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martes, 11 de julio de 2023

Mi idolatrado estudiante

Este mes de julio se cumplen 70 años de la publicación de Mi idolatrado hijo Sisí, de Miguel Delibes. En esta novela se nos cuenta la vida de Cecilio Rubes, un frívolo y egoísta comerciante de sanitarios y bañeras que, aburrido de la vida tras seis años de matrimonio, decide tener un hijo, a pesar de que cuando se casó le advirtió a su esposa que no deseaba descendencia.

"A Cecilio Rubes no le gustaban los niños. Entendía que de todos los martirios conocidos, soportar a un niño era el más metódico y refinado.”

Cecilio educa a su vástago de una manera extremadamente complaciente, incluso en contra del parecer de su mujer. No le importa si el chico deja de estudiar, frecuenta malos ambientes o no respeta a los demás. En el fondo, le consiente todo por su propia comodidad. Lamentablemente, el pequeño Sisí termina siendo víctima de esa educación poco rigurosa y se convierte en un mujeriego veleidoso y vacío, acostumbrado a que se haga siempre su voluntad.

“—¡Cielo santo! —chilló Rubes—. Trataste pocas criaturas en la vida, ¿verdad querida? Bien, ¿cuándo vas a darte cuenta de que ni el arte, ni la ciencia, ni la educación se encuentran en los libros? Para tratar a tu hijo, Adela, no te debes guiar de un libro, sino de tu propio corazón. ¡Eso es!
Insistió Adela:
—No soy partidaria de blanduras con los chicos, Cecilio, ya lo sabes. ¿No crees que con esta actitud no hacemos más que perjudicarle?
Perjudicarle, perjudicarle... ¿Piensas que un niño es más feliz llevándole siempre la contraria que viviendo su vida libremente?”

La historia termina de manera dramática, pero previsible, sin duda. Creo que el fondo de la cuestión es absolutamente actual. Vivimos tiempos controvertidos en educación... Como nos alerta Daniel Arias-Aranda, estamos engañando a los estudiantes en ese iluso afán de procurarles felicidad a base de ahorrarles todo esfuerzo. Es todo lo contrario: el joven, de suyo, se colma de satisfacción cuando supera los desafíos a los que se enfrenta.

Nuestros neopedagogos de despacho proclaman que hay que escuchar al alumno (aunque ellos no escuchan a los profesores), como si la enseñanza consistiera en agradar. No, el auténtico maestro debe ser un líder en el sentido etimológico del término, esto es, un guía que conmina a sus discípulos a avanzar por el camino de la verdad con el ejemplo de su esfuerzo y el encanto de su saber.



sábado, 17 de octubre de 2020

Miguel Delibes

Miguel Delibes (1920-2010)

Anoche comencé a leer La mortaja, una recopilación de cuentos de Miguel Delibes que compré este verano en una librería de viejo de Urueña, y me he levantado con la conmemoración del centenario del nacimiento del autor resonando en todos los medios. ¡Bendita casualidad!
Delibes es el autor del que más obras he leído desde que algún profesor me mandó El Camino cuando tenía 13 o 14 años. Siempre me engancha, siempre me enseña, siempre consigue despertar mi admiración. En mi opinión, no solamente escribe bien sino que conoce en profundidad el corazón humano y por eso son tan buenas sus novelas.
¿Cómo no recordar a sus personajes? A Daniel, el Mochuelo, en El Camino; a Menchu en Cinco horas con Mario; a Quico en El príncipe destronado; a Pacífico Pérez en Las guerras de nuestros antepasados; a Gervasio en 377A, madera de héroe… Algunos de ellos basados en ciudadanos reales de carne y hueso como Marcos, el Listezas, con cuyo hijo he tenido el honor de trabajar muchos años.
No soy ningún experto, pero me atrevería a decir que en las historias de Miguel Delibes subyace un fondo de optimismo en la Humanidad. Por muy sórdido que sea lo que nos cuente siempre hay un destello que señala el camino de la esperanza. Nos presenta un hombre con capacidad de redención y eso hace atractivas sus historias. Un rasgo que diría que comparte con Cervantes.
Según he podido leer hoy, se inició en la carrera literaria por impulso de su mujer, Ángeles de Castro, cuya muerte en 1974 le marcó profundamente y a la que dedicó el titulo Señora de rojo sobre fondo gris publicado en 1991.
Me viene a la memoria y no quiero dejar de citar la representación teatral de Cinco horas con Mario de Lola Herrera que tuvimos la suerte de poder disfrutar en Zaragoza el pasado 16 de febrero. ¡Magnífica! Menos mal que nos animamos a ir ya que el COVID frustró el resto de la gira.
Termino con Urueña, la Villa del Libro, ese bonito pueblo amurallado de Valladolid que con menos de 200 habitantes cuenta con 10 librerías y el centro cultural Miguel Delibes.

Urueña (Valladolid), la Villa del Libro