la educación en España es un desastre —magníficamente sintetizado en el prólogo de Javier Orrico— al que se ha llegado por motivos ideológicos. Las recetas para revertir la situación son más amplias, aunque casi todo el mundo está de acuerdo en favorecer la transmisión del conocimiento por encima de las “competencias” y en que la innovación está bien, pero no es la solución: el profesor ha de ser libre para utilizar los métodos que crea conveniente.

A veces, se da la murga con el progresismo y el supuesto (véase la actualidad) deber moral de la izquierda en el cuidado de lo público. No creo que la defensa de la educación sea patrimonio ideológico de ninguna opción política y haríamos bien en sacar las (sucias) manos de la política de las cosas importantes. Por otra parte, en mi opinión, el abanico político actual es bien estrechito, ya que la obsesión por halagar al electorado ha terminado por decolorar las propuestas y reducir las opciones a una testimonial carta de grises, esto es, una colección de vacuidades miméticas, ayunas de fondo filosófico, aunque sobradas de eslóganes.

Algunos de los entrevistados sitúan el origen del desastre en las corrientes educativas de los años 60, que en España cristalizaron en la ley de educación Villar Palasí de 1970 (José Sánchez Tortosa en pág. 93), e incluso en la traición de la Iglesia Católica (Rafael Rodríguez Tapia en pág. 60 e Inger Enkvist en pág. 64), lo cual suscribo, como ya he denunciado aquí alguna vez.

En educación se abusa de la palabra calidad, pero muchas veces se confunde con burocracia (Alfonso Castro en pág. 103), cuando debería medirse por objetivos alcanzados (Elena Ortiz en pág. 183). La verdadera calidad es ofrecer al alumno lo que necesita y no lo que quiere (José Luis Arroyo en pág. 183) y eso se consigue cuando el profesor domina la materia (Eduard Aibar en pág. 69).

El "laberinto educativo" trata la enseñanza superior de refilón, pero es elocuente la denuncia de que no se valora a los profesores universitarios por lo que enseñan, sino por el porcentaje de aprobados (Salvador Seguí Cosme y Amador Iranzo en pág. 159, y José Luis Arroyo en pág. 183), lo cual conduce a la extinción de algunos grados, muy en contra de lo que se pretendía. Una característica del medio universitario es que se critica en los pasillos, con los compañeros, en la cafetería, pero nunca en público. ¿Por qué será? ¡Ya es hora de clamar que el rey va desnudo!


miércoles, 13 de mayo de 2026

El impulso de Carmelo

Estoy de vuelta. Siento no haber atendido el blog como se merecen sus asiduos, pero he estado enfrascado en finalizar un pequeño proyecto que me ha llevado más tiempo y esfuerzo del proyectado inicialmente. Es lo que suele pasar con estas cosas: siempre que estudias algo, van apareciendo cuestiones que reclaman atención, y estas invocan a otras y se lía la madeja, que luego hay que desenredar posponiendo temas interesantes para otro momento.

En resumidas cuentas, que sigo en la brecha, en este rinconcito de libertad que me brinda Google —por ahora— y, como no hay bien que por mal no venga, mi ausencia nos puede servir para poner en perspectiva los acontecimientos. Y no me refiero a las majaderías de Trump, que nos hace la puñeta a todos, ni siquiera a la rueda de prensa de Florentino, un magnífico presidente del Real Madrid que ayer se equivocó y pasará a la historia por haber conseguido que ABC le dedique hoy una atronadora somanta de palos, certificando la conveniencia de que hablen de uno, aunque sea mal.

Tampoco hablaré del denodado combate contra los virus embarcados, las dispares cuarentenas y otras distracciones mediáticas. Me quiero centrar —reconozco que estoy un poco disperso, perdón— en que la universidad no tiene remedio

Como contaba en la entrada precedente, en la Universidad de Alcalá hemos cambiado de Magnífico, para que no cambie nada. El "impulso" que Carmelo García proponía como eslogan de campaña no era más que un empujón al precipicio: más cargos, más impostura, más propaganda, más clientelismo, más de lo mismo... y menos transparencia, menos docencia, menos estudio, menos servicio a la sociedad.

La siguiente ilustración demuestra lo que afirmo: cinco de los miembros del equipo saliente forman parte del (ampliado) entrante, rememorando la manida advertencia de "edición revisada y aumentada" que proclamaban los viejos manuales.


Para más inri, un tercio de los vicerrectores provienen de la Escuela Politécnica Superior de la UAH, acaparando un poder que no corresponde a la distribución de alumnos. Pero ahí es poco: no sólo se mantienen intactos los carguitos y sinecuras que había antes, sino que se han desdoblado algunos de ellos para poder colocar y recolocar a discreción.

En lo que sí se notan cambios es en la creciente opacidad. Esa perspectiva a la que aludía más arriba, me induce a presumir cierta voluntad de esconder todo este tinglado. Desaparecieron las webs de los vicerrectorados y después de dos meses siguen sin estar operativas. No es que ofrecieran mucha información, pero ahora nos hemos ido a negro

Más de un centenar de cargos académicos, decenas de jefes administrativos, un número indeterminado (¿50, 100?) de docentes metidos a cargos de gestión (a dedo), personal eventual de alta dirección (a dedo) por valor de medio millón de euros... ¿Dónde está la infrafinanciación?

Otra de las cosas que me resultan más llamativas son las "carteras" vicerrectorales. Parecen un remedo del Consejo de Ministros del Gobierno de la Nación con títulos tan rimbombantes como "transformación digital", "estrategia y calidad", "relaciones institucionales", "responsabilidad social", "vida saludable"... Hemos de estar agradecidos a que Carmelo haya pensado en nuestra salud y alabar que haya tenido la perspicacia de delegar la estrategia de la institución en uno de sus colaboradores, pues, en caso contrario, él mismo estaría perdido. Con todo, el título que me parece más acertado es el de "formación del profesorado", a ver si, de una vez por todas, conseguimos que algunos profesores se aprendan la lección...

Si preguntáramos, seguro que habría consenso en considerar una medida higiénica la renovación en los cargos de gestión académica. No creo que los tocados por la varita de la logia sean indispensables. Por otra parte, si la logia nos ha llevado al borde del precipicio, ¿no sería prudente cambiar el rumbo?


jueves, 19 de marzo de 2026

La victoria del clientelismo

El pasado 3 de marzo se celebraron elecciones a rector en la Universidad de Alcalá y, tristemente, venció el clientelismo, esa práctica, según la RAE, basada en la obtención y mantenimiento del poder asegurándose fidelidades a cambio de favores y servicios.

Ya expliqué en mi última entrada cual es la situación: decenas (cientos, según algunos) de docentes que ostentan cargos retribuidos y liberados de docencia. Sinecuras sabrosas en las que se juega a gestionar sin asumir responsabilidades, pasatiempo remunerado exento de evaluación previa, y ejercicio vacuo de poder, que da puntos para promociones posteriores y sirve para fardar. ¡Un chollo!

El candidato electo es lo de menos, ya que se presenta el que decide la logia que gobierna en la sombra, pero en esta ocasión el bendecido ha sido Carmelo García Pérez. El flamante Magnífico Rector lleva 31 años ostentando cargos de la universidad que ahora dirigirá durante otros 6 más, tal y como establece la Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU). Para cuando finalice su mandato, habrá estado casi 40 años gobernando la institución. No parece que sea muy higiénico, pero demuestra que el objetivo es que no cambie nada, esto es, garantizar que la logia siga parasitando la universidad pública.

No obstante, la campaña ha sido una de las más animadas —si no la que más— en toda la reciente historia de la universidad. Además del bendecido Carmelo, se presentaron José Antonio PortillaMaría Sarabia y María Jesús Such, contribuyendo a alentar una minúscula esperanza de cambio. Tengo que admitir que Portilla se lo ha trabajado, ha demostrado un gran dominio de los medios online y, lo más importante, ha conseguido hacer algunas propuestas serias. También tengo que reconocer su valor al denunciar la locura de los carguitos, hablar de su coste económico y comprometerse a erradicar esta práctica, sabiendo que eso iba a representar una rémora en su carrera el rectorado.

Con todo, el día de las votaciones, los dueños del cortijo contuvieron la respiración, pues parecía que Portilla podría llegar a la segunda vuelta. Las mesas estaban atestadas de "vigilantes", pendientes de que nada se les fuera de las manos, evidenciando un ínfimo talante democrático. Fíjese, amable lector, si les va la vida en el tema, que hasta algún jubilado del cortijo vino a controlar. Me han contado que en algunas mesas debieron de tocar a rebato, pues determinados colectivos vinieron a ejercer su derecho en bloque.

La propia institución contuvo la respiración durante semanas, expectante. Se notaba en la (poca) actividad diaria, en los (escasos) correos electrónicos, las insulsas noticias (como siempre)... Sin embargo, la vida ha regresado a la rutina previa, sabedores todos de que todo sigue igual. Quizá haya algún cambio de despacho, pero poco más. El impulso con el que Carmelo García ha vendido su candidatura, se ha desvanecido. Sólo era un empujón para no cambiar nada... o casi nada, que ya hay quien aboga por subir los complementos retributivos de los carguitos.

Ahora bien, a nadie se le escapa como termina la parasitación: con la muerte del huésped... y del parásito. Por eso, desde esta tribuna me atrevo a pedir a Portilla que no se deje vencer por el lógico desánimo y lidere la oposición durante estos 6 años.

Hemos cambiado de magnífico y deseamos lo mejor para el saliente, José Vicente Saz. Un mandato basado en el postureo, la imagen y la comunicación, pero sin sustancia alguna, como el propio personaje. Un mandato que será recordado por el premio Glovo —con el que se regaló un viaje by the face— , una ocurrencia estéril, materializada en un cachivache al que le debe de tener un gran afecto, pues en un vídeo reciente se le ve con una copia. Por mí, que se lo lleve de recuerdo.



sábado, 28 de febrero de 2026

Vivir de lo público

En los últimos tiempos se ha agitado el debate maniqueo que pretende enfrentar la iniciativa pública con la privada y viceversa. El lector ya se habrá percatado de las aviesas intenciones que se esconden tras este movimiento. Argumentar que lo privado persigue ganar dinero es tan bobo que no se sostiene. ¡Claro! Si un privado pierde dinero, cierra. Lo mismo pasa en lo público: si no pagas lo razonable, te quedan sin servicio. Eso es lo que está pasando en España con la milicia, sin ir más lejos. Los experimentos comunistas ya sabemos como terminaron e insistir en ellos manifiesta una ignorancia maliciosa. Hay serias razones antropológicas para prever que la gestión estatal de los medios de producción termina siempre como el rosario de la aurora.

Al fin y al cabo, sea una u otra la iniciativa, lo que hay son personas, que hacen bien su trabajo o que lo hacen mal. ¿Hay abusos en el sector privado? Evidentemente. ¿Los hay en el público? Está claro que sí. Lo que tiene un tufillo demagógico es que el gobierno de turno acuse al sector privado de defraudar, a la vez que se inhibe en su deber de vigilar. Y cuando digo vigilar, me refiero a velar por la calidad exigible tanto a los privados como a los públicos. ¡AMBOS!

El pasado mes de noviembre publicaba el diario online El Debate una noticia titulada "El rector que preside las universidades de Madrid dispara el número de cargos a dedo: «Hay un cortijo que vive de lo público»". En la información aparecía, entre otras cosas, la siguiente imagen con una relación de cargos no estatutarios ("no orgánicos" se dice en el periódico) que pertenecen al estamento docente (catedráticos, titulares, etc.), pero realizan tareas de gestión y cobrar jugosos complementos por ello.


A mi entender faltan carguitos, pues conozco algunos que no están en la relación, pero hay quien ha estudiado el tema en detalle y afirma que el listado completo sería del doble de los que vemos aquí. Sea como fuere, esto es vivir de lo público en vez de servir a la sociedad. La iniciativa privada no permitiría este saqueo, pero como el dinero público "no es de nadie" o es "pólvora del rey", pues a la saca.

¿Qué razones hay para que un profesor deje de dar clase y se dedique a la gestión? ¿Es que no hay personal de administración? Falso. En la Universidad de Alcalá hay un empleado dedicado a la gestión por cada dos docentes aproximadamente, es decir, una barbaridad. ¿Es que los gestores no saben hacer su trabajo? Mentira. Son buenos en lo suyo, pero han de soportar ser postergados por un docente, que suele dedicarse a enredar y a pontificar de lo que no controla.

La pregunta nos asalta inmediatamente: ¿por qué alguien, que ha sacado una oposición para dedicarse a la docencia, la abandona por la gestión? La respuesta es sencilla: porque ejerce la nueva tarea sin rendir cuentas, como un aficionado, cobra un buen pellizco y ejerce mando en plaza, que ya se sabe que a los boomers esto de mandar nos vuelve locos (minuto 22 y ss). Negocio redondo. Para colmo, estos desertores de la tiza se declaran profesores vocacionales.

Todo esto es un fraude de proporciones catedralicias. Además de no dar clase y cobrar por enredar, hay que sustituirles. También la sustitución está pensada. No se deja nada al azar. El sustituto será un profesor precarizado, cuya carrera dependerá de hacerles los articulitos a estos caraduras, que luego irán diciendo que investigan. Artículos que publicarán en revistas chinas de pago, que será sufragado con dinerito público, aunque beneficie a particulares.

Animo al lector a que eche un vistazo al listado. Busque al director y las dos subdirectoras de la Escuela de Doctorado, catedrático, titular y ayudante doctor, para que haya de todo un poco. Al director y subdirector de calidad. Al director de la oficina de gestión de infraestructuras, que no es arquitecto, sino catedrático de electrónica. Al director de transferencia, del que doy fe de que no para de hablar por teléfono. Al director para las artes y la cultura, que se deja la vida presentando actos... Es de traca.

Se rasgan las vestiduras por la "infrafinanciación", por ejemplo la Universidad Complutense de Madrid, pero no cuentan que tienen la mitad de alumnos que hace 40 años, con la misma cantidad de profesores y con más edificios. O la Universidad Rey Juan Carlos, que tiene un déficit de 76 millones. Algo falla en su gestión y han de rendir cuentas. El dinero público se ha de gastar con mucho respeto, porque sale del trabajo y de los impuestos de mucha gente, que no puede orillar su tarea para apuntarse a una sinecura con complemento retributivo.