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domingo, 13 de septiembre de 2026

Farmear aura

Había oído lo del aura a los alumnos, pero me quedé de piedra cuando me enteré del significado de "farmear aura", a saber, la realización de acciones en público con el fin de ganar prestigio. Aunque no sé de qué tipo de prestigio se trata, porque los ejemplos propuestos van de escenificar extravagancias, ridiculeces o disparates más o menos ocurrentes.

Lo que tengo claro es que si una memez la bautizas en inglés, se hace un hueco en el patrimonio social sin el menor problema. Hasta ahí llega la sinrazón de las masas cretinizadas, que diría Juan Manuel de Prada. Según me dice la Inteligencia Artificial, "farmear" (de granja en inglés) significa repetir una acción para acumular puntos o recursos, tal y como se hace en los videojuegos. O sea, que "farmear" se podría haber dicho en castellano con "granjear" con igual significado, pero menos "aura", evidentemente.

He visto que la majadería se ha incorporado al ámbito periodístico sin rubor y ayer titulaba El Mundo "Flavio Briatore farmea aura", refiriéndose a las andanzas del anciano en el circuito de Madring.

Lo que me llama la atención es que el fenómeno "farmear aura" surja en un mundo profundamente relativista, en el que cada cuál puede pensar lo que le dé la real gana e incluso entrar en contradicción consigo mismo, sin que nadie se rasgue las vestiduras. ¿Qué sentido tiene, en este contexto, pretender aura?

Resulta absolutamente incongruente que en una sociedad individualista hasta el paroxismo, en la que la exaltación del yo inmanente es la nueva religión, esos individuos busquen ser reconocidos por algún tipo de carisma. ¿En qué quedamos? ¿Eres un ser único que merece todo el respeto en tu luminosidad de singular espectro o necesitas el reconocimiento ajeno para que brille tu aura?

Esto no es más que otra manifestación de la sociedad del "like", ese entorno cultural donde la validación personal y la autoestima dependen de los "me gusta" y la aprobación en las redes sociales. Es lo de medir la calidad de la función docente por lo que opinen los alumnos en encuestas anónimas. Es lo de la verdad sociológica, que tantas veces he mencionado.

Personalmente, yo soy más de Mecano "y lo que opinen los demás está de más" (Mujer contra mujer, 1988), es decir, que me la pela lo que digan las encuestas, los portales y los comentarios... y más si son cobardemente anónimos.

Traigo aquí una palabras de Luis Piedrahita, que me parece que vienen al pelo: "Dicen que es mejor estar callado y parecer tonto, antes que abrir la boca y demostrarlo. Yo creo que no. Yo creo que cuando eres tonto lo mejor es dejarlo claro lo antes posible, si no la gente se hace ilusiones o, peor aún, uno mismo se hace ilusiones. Los griegos decían: conócete a ti mismo. Y lo comparto. Uno ha de saber qué tipo de estúpido es. Ahora mismo, en tiempos de Inteligencias Artificiales, lo único que nos queda como refugio diferenciador es nuestra imperfección genuinamente humana. Falta mucho todavía para que la tecnología alumbre una Estupidez Artificial que mejore la presente."


domingo, 5 de febrero de 2023

Marco Aurelio y los likes

El año 161 d.C. Marco Aurelio Antonino Auguto se convirtió en emperador de Roma. Destacó en el campo de batalla, pero sobre todo por su serenidad, modestia y búsqueda de la verdad. Escribió Meditaciones, un compendio de reflexiones éticas basadas en los principios estoicos. En él podemos leer lo siguiente:

"Por lo demás, todo lo que es bello de alguna manera, bello es por sí mismo, y termina en sí mismo sin considerar el elogio como parte de sí mismo. En consecuencia, ni se empeora ni se mejora el objeto que se alaba. Afirmo esto incluso tratándose de cosas que bastante comúnmente se denominan bellas, como, por ejemplo, los objetos materiales y los productos fabricados. Lo que en verdad es realmente bello, ¿de qué tiene necesidad? No más que la ley, la verdad, la benevolencia o el pudor. ¿Cuál de estas cosas es bella por el hecho de ser alabada o se destruye por ser criticada? ¿Se deteriora la esmeralda porque no se la elogie? ¿Y qué decir del oro, del marfil, de la púrpura, de la lira, la espada, la florecilla, el árbol?" (Libro IV, 20).

Vivimos en la sociedad del like, un mundo en el que lo bueno y lo malo se decide a golpe de like o dislike, en el que se nos exige un "dale al like" como justiprecio a cualquier exhibición virtual. Parece que somos lo que indique el gusto ajeno y ese gusto ha de ser expresado e incluso registrado. De los likes dependen los ingresos publicitarios o el valor de un producto, pero también, y eso es lo peor, la inclusión, la valoración afectiva, la aceptación social o de uno mismo.

La tiranía del like es intolerable. Hay que romper con ella de raíz. Nos lo dice Marco Aurelio: lo bello es bello por sí mismo y la alabanza ni le pone ni le quita, acaso "¿se deteriora la esmeralda porque no se la elogie?". Le dediqué una entrada a este tema hace poco: la sociología como fuente de (no) verdad. La unanimidad grupal no es fuente de verdad, se pongan como se pongan unos y otros.

A veces el "éxito de público y de crítica", como se decía antes en la crónica teatral, se corresponde con la realidad, pero también ha sucedido que la inicial frialdad de ambos se tradujo en un universal reconocimiento a la vuelta de los años. ¿Qué más da? ¿Qué motivos tienes para actuar? ¿Estás convencido de lo que haces? Si es así, diremos con Mecano eso de "y lo que opinen los demás está de más".

En el ámbito de la educación nos toca sufrir el despropósito de las encuestas de satisfacción que rellenan los alumnos, en las que se da la paradoja de que te juzga quien está en proceso de formación y cuyo dictamen suele estar mediatizado por los resultados académicos. Así caemos en lo que denunciaba el catedrático Daniel Arias-Aranda recientemente: "Querido alumno universitario de grado: Te estamos engañando". O, en otro orden de cosas, hoy mismo hemos sabido que la facultad de medicina de Harvard renuncia a participar en los rankings de universidades ya que está bajo sospecha la ecuanimidad con la que se confeccionan. (Otro día hablaré de los rankings de la Universidad de Alcalá: líder en transparencia, sostenibilidad medioambiental, etc.)

Muchas veces, la sospecha de manipulación en el recuento de likes es casi una certeza cuando echas un vistazo desapasionado a la realidad: ni estos son tan buenos como dicen ser ni el marginado es tan malo como algunos quieren que sea. Ni la verdad ni la calidad han de medirse a la ligera, sobre todo cuando hay tantos intereses en juego.

Dice mi hijo Miguel que las Meditaciones de Marco Aurelio es el libro de filosofía que leemos los que no sabemos filosofía. Y no le falta razón, pero qué razón tiene el emperador estoico en lo que dijo y eso que lo dijo hace casi 2000 años. Vaya por aquellos (simples) que descalifican cualquier idea solamente por ser antigua.