El pasado 18 de junio el Consejo de Gobierno de la Universidad de Alcalá aprobó la concesión de la Medalla Honorífica de Oro a José Vicente Saz Pérez, rector saliente. No han perdido el tiempo, la verdad. En estas cosas se nota el verdadero "impulso" de Carmelo García Pérez, rector entrante: favorecer el clientelismo y arropar a la cuchipandi. No sé con qué méritos justificarán oficialmente la distinción, pero yo no los encuentro, por mucho que me esfuerce.
El mandato de Saz se ha caracterizado por una decidida apuesta por la comunicación, intentando crear una imagen de excelencia que saltaba en mil pedazos cada vez que el rector leía un discurso. Primero se extendió el malintencionado bulo de que no sabía leer y, finalmente, hemos sabido que tenía una persona a sueldo que le escribía los textos: "Gracias por poner contenido a mis palabras" reconocía en nota publicada abiertamente en el ciberespacio.
La nota revela por sí misma la altura intelectual del exrector. No es que el "amanuense" puliera el estilo a las ideas del dirigente universitario, sino que le ponía las ideas, porque el pobre no da para eso. Es triste comprobar que hoy puede dirigir una universidad pública cualquiera. Basta con exhibir un muñeco, por muy incapaz de alumbrar conceptos propios que sea, que ya le pondremos un decorado bonito.
Ahora bien, el decorado sale caro. "El coste global del personal eventual (incluyendo costes sociales), durante el año 2025, fue de 547.831,04 €", leemos en la Portal de Transparencia (a ver cuánto dura el enlace). "El personal eventual de la Universidad de Alcalá presta sus servicios en la Secretaría y Gabinete del Rector" reza el texto de la página web. Es decir, se dedica más de medio millón de euros al año a comunicación, prensa, protocolo, confección de discursos, etc.
Este ha sido el objetivo de Saz (y de la logia que lo puso de rector): crear un bonito decorado a golpe de talonario de dinero público, pero sin el más mínimo sentido, olvidando por completo los fines de la institución universitaria... aunque, llegados a este punto, no es descabellado pensar que no es olvido, sino absoluto desconocimiento.
Cuando se gasta en atrezo, se degrada la institución. Veamos un ejemplo en el que la memez se diluye en inglés: "study hard, play harder". La fotografía siguiente ilustra la concreción de la ocurrencia en el edificio de la EPS. Sin comentarios.
Otra actividad puntera en la EPS: un campamento para niños de entre 6 y 16 años, eso sí, muy tecnológico.
O el curso de magia en la universidad de verano...
Mientras, los equipos de climatización de la EPS no funcionan, igual que pasó el año 2025, dando temperaturas en despachos y dependencias muy por encima de lo que la normativa establece. Me gustaría saber qué opina la vicerrectora de vida saludable, pero tengo claro que facilitar el adecuado ambiente de trabajo y alinear la acción de gobierno con los fines de la institución no es lo importante para nuestros gestores. Para la tropa que ha tomado la universidad pública lo crucial es la comunicación, el decorado, la impostura. la apariencia... vivir parasitando al huésped hasta que no dé más de sí.
Ahí están los rankings para comprobar el éxito en la gestión. O no *. Antes, sólo eran noticia cuando se escalaba algún puesto, pero ya ni eso, que se nota mucho el desastre.
Yo a Saz no le habría dado la medalla de oro, sino el premio Glovo, que me parece verdaderamente representativo de su mandato.
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* Recomiendo vivamente la lectura del artículo "La enmierdificación de la universidad" de Daniel Arias Aranda.







