miércoles, 13 de mayo de 2026

El impulso de Carmelo

Estoy de vuelta. Siento no haber atendido el blog como se merecen sus asiduos, pero he estado enfrascado en finalizar un pequeño proyecto que me ha llevado más tiempo y esfuerzo del proyectado inicialmente. Es lo que suele pasar con estas cosas: siempre que estudias algo, van apareciendo cuestiones que reclaman atención, y estas invocan a otras y se lía la madeja, que luego hay que desenredar posponiendo temas interesantes para otro momento.

En resumidas cuentas, que sigo en la brecha, en este rinconcito de libertad que me brinda Google —por ahora— y, como no hay bien que por mal no venga, mi ausencia nos puede servir para poner en perspectiva los acontecimientos. Y no me refiero a las majaderías de Trump, que nos hace la puñeta a todos, ni siquiera a la rueda de prensa de Florentino, un magnífico presidente del Real Madrid que ayer se equivocó y pasará a la historia por haber conseguido que ABC le dedique hoy una atronadora somanta de palos, certificando la conveniencia de que hablen de uno, aunque sea mal.

Tampoco hablaré del denodado combate contra los virus embarcados, las dispares cuarentenas y otras distracciones mediáticas. Me quiero centrar —reconozco que estoy un poco disperso, perdón— en que la universidad no tiene remedio

Como contaba en la entrada precedente, en la Universidad de Alcalá hemos cambiado de Magnífico, para que no cambie nada. El "impulso" que Carmelo García proponía como eslogan de campaña no era más que un empujón al precipicio: más cargos, más impostura, más propaganda, más clientelismo, más de lo mismo... y menos transparencia, menos docencia, menos estudio, menos servicio a la sociedad.

La siguiente ilustración demuestra lo que afirmo: cinco de los miembros del equipo saliente forman parte del (ampliado) entrante, rememorando la manida advertencia de "edición revisada y aumentada" que proclamaban los viejos manuales.


Para más inri, un tercio de los vicerrectores provienen de la Escuela Politécnica Superior de la UAH, acaparando un poder que no corresponde a la distribución de alumnos. Pero ahí es poco: no sólo se mantienen intactos los carguitos y sinecuras que había antes, sino que se han desdoblado algunos de ellos para poder colocar y recolocar a discreción.

En lo que sí se notan cambios es en la creciente opacidad. Esa perspectiva a la que aludía más arriba, me induce a presumir cierta voluntad de esconder todo este tinglado. Desaparecieron las webs de los vicerrectorados y después de dos meses siguen sin estar operativas. No es que ofrecieran mucha información, pero ahora nos hemos ido a negro

Más de un centenar de cargos académicos, decenas de jefes administrativos, un número indeterminado (¿50, 100?) de docentes metidos a cargos de gestión (a dedo), personal eventual de alta dirección (a dedo) por valor de medio millón de euros... ¿Dónde está la infrafinanciación?

Otra de las cosas que me resultan más llamativas son las "carteras" vicerrectorales. Parecen un remedo del Consejo de Ministros del Gobierno de la Nación con títulos tan rimbombantes como "transformación digital", "estrategia y calidad", "relaciones institucionales", "responsabilidad social", "vida saludable"... Hemos de estar agradecidos a que Carmelo haya pensado en nuestra salud y alabar que haya tenido la perspicacia de delegar la estrategia de la institución en uno de sus colaboradores, pues, en caso contrario, él mismo estaría perdido. Con todo, el título que me parece más acertado es el de "formación del profesorado", a ver si, de una vez por todas, conseguimos que algunos profesores se aprendan la lección...

Si preguntáramos, seguro que habría consenso en considerar una medida higiénica la renovación en los cargos de gestión académica. No creo que los tocados por la varita de la logia sean indispensables. Por otra parte, si la logia nos ha llevado al borde del precipicio, ¿no sería prudente cambiar el rumbo?