sábado, 17 de octubre de 2020

Miguel Delibes

Miguel Delibes (1920-2010)

Anoche comencé a leer La mortaja, una recopilación de cuentos de Miguel Delibes que compré este verano en una librería de viejo de Urueña, y me he levantado con la conmemoración del centenario del nacimiento del autor resonando en todos los medios. ¡Bendita casualidad!
Delibes es el autor del que más obras he leído desde que algún profesor me mandó El Camino cuando tenía 13 o 14 años. Siempre me engancha, siempre me enseña, siempre consigue despertar mi admiración. En mi opinión, no solamente escribe bien sino que conoce en profundidad el corazón humano y por eso son tan buenas sus novelas.
¿Cómo no recordar a sus personajes? A Daniel, el Mochuelo, en El Camino; a Menchu en Cinco horas con Mario; a Quico en El príncipe destronado; a Pacífico Pérez en Las guerras de nuestros antepasados; a Gervasio en 377A, madera de héroe… Algunos de ellos basados en ciudadanos reales de carne y hueso como Marcos, el Listezas, con cuyo hijo he tenido el honor de trabajar muchos años.
No soy ningún experto, pero me atrevería a decir que en las historias de Miguel Delibes subyace un fondo de optimismo en la Humanidad. Por muy sórdido que sea lo que nos cuente siempre hay un destello que señala el camino de la esperanza. Nos presenta un hombre con capacidad de redención y eso hace atractivas sus historias. Un rasgo que diría que comparte con Cervantes.
Según he podido leer hoy, se inició en la carrera literaria por impulso de su mujer, Ángeles de Castro, cuya muerte en 1974 le marcó profundamente y a la que dedicó el titulo Señora de rojo sobre fondo gris publicado en 1991.
Me viene a la memoria y no quiero dejar de citar la representación teatral de Cinco horas con Mario de Lola Herrera que tuvimos la suerte de poder disfrutar en Zaragoza el pasado 16 de febrero. ¡Magnífica! Menos mal que nos animamos a ir ya que el COVID frustró el resto de la gira.
Termino con Urueña, la Villa del Libro, ese bonito pueblo amurallado de Valladolid que con menos de 200 habitantes cuenta con 10 librerías y el centro cultural Miguel Delibes.

Urueña (Valladolid), la Villa del Libro


domingo, 9 de agosto de 2020

Quintín Racionero

Dedico esta entrada al filósofo y catedrático de la UNED Quintín Racionero (1948 - 2012) cuya figura me presentó uno de los alumnos con los que mantengo debates epistolares acerca de los temas de este blog. Tengo que agradecer a Andrei el dichoso descubrimiento de este profesor del que no había tenido noticia anteriormente.

Quintín era (es) un fantástico comunicador. Da gusto oírle hablar y también da un poquito de envidia (de la buena) desde un punto de vista profesional. Dejo aquí el vídeo que me ofreció Andrei: Los 3 grandes errores de la universidad; y animo a mis lectores a saborear otros materiales suyos (vídeos, audios o textos) igualmente interesantes que podemos encontrar por decenas en la red.

No puedo estar más de acuerdo con el diagnóstico que el profesor Racionero exponía en 2012 con la salvedad de que 8 años después las cosas están aún peor.

El primer error tiene que ver con la falsa promesa del aprendizaje sin esfuerzo. La enseñanza blandita, mullida, cómoda, acolchada, de eterno jardín de infancia... No cabe duda de que la educación en general se ha "maternizado" hasta extremos delirantes. Me resultan disparatados algunos comentarios que dejan mis alumnos en las encuestas refiriéndose a mis clases en términos que evocan escenarios castrenses como los de La chaqueta metálica o El sargento de hierro, quejándose amargamente de que no entienden... ¿Prefieren acaso, que por el dinero que pagan, les junte la "m" con la "a" para leer "mamá"? No lo creo.

En el vídeo se denuncia que ahora el alumno no tiene que hacer nada para aprender. Es más, se irrita si se le pide que haga algo. Hemos pasado de fomentar la autonomía intelectual (la libertad en definitiva) a facilitar para incapacitar. La falacia de la ciencia infusa de la que tanto hemos hablado.

También sale Bolonia y su utilización como excusa para degradar el sistema y, esto lo digo yo, incrementar el coste mediante el ancestral mecanismo de dar menos por el mismo precio en los grados y ofrecer humo de colores triplicando el precio en los máster.

El protagonista del vídeo señala a los pedagogos (véase a partir del minuto 6:40) como una de las causas principales del colapso del sistema educativo en base a una errónea concepción de la naturaleza humana. Son nuestros comisarios políticos. Ellos y los que se erigen en expertos en innovación pedagógica. Yo tengo un compañero que hace esa labor de agente encubierto desde el "anonimato" de la comisión DOCENTIA y le agradezco mucho sus paternales consejos en los que me anima a seguir las recomendaciones de mis alumnos con el objetivo de hacerles la vida más llevadera... ¡Vamos! lo de la "m" con la "a". Gracias querido A. pero tengo conciencia y no estoy para engañar a nadie. Seguro que en la próxima evaluación me propone pasar un tiempo en un campo de reeducación en vista de mi nula voluntad de cambio.

En segundo lugar, se denuncia el desastre de la selección del profesorado. Las plazas se convocan con "nombre", están dadas. Esto es contrario de los principios constitucionales de publicidad, mérito y capacidad, y al más elemental sentido común que aconseja un cierto grado de competencia si queremos tener a los mejores dando clase.

En truco del almendruco consiste en convocar plazas con perfil docente y perfil investigador. La intersección de ambos perfiles suele dar como resultado el conjunto unitario con el nombre y dos apellidos del elemento previamente designado. Así, el chico que le escribe los papers al catedrático suele conseguir su plaza. Evidentemente, no será una plaza que le permita continuar su carrera por libre. Será lo suficientemente precaria como para tener que seguir escribiéndole los artículos a quien corresponde.

Para colmo, ese catedrático, que configura su "equipo de colaboradores" en función de estrictos intereses personales, ni siquiera obtuvo la plaza de manera competitiva demostrando su valía en concurso público sino que alcanzó el Olimpo universitario mediante promoción interna para mayor gloria (y control) del Rector y su aparato de intereses.

El lector ya habrá caído en la cuenta de que en este escenario es natural que nuestras universidades se hallen dónde se hallan en las clasificaciones internacionales y no deja de ser milagroso encontrar a alguien que sepa un poco y que quiera enseñarlo.

¡Vean el vídeo!

sábado, 13 de junio de 2020

La clase presencial

En las últimas entradas he defendido la superioridad de las clases presenciales frente a las “online” ya sea celebrando la carta de Luis Ramón Núñez Rivas ya sea compartiendo mis reflexiones con los alumnos. Mi tesis es que las clases “online” son un mal sucedáneo de las presenciales y que no deben considerarse un sustituto de éstas ni siquiera como mal menor. En todo caso, el verdadero sustituto debería ser un plan de lecturas, ejercicios y trabajos debidamente apoyado por tutorías personalizadas.
Soy consciente de que mi tesis no es compartida por la mayoría ya que muchos piensan que es igual asistir a una clase presencial que ver la retransmisión de la misma por Internet, tal y como sucede con un partido de fútbol, por ejemplo. Ahora bien, el verdadero aficionado sí que me dará la razón: no es lo mismo estar en un partido, una obra de teatro o una ópera en directo a ver su versión televisada. ¡Nada que ver!
Sea como fuere, los planes que están haciendo nuestros “gestores” van camino de fomentar el modelo telemático aprovechando que ya hemos “aprendido” a manejarlo: esto cuenta EL PAÍS y esto AS. Sorprende que en las aulas se imponga una separación de 1,5 metros entre alumnos si fuera de ellas no se va a cumplir esta restricción, como vemos ahora en nuestras calles. Sorprende que no haya restricciones en las cafeterías. Sorprende que haya que rotar por semanas alternado clases presenciales y clases retransmitidas. Sorprende que no se haya aceptado la razonable solicitud de los estudiantes de que los alumnos de primeros cursos reciban clases presenciales. Sorprenden muchas cosas…
En cualquier caso, voy a intentar argumentar mi posición dándole algunas vueltas al concepto de clase presencial y, para empezar, le voy a cambiar el nombre: clase magistral. Sí, la denostada por la neopedagogía clase magistral, que no significa que sea conducida con maestría sino que es relativa al maestro, es decir, al que enseña una ciencia, arte u oficio.
En la clase magistral el profesor explica una lección a los alumnos y, para que aquello funcione, tienen que darse dos condiciones previas: que haya uno que sabe, el profesor, y otros que quieren aprender, los alumnos. Esto es cierto incluso cuando los alumnos son pequeños, pues en ese caso son los padres los que ponen el fin (aprender).


La actitud activa del alumno se manifiesta en su interés, en su compostura, en sus preguntas pero, sobre todo, en tomar apuntes. De esto hablaré otro día, pero asistir a clase sin tomar apuntes es una pérdida de tiempo. Ya sé que la nueva pedagogía aboga por escuchar al profesor para “entenderle” pero tampoco en eso estoy de acuerdo. Habrá veces que se le entienda y otras que no pero tomar apuntes es esencial. A los profesores que quieren “ser escuchados” les aconsejaría que se buscaran otro tipo de audiencia: un amigo, una novia, un psiquiatra… Su función es mostrar un tema dentro de una materia, estableciendo sus relaciones, señalando los aspectos sobre los que los alumnos deben profundizar. No se trata de contar un truco o describir un procedimiento, eso es muy poco.
Hoy en día, parece que la clase magistral consiste en explicar lo que entra en el examen y así nos encontramos con la protesta del alumno indolente que clama: “profe, no lo entiendo”. Como si la misión del profesor fuera conseguir que el estudiante salga de clase entendiendo lo que le va a caer en el examen. De ahí al concepto de profesor que “ayuda” hay un paso: ¡El profesor ONG!
No. El profesor no "ayuda" porque si obra de esa manera elimina la responsabilidad del alumno que se convierte en sujeto pasivo, indolente, un lastre al que hay que buscar las cosquillas para que reaccione y aprenda. Pobre materia si salimos de clase con todo entendido. Hay que estudiar. Hay que leer ya que el conocimiento siempre se transmite por escrito. Hay que profundizar. No se trata de recopilar datos sino de formar la cabeza y eso es tarea individual.
En la clase magistral, el profesor es como un director de orquesta, que imprime su aíre a la interpretación, pero los que tocan son los músicos y si el director deja la batuta la música no cesa ya que todos tienen por escrito qué es lo que deben hacer. La misión del profesor es iluminar el camino pero no agotar el conocimiento. Por eso, cada maestro enseña de manera diferente.
Y para que la labor del profesor sea eficaz necesita de la interacción con sus estudiantes. De ahí que la videoconferencia no sirva ya que deja ciego al profesor. Dar clase es una especie de representación teatral, con sus emociones y originalidad en cada actuación. Eso solamente se consigue con la presencia: somos alma pero también cuerpo, materia. Necesitamos sentirnos. Lo más trascendente viene de la mano de lo más humano. Incluso para transmitir lo más racional necesitamos de relaciones.


Claro que muchas de las clases de hoy en día no son así. Profesores que no saben la materia ni la quieren saber y que se dedican a leer dispositivas, alumnos que no toman apuntes y que vienen mal preparados con el único objetivo de aprobar… En ese escenario, sí que la clase “online” sustituye a la presencial. Pero merced a su baja calidad. Si las clases virtuales fueran realmente útiles no habría universidades presenciales.
La influencia de la neopedagogía hace estragos. Para esta nueva pedagogía lo importante son los medios (las TIC) de manera que lo esencial no es saber la materia sino dominar las “nuevas tecnologías”. Hay una pléyade de profesores que no se saben la materia pero que brillan (o lo pretenden) mediante el uso efectista de vídeos, móviles, clases invertidas, “gamificación”, etc. Lo mejor de todo es que son ellos mismos los que aseguran que sus métodos funcionan mientras se niegan a que sus alumnos sean evaluados en pruebas externas.
Estos neopedagogos desprecian a los profesores de verdad, a los que honradamente se esfuerzan por dominar su área de conocimiento, y nos intentan convencer de que lo importante es la técnica de enseñanza y no el contenido. Por eso reniegan de la clase magistral y venden ciencia infusa cual charlatán de feria.
Termino con una cita del profesor Francisco Mora, experto en neurociencia: “La presencialidad del profesor seguirá siendo esencial en una buena enseñanza. Un gran profesor es aquel que deja huella utilizando toda y su entera personalidad humana ante los alumnos. Solo en presencia física ante el alumno se desenvuelve bien el gran profesor, aquel capaz de convertir cualquier cosa, incluso lo soso, en algo siempre interesante. En abrir los ojos de quien escucha. En que lo que dice cale, deje huella. Eso es la emoción con las que tiñe sus palabras y les da profundo sentido.”

He encontrado este interesante artículo de José Aguilar Jurado sobre la clase magistral que puede leerse aquí.

lunes, 8 de junio de 2020

Ecos del confinamiento

Tres meses llevamos entre confinamientos y “desescaladas” camino de la “nueva normalidad”. Obsérvese la importancia que le conceden nuestros políticos a usar palabrejas raras. ¿Por qué será? Miedo me da la normalidad “nueva”. Prefiero la normalidad de siempre. ¿Será que soy un reaccionario?
En este tiempo han pasado muchas cosas que me han llamado la atención. Aunque no sea la más importante, quería referirme ahora a la carta de Luis Ramón Núñez Rivas, Director de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Navales de la Universidad Politécnica de Madrid, fechada el 3 de abril pasado y que reproduzco a continuación.


Entiendo que la misiva iba dirigida a los miembros de la Escuela y que su difusión pública solamente de debió a intereses más bien ideológicos. Lo cierto es que durante unos días se armó un buen revuelo. Véase la información de EL ESPAÑOL, OKDIARIO, LA RAZÓN o EuropaPress.
No entraré en debates feministas ya que no veo por ningún sitio la ofensa en ese sentido. Por eso digo que parte del alboroto proviene de intereses ideológicos que nada tienen que ver con lo escrito.
Tampoco me parece relevante que Luis Ramón Núñez Rivas calificara al Ministro de Universidades, Manuel Castells, de pseudoministro. No en vano, tradicionalmente las universidades han estado incluidas en la cartera de educación o bien dentro de ciencia y tecnología. El hecho de que este gobierno cuente con una cartera específica de universidades se debe más a la necesidad de incluir en el gabinete a muchos ministros que a la relevancia de su gestión. La realidad es que las competencias están transferidas a las comunidades autónomas y el Estado tan sólo cuenta con una universidad, la UNED, que no parece muy contenta con los “ninguneos” del ministro.
Lo que sí me parece importante y encomiable es la defensa que hace el Director de la Escuela de Navales de la UPM de lo que debe ser una escuela seria y de calidad (de la de verdad, no de la que se lleva ahora basada en la burocracia): la enseñanza debe terminar de manera presencial y los exámenes han de ser presenciales “y si para ello es necesario prorrogar [el curso] hasta el 31 de diciembre, que se haga”.
Estoy de acuerdo con el planteamiento del Dr. Núñez Rivas: seriedad, calidad, rigor… presencialidad y si no se puede terminar ahora ya se terminará.
Lamentablemente, la riada nos ha llevado por delante en sentido contrario. Se nos ha obligado, sin estar preparados, a usar medios “online” para dar clase y para examinar. Y, para mayor escarnio, alabando nuestro esfuerzo con palabras tan grandilocuentes como falsas. Muchos de nuestros mandamases han visto el cielo abierto con esto de las clases “online”. Apoyados en esa nueva normalidad de la que hablan, lo que desean es gestionar estudios sin presencialidad. Salen más baratos, no requieren espacio físico, los medios pueden estar grabados y, total, si enseñar y que la gente aprenda ya da lo mismo. Lo único importante es regalar títulos y cobrar.
Las noticias sobre educación en época de confinamiento no pueden ser más desalentadoras: se podrá hacer la EBAU con suspensos o se presiona a los docentes para que aprueben a los alumnos son dos ejemplos de que han llegado las rebajas a la educación. Y no sólo es un mal patrio sino que de Italia llegaban noticias similares.
Decía una muchacha: “Siento que estoy siendo evaluada constantemente pero no estoy aprendiendo nada”. Paradigma de lo que es hoy nuestra educación: procedimiento sin alma.
Todo esto me parece muestra evidente de decadencia. La sociedad no valora el conocimiento por mucho que hable de ciencia y de I+D+i… y nuestros políticos menos.



miércoles, 15 de abril de 2020

A mis alumnos confinados por COVID-19

Estimados alumnos confinados por COVID-19:

La intranquilidad y angustia que experimentáis respecto a los procedimientos de evaluación es comprensible dada la falta de certezas que padecemos en estos días. Me gustaría subrayar que la zozobra no se sufre sólo por vuestro lado sino también por el lado del profesorado. No obstante, en vez de alentar las emociones negativas, es mucho más sano ver la situación como una oportunidad y planificarse el aprendizaje de la manera más cómoda y eficiente posible. Dado que disponemos de más tiempo, ya que nos estamos ahorrando los desplazamientos, vamos a dedicar ese tiempo adicional a preparar las asignaturas haciéndonos unos buenos apuntes y resolviendo los ejercicios propuestos. Si tenéis preparadas las asignaturas, ¿qué más da cómo se evalúen? Pensemos en aprender, no en aprobar.
Planteáis un panorama dantesco: gran variedad y cantidad de dificultades, falta de claridad ante los temas, imposibilidad de seguir la asignatura con los recursos disponibles en Internet, dudas imposibles de resolver por correo electrónico... Y proponéis una solución que viene a ser el Bálsamo de Fierabrás (léase el Quijote), que disolverá todas las dificultades como por ensalmo, a saber, los vídeos.
Los vídeos educativos se han convertido en la punta de lanza de la neopedagogía y se nos presentan como lo más próximo a la ciencia infusa. Esa ciencia que se adquiere sin esfuerzo, de ahí lo de infusa, concedida por arte de magia. Como en Matrix, ¿recordáis? Si hace falta, me puedo bajar al cerebro el manual de pilotaje del último ingenio volador. Se nos vende la idea con diferentes nombres: píldoras educativas, vídeo cápsulas, e-learning, etc. Y ha cundido la fe en ellos como puede cundir en la eficacia de un crecepelos revolucionario. La idea es evocadora pero nada más.
Siento desilusionaros, pero el conocimiento se formaliza y se transmite a través de la lectura y el trabajo intelectual. En la vida real, el gobierno es por escrito, los contratos son por escrito, las especificaciones de un proyecto son por escrito, los pliegos de condiciones son por escrito, los manuales son por escrito... y así todo. Hay que aprender a escribir bien y hay que adquirir la destreza de leer bien. El uso de vídeos para transmitir conocimiento, como ya os expliqué un día, es una vuelta a la Edad Media, una época en la que la gente normal no sabía ni leer ni escribir y tenía que aprender a través de las imágenes de los templos y las actuaciones de los trovadores. ¡Por favor! No vayamos para atrás.
Tenéis material abundante para preparar cada uno de los temas de la asignatura: una colección de diapositivas que representan el equivalente a la clase presencial, una documentación complementaria que equivale a la bibliografía, una colección de problemas y sus correspondientes soluciones. Además, las prácticas de laboratorio para las que contáis con las herramientas de desarrollo, las colecciones de dispositivas, las prácticas a realizar y las soluciones a las mismas.
No entiendo qué aporta la "clase telemática" o los "vídeos pregrabados". Tenéis las presentaciones para que las estudiéis cuando consideréis oportuno y os hagáis unos apuntes con ellas y la bibliografía complementaria. Y para las dudas, me tenéis a vuestra disposición en el correo electrónico, que en el presente estado de confinamiento es como estar de guardia las 24 horas del día.
Solamente en problemas resueltos creo que hay más de medio centenar. Editados de una manera clara, detallada y con ilustraciones. Una “currada” como diríais vosotros. Todo un arsenal de medios online con los que trabajar la materia. Y ahí está el secreto: en la palabra TRABAJAR. Hay que organizarse, leer las presentaciones y la documentación, confeccionar unos apuntes, intentar resolver los problemas, contrastar las soluciones... Es decir, ser sujetos activos del aprendizaje, porque sin esa disposición nada se puede conseguir, ni con clases presenciales ni sin ellas.
Vivimos unos días en los que es muy fácil caer en el temible "déficit de atención". Un síndrome derivado de la incertidumbre y del compulsivo deseo de consumir noticias. Os aconsejo esconder el móvil durante varias horas cada día porque este cacharro nos roba el tiempo y la vida: no podemos atender a todos los vídeos que nos mandan, ni ver todos los memes que recibimos. Las noticias son reiterativas y no aportan nada más que creciente incertidumbre. Poned un poco de orden y a ESTUDIAR. Y seguro que ese panorama dantesco que describís se transforma.
Convenceos, la ciencia infusa no existe. Es un concepto religioso que el propio libro del Génesis presenta como un don malogrado, que no se va a hacer realidad por muchos vídeos que veáis. Que nadie os engañe. No pongáis en los demás la responsabilidad que solamente a cada uno atañe.
Espero haber contribuido con mis reflexiones a que no perdamos de vista lo importante. Tranquilidad, calma, estudio, trabajo.
Saludos cordiales.

Vuestro profesor



martes, 24 de marzo de 2020

Cuarentena y enseñanza online

Estamos en cuarentena. ¿Quién nos lo iba a decir? Nosotros, que nos habíamos propuesto revertir el cambio climático, nos vemos obligados a confinarnos y aparcar rutinas y proyectos. ¡Ay! Nos creíamos tan poderosos y un “bichito” hace tambalear nuestro engreimiento.
Nos decían que nuestro sistema sanitario era el mejor del mundo y que todo estaba previsto. ¡Jaja! ¿Todo, todo…? Bueno. No todo. Es que esto no había pasado antes, nos dicen. ¡Ah! Ya. Tenemos previsto lo que ya ha pasado, vamos, que lo tenemos “postvisto” pero no previsto. Digo yo.
Mientras mueren a centenas cada día, los que aún estamos operativos teletrabajamos a destajo para mantener la enseñanza online. O eso pretenden nuestros líderes, empeñados en su petulancia.
Una imagen típica que evoca el término enseñanza es la del venerable sabio rodeado de atentos discípulos. Es decir, lo normal de la enseñanza es que sea presencial. De la misma forma que lo normal de una relación sentimental es que sea presencial… De hecho, la enseñanza no presencial siempre ha tenido adjetivo (enseñanza a distancia, enseñanza online) porque resulta evidente que no es lo mismo que la presencial.
El deseo de que lo virtual sustituya a lo real me parece que se encuadra en el moderno anhelo de autoconstrucción en el que resuena el “seréis como dioses” de Satanás en el Génesis. La idea de tocar un botón y disponer de un bien es muy atractiva y la costumbre de comprar por Internet nos ha hecho olvidar que no es un proceso sencillo. Al final, alguien te empaqueta el pedido, alguien te lo trae y alguien lo habrá tenido que fabricar… En estas dramáticas circunstancias comprobamos que no todo es ideal ya que ante la avalancha de solicitudes algunas empresas han cancelado el reparto a domicilio.
La enseñanza online tiene muchas facetas. No es lo mismo proponer la lectura de unos contenidos, ejercicios o prácticas que “dar clase” o evaluar. La evaluación siempre se ha hecho de manera presencial. Al menos si está en juego un título que valga para algo.
Lo de dar clase por videoconferencia o por youtube es un sucedáneo. Parece que es pero no es. Es una imagen de la enseñanza real pero no es real. Tal y como sucede en las películas, es una ficción. Lo que vemos en una película es una representación en dos dimensiones que nos cuenta, con más o menos acierto, una historia prescindiendo de la interacción. La historia es presa del sentido de la vista y del oído. Vemos y oímos lo que está grabado, sin más. En cambio, si la historia nos la dan por escrito, cada cual “ve” y “oye” escenas diferentes, abstrae y asciende a un universo propio. Esa información, modela, crea, se plasma en conocimientos. La lectura forma la inteligencia mientras que el vídeo excita las emociones.
La clase presencial está en otro plano, estimula la voluntad de los alumnos a buscar la verdad. La exposición del profesor señala el camino a seguir desvelando su ciencia al ritmo que precisen los discípulos, unas veces pausado otras exigente, en un ejercicio que solamente la experiencia y la interacción pueden hacer eficaces.
Las clases "enlatadas" de poco sirven. Suelen ser cuestiones triviales en las que pierdes 10 minutos para enterarte de algo que podías haber leído en 2. La estética acostumbra a ser atractiva pero el contenido no pasa muchas veces de la calificación de "truco", mera cuestión procedimental que poco aporta al verdadero conocimiento.
Llevemos la enseñanza online al extremo. Vamos a grabar nuestras clases y las repetimos cada curso hasta la jubilación mientras cobramos nuestro sueldo viviendo plácidamente. Yo contrataría un buen actor y un montador y ¡a vivir! Es absurdo, ¿no? El profesor habla a sus alumnos y los alumnos preguntan a su profesor y lo demás son sucedáneos. Y, en general, la gente no quiere sucedáneos.
Con todo, parece que la locura online se extiende más que el virus. Hasta el Papa y los obispos se han apuntado a las misas online. Me viene a la cabeza aquello que me enseñaron cuando era joven de que los sacramentos tienen (o tenían) materia y forma… ¿Dónde queda la materia por Internet? ¿Habrá que pensar una nueva teología online?
Lo cierto es que el pan online no alimenta. Creo que eso está claro.


domingo, 17 de noviembre de 2019

¿Enseñanza católica?

“No fue un abucheo, pero casi” asegura el diario ABC. Tal fue la airada reacción de los 2.000 asistentes al XV Congreso de Escuelas Católicas ante la intervención de Isabel Celaá, ministra de Educación y Formación Profesional. “La multitud –dice ABC– empezó a murmurar y a despegarse del asiento ante lo que acababa de escuchar”: un presunto ataque al derecho de los padres a elegir centro así como educación religiosa.
Puede que la ministra fuera a hacer méritos de cara al próximo gobierno de coalición o no. Ella sabrá. Lo que tengo claro es que los católicos enseñantes no pasarán de revolverse en el asiento y murmurar fingiéndose atacados. Unas notas de prensa. Unos correos electrónicos a sus “bases” mostrando indignación. Y ya. Salvo honrosas excepciones, los derechos de los padres les importan un comino. Lo que les importa es tener los colegios llenos, cobrar aunque estén concertados y seguir viviendo plácidamente.
¿Qué es la "enseñanza católica"? Algunas de las redes de colegios religiosos de España no tienen ni un religioso. Dejaron de tener vocaciones, se murieron los religiosos y ahora no hay nada. ¡Bueno! Sí hay algo. Un valiosísimo patrimonio inmobiliario. Y detrás de él una gestión profesional a cargo de fundaciones o sociedades mercantiles.
Pondré un ejemplo: los colegios marianistas. Más de una docena dependen de la Fundación Educación Marianista Domingo Lázaro. Funciona como una empresa. Lo “católico” es un adjetivo. Están asociados a la Editorial SM (de Santa María), fundada por los marianistas, pero que hoy en día es un negocio. De sus libros hay quien se queja de que no son muy católicos.
A principios de los 90, la Conferencia Episcopal Española creó la Fundación Educación Católica para dar cobertura a esos colegios cuya “marca” religiosa había desaparecido o estaba a punto de hacerlo. En 2004 había asumido 20 centros. Otros se convirtieron en sociedades mercantiles o fueron cedidos a otras congregaciones. “El gran reto –cito a FERE– sigue siendo el mantenimiento del carácter católico en los Centros, no sólo a nivel teórico sino real. En este sentido, se fomenta la formación pastoral de los profesores a través de los cursos organizados por las Congregaciones cedentes y se lleva a la práctica el Plan pastoral con numerosas actividades.” ¿Se puede decir que un centro es católico porque sus profesores sigan cursos de pastoral?
La hojarasca es abundante. Hay páginas web a manojos (escuelas católicas de Madrid, de Castilla y León, etc.), proyectos, programas, servicios... Y también están los que huyen del adjetivo “católico” pero se supone que lo son: los colegios del Opus Dei, una inmensa red polifacética ya que tiene centros que “sí son” del Opus Dei, otros que “parece que no son pero sí son”, otros que “solamente lo son un poquito”, etc... Ahí está la CECE y su presidente para explicarnos este lío.
Al acto de apertura del XV Congreso de Escuelas Católicas también asistió el Cardenal de Madrid, Carlos Osoro, que defendió que “una escuela es cristiana cuando acoge a todo el mundo como ser personal e imagen de Dios”. Sus palabras no provocaron murmullos. Eran las esperables y esperadas. Pero no sé, no me convencen como palabras “católicas”. Demasiada complacencia, demasiado bajo el listón. La educación en España no va bien (por no decir que es un desastre) y hay más de un millón de alumnos en centros “católicos”. ¿Qué parte de ese “no va bien” asume la escuela católica?
Cuando yo era pequeño nos decían que no había que tomar el nombre de Dios en vano, que era pecado. Ahora ya no se dice eso. Ahora está de moda el pecado ecológico. Pero yo me pregunto, ¿podría ser que el calificativo “católico” fuera tomar el nombre de Dios en vano?

enseñanza católica