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martes, 16 de septiembre de 2025

Comienza el curso: ¡todos aprobados!

La semana pasada empezó el curso después de un largo verano para los estudiantes. Todavía estamos en periodo de adaptación, que hoy en día es bastante largo, para prevenir un eventual derrame cerebral a causa del esfuerzo intelectual. En el instituto se entra más tarde y se sale antes, por lo que las calles aledañas están repletas de chicos peripatéticos, por lo de deambular, no por la orientación filosófica. En la universidad algo similar: las clases son algo más cortas, se rellenan con algún test u otra actividad prescindible mientras, poco a poco, sin agobios, se va afianzando el conociendo mutuo. Por eso, muchos alumnos no acuden a la(s) primera(s) clase(s), pues no sirve(n) de nada, y así estiran el merecido descanso estival. Aunque he puesto los paréntesis para no ser excesivo, lo cierto es que habría que quitarlos.

Pues bien, me cuentan de no sé qué carrera, de no sé qué universidad, que varios profesores se han presentado anunciando el aprobado general: sus asignaturas ya están superadas. "Tranquilos, chicos. Nada de estrés ni malos rollos", parecen clamar. Habrá que hacer algún examen de test sencillo, un trabajito colaborativo o participar en alguna experiencia de aprendizaje invertido o gamificado, y ya. La cacareada innovación pedagógica, envoltorio de métodos de aprendizaje indoloros y milagrosos, que esconde la falacia de la ciencia infusa.

¿Qué clase de aliciente tiene algo facilón? ¿Cómo vamos a cultivar en nuestros jóvenes la virtud de la constancia si les garantizamos un título sin trabajo? ¿Por qué van a valorar su disciplina académica si no requiere esfuerzo? ¿Para qué van a asistir a las clases si no hay tensión intelectual? ¿Es que se puede alcanzar la excelencia en cualquier trabajo sin luchar por ello? 

Todos conocemos las respuestas a las preguntas precedentes. Entonces, ¿por qué actúan así estos profesores? Evidentemente, no tengo una respuesta sencilla; cada uno es cada uno, (y tiene sus cadaunadas, que diría Unamuno) y desconozco las intenciones de los demás. Sin embargo, el "¡Todos aprobados!" es un magnífico salvoconducto para el que no se sabe la lección, para el que elude sus obligaciones docentes o para el pusilánime, que prefiere no enfrentarse a los comisarios que velan por el correcto porcentaje de aprobados. Es un "do ut des", "te apruebo y déjame en paz", "no me exijas, que yo no te pido nada", "vive y deja vivir"...

Hay algunos que defienden que el profesor es un mero acompañante, que cada estudiante es un ser talentoso per se y que sólo es necesario que ese talento encuentre su cauce y se manifieste, cosa que será sí o sí antes o después. Podríamos rebatir esta idea fácilmente, pero creo que basta con leer a Álex Torío en la prensa estos días ("Tenemos alumnos de 18 años que no saben las tablas de multiplicar") o echarle un vistazo a los informes PISA para volver a la cruda realidad.

 

martes, 17 de diciembre de 2024

Cuando la estulticia se viste de burocracia

Si a un profesor normal le dicen que para dar clase sobre la literatura del Siglo de Oro ha de vestirse como el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha o que para explicar electrónica digital tiene que disfrazarse de electrón, inmediatamente pensaría que el interlocutor es tonto o que le han tendido una trampa en un episodio de cámara oculta.

Sin embargo, en la Universidad de Alcalá se ha propuesto un grupo de innovación docente denominado “La indumentaria histórica como recurso de aprendizaje innovador e interdisciplinar” que ha sido sometido a la sesuda evaluación del pertinente consejo asesor en convocatoria “oficial” del ministerio, ¡perdón!, del Vicerrectorado de Innovación Docente, de manera que la estupidez se ha sustanciado en acto administrativo, pasando automáticamente del mundo de las tontunas a materia burocrática.

Gracias a Dios, y a algún inusual destello de lucidez, dicho grupo ha sido calificado como “no favorable” terminando, por ahora, el recorrido de la bobada, aunque no deberíamos descartar que en la siguiente convocatoria pudiera salir adelante, porque lo importante es ir preparado al personal, poco a poco, para que acepte la estulticia como genialidad.

Otros grupos de innovación docente no le andan a la zaga: "Inteligencia colectiva aplicada a la evaluación", "Reflexión y coordinación: innovar en la docencia de la telecomunicación", "Retos del docente en ingeniería química y ambiental", "Supremas", "Guadalajara laboratorio real de aprendizaje docente", "Grupo de innovación docente para el compromiso y liderazgo a través de la innovación y la orientación", "Interpretación interdisciplinar de la edad media para la educación en competencias. Hita y su arcipreste", "Enseñando programación para el desarrollo sostenible" (aquí habría que fichar a Begoña Gómez) y un largo etcétera.

El lector ya se habrá dado cuenta de que no hace falta que el nombre del grupo identifique nada razonable, sino que basta con mezclar de una manera más o menos ingeniosa los términos mágicos "innovación" e "interdiciplinar" y los archiconocidos "gamificación", "flipped learning" o "clase invertida" —que he evitado seleccionar en la recopilación anterior por manidos— para evocar el aroma de la elusiva ciencia infusa y caer rendidos a la seducción de lo novedoso. Todo falso y peligroso cual sirenas de Ulises en la Odisea.


Estos grupitos no sirven para nada y lo sabe todo el mundo, pero en la Universidad de Alcalá son necesarios para superar el programa de evaluación de la calidad docente (DOCENTIA) y por eso hay tanta demanda. Llevamos años innovando en estas bobadas y ninguna se ha trasladado a las aulas, salvo la clase invertida que básicamente se concreta en decirles a los alumnos: tú te lo estudias por tu cuenta y yo vengo a clase a resolver dudas, es decir, a cobrar sin trabajar. ¡Fantástico!

Lo peor de todo es que este culto a la estulticia crea todo un órgano administrativo con su vicerrector y organigrama completo de cargos académicos y servicio de personal administrativo, su Consejo Asesor del Centro de Apoyo a la Innovación Docente y Estudios Online-IDEO (ahí es nada) y toda su parafernalia. Cada curso académico se abren convocatorias de creación, evaluación y seguimiento de grupos de innovación docente y de proyectos de innovación docente, en las que se procesan decenas de expedientes en interminables procedimientos que aseguran el entretenimiento de mucha gente.

Al vestir la estupidez de burocracia se mitiga bastante la natural repulsa que produce este disparate, provocando que caigan más cretinos en sus redes. A final, todo este trabajo en balde, de solicitantes y evaluadores, detrae recursos económicos y personales con el único fin de mantener un teatrillo absolutamente estéril de falsa erudición. Y, mientras, los rectores piden más dinero, porque dicen que no les llega con la financiación pública que se les pasa, sin rendir cuentas, como sería deseable, parapetados en el derecho a la autonomía universitaria. Un descarado y absoluto fraude a la sociedad.


jueves, 13 de octubre de 2022

¡Neopedagogos! A ver si os enteráis: el hombre no ha cambiado

Estoy terminando de leer la autobiografía de Agustín de Hipona, nacido en Tagaste, cerca de Cartago, en 354, y considerado el máximo pensador del primer milenio, al que debemos importantes aportaciones sobre filosofía, ética, teología, el concepto del tiempo, la naturaleza de la memoria, etc. En su juventud fue maestro de gramática y retórica, y es aquí donde quiero detenerme.

Dice Agustín de sí mismo que cuando era niño “[…] no gustaba yo de las letras y odiaba el que me urgiesen a estudiarlas. Con todo, era urgido y me hacían gran bien. Quien no hacía bien era yo, que no estudiaba sino obligado […]” (Confesiones 1,12,19). Es decir, a nuestro famoso pensador hubo que forzarle a estudiar, porque no basta con tener talento.

Más tarde cuenta que, sintiéndose frustrado, decide ir a Roma, la Nueva York de la época, y explica sus motivos así: “[…] mi determinación de ir a Roma no fue por ganar más ni alcanzar mayor gloria, como me prometían los amigos que me aconsejaban tal cosa —aunque también estas cosas pesaban en mi ánimo entonces—, sino la mayor causa, y casi sola, era oír decir que los mancebos que estudiaban en Roma eran más quietos y más bien disciplinados, porque no entraban en tropel en la escuela de otros maestros, ni eran admitidos por ellos sin licencia del suyo. Todo lo contrario de lo que se hacia en Cartago, adonde los estudiantes son descorteses y mal criados, entran desvergonzada y furiosamente y turban la orden que los maestros tienen puesta a sus discípulos para que aprendan mejor; hacen mil agravios con poco seso, que por las leyes deberían ser castigados, si la costumbre no los excusase; la cual muestra que ellos son tanto más miserables cuanto, por costumbre, más se les permite lo que por vuestra eterna ley nunca les será lícito; y piensan que no hay castigo en lo que hacen, siendo su castigo la ceguedad con que lo hacen y, sin comparación, mayores son los males que padecen que no los que hacen. De manera que las costumbres que siendo yo estudiante no quise seguir, después siendo maestro era forzado a sufrirlas en los otros. Y por eso me agradaba el ir a parte donde todos los que lo sabían me decían que no había tales costumbres.” (Confesiones 5,8,14).

Agustín está harto de aguantar indisciplina y falta de respeto y, por eso, se traslada a Roma, con la esperanza de conseguir mejores estudiantes. La disciplina es fundamental a la hora de enseñar. Hoy, ayer y siempre. No me quiero olvidar de la advertencia a los insubordinados: mayores son los males que padecen que los que hacen.

Ya en Roma, nos cuenta “[…] al punto advertí con sorpresa que los estudiantes de Roma hacían otras travesuras que no había experimentado con los de Cartago. Porque si era verdad, como me habían asegurado, que aquí [Roma] no se practicaban aquellas trastadas de los jóvenes perdidos de allí [Cartago], también me aseguraban que aquí los estudiantes se concertaban mutuamente para dejar de repente de asistir a las clases y pasarse a otro maestro, con el fin de no pagar el salario debido, faltando así a su fe y teniendo en nada la justicia por amor del dinero.” (Confesiones 5,12,22).

Pensemos ahora que todo esto pasa alrededor del año 400, es decir, hace más de 1.600 años. Es evidente que el hombre no ha cambiado nada. Dejémonos de vender la innovación pedagógica como la poción mágica que promete aprender sin esforzarse. No, la ciencia infusa no existe: los profesores tenemos que dar clase y los alumnos tienen que estudiar, aunque lo odien. Y la indisciplina no es naturalidad, sino falta de respeto.

Otro día, quizá, me detenga a hablar de la idea de la memoria según Agustín de Hipona o sobre su concepto del espacio-tiempo, que, para Roger Penrose, se adelantó 1.500 años a Albert Einstein.


Bibliografía:

- San Agustín, Confesiones, Austral, 2017. Traducción de Pedro Ribadeneyra
- Traducción online de Ángel Custodio Vega Rodríguez, revisada por José Rodríguez Díez: https://www.augustinus.it/spagnolo/confessioni/index.htm




jueves, 29 de octubre de 2020

La obsesión de la señora Celaá por regalar títulos

Lo de esta señora, ministra para más señas, raya con lo patológico. ¡Qué manía con regalar títulos!

La verdad es que no me entra en la cabeza que sea catedrática de bachillerato. ¿Cómo puede alguien, que se ha dedicado a la enseñanza, poner tanto empeño en destruir su propia labor docente? Podría entender que una persona, presa de una cierta ideología, no fuera capaz de confrontar la realidad con su mundo profesado, pero una profesora a la que se supone experiencia contrastada en las aulas... ¡No lo entiendo!

Publica hoy EL MUNDO la noticia de que un profesor jubilado de Física y Química de 62 años es el hombre que ha logrado cercar a Isabel Celaá consiguiendo que la Fiscalía investigue a la ministra por forzar la LOMCE para dejar pasar de curso sin límite de suspensos.

Como ya he dicho muchas veces, aprender requiere esfuerzo. La ciencia infusa no llega ni utilizando las nuevas tecnologías ni por más "motivador" que sea el docente ni por mucho que se empeñe ningún ministro.

Si el profesor no exige lo que consigue es desmotivar, precisamente lo contrario de lo que debería ser su objetivo. Poner las asignaturas de saldo no contribuye al proceso de enseñanza-aprendizaje. Los seres humanos somos así: lo que obtenemos con esfuerzo nos provoca más satisfacción que lo que nos regalan.

Como dice, Jesús Luis Domínguez, nuestro David contra Goliat Celaá, "regalar las notas genera jóvenes dóciles, acríticos y manipulables". ¿Será eso lo que busca nuestra ministra? No puedo conocer las intenciones de doña Isabel pero me da la sensación de que muchos de estos políticos que nos gobiernan no están interesados en que la educación cumpla su función de ascensor social sino más bien de que todo esté tranquilo mientras ellos prosperan... cosa, que en el caso de nuestra titular de educación, es un hecho pues vive en Neguri, una de las zonas más caras de España.

"El docente que suspende está mal visto y no es infrecuente observar a profesores que aprueban a alumnos de los que dicen que no saben nada" afirma nuestro profesor de Física y Química. Lamentablemente, esto es absolutamente cierto y lo hemos comentado aquí en otras ocasiones. No es nada fácil aguantar la presión cuando el sistema no hace más que atacar al profesor que enseña.



domingo, 9 de agosto de 2020

Quintín Racionero

Dedico esta entrada al filósofo y catedrático de la UNED Quintín Racionero (1948 - 2012) cuya figura me presentó uno de los alumnos con los que mantengo debates epistolares acerca de los temas de este blog. Tengo que agradecer a Andrei el dichoso descubrimiento de este profesor del que no había tenido noticia anteriormente.

Quintín era (es) un fantástico comunicador. Da gusto oírle hablar y también da un poquito de envidia (de la buena) desde un punto de vista profesional. Dejo aquí el vídeo que me ofreció Andrei: Los 3 grandes errores de la universidad; y animo a mis lectores a saborear otros materiales suyos (vídeos, audios o textos) igualmente interesantes que podemos encontrar por decenas en la red.

No puedo estar más de acuerdo con el diagnóstico que el profesor Racionero exponía en 2012 con la salvedad de que 8 años después las cosas están aún peor.

El primer error tiene que ver con la falsa promesa del aprendizaje sin esfuerzo. La enseñanza blandita, mullida, cómoda, acolchada, de eterno jardín de infancia... No cabe duda de que la educación en general se ha "maternizado" hasta extremos delirantes. Me resultan disparatados algunos comentarios que dejan mis alumnos en las encuestas refiriéndose a mis clases en términos que evocan escenarios castrenses como los de La chaqueta metálica o El sargento de hierro, quejándose amargamente de que no entienden... ¿Prefieren acaso, que por el dinero que pagan, les junte la "m" con la "a" para leer "mamá"? No lo creo.

En el vídeo se denuncia que ahora el alumno no tiene que hacer nada para aprender. Es más, se irrita si se le pide que haga algo. Hemos pasado de fomentar la autonomía intelectual (la libertad en definitiva) a facilitar para incapacitar. La falacia de la ciencia infusa de la que tanto hemos hablado.

También sale Bolonia y su utilización como excusa para degradar el sistema y, esto lo digo yo, incrementar el coste mediante el ancestral mecanismo de dar menos por el mismo precio en los grados y ofrecer humo de colores triplicando el precio en los máster.

El protagonista del vídeo señala a los pedagogos (véase a partir del minuto 6:40) como una de las causas principales del colapso del sistema educativo en base a una errónea concepción de la naturaleza humana. Son nuestros comisarios políticos. Ellos y los que se erigen en expertos en innovación pedagógica. Yo tengo un compañero que hace esa labor de agente encubierto desde el "anonimato" de la comisión DOCENTIA y le agradezco mucho sus paternales consejos en los que me anima a seguir las recomendaciones de mis alumnos con el objetivo de hacerles la vida más llevadera... ¡Vamos! lo de la "m" con la "a". Gracias querido A. pero tengo conciencia y no estoy para engañar a nadie. Seguro que en la próxima evaluación me propone pasar un tiempo en un campo de reeducación en vista de mi nula voluntad de cambio.

En segundo lugar, se denuncia el desastre de la selección del profesorado. Las plazas se convocan con "nombre", están dadas. Esto es contrario de los principios constitucionales de publicidad, mérito y capacidad, y al más elemental sentido común que aconseja un cierto grado de competencia si queremos tener a los mejores dando clase.

En truco del almendruco consiste en convocar plazas con perfil docente y perfil investigador. La intersección de ambos perfiles suele dar como resultado el conjunto unitario con el nombre y dos apellidos del elemento previamente designado. Así, el chico que le escribe los papers al catedrático suele conseguir su plaza. Evidentemente, no será una plaza que le permita continuar su carrera por libre. Será lo suficientemente precaria como para tener que seguir escribiéndole los artículos a quien corresponde.

Para colmo, ese catedrático, que configura su "equipo de colaboradores" en función de estrictos intereses personales, ni siquiera obtuvo la plaza de manera competitiva demostrando su valía en concurso público sino que alcanzó el Olimpo universitario mediante promoción interna para mayor gloria (y control) del Rector y su aparato de intereses.

El lector ya habrá caído en la cuenta de que en este escenario es natural que nuestras universidades se hallen dónde se hallan en las clasificaciones internacionales y no deja de ser milagroso encontrar a alguien que sepa un poco y que quiera enseñarlo.

¡Vean el vídeo!

miércoles, 15 de abril de 2020

A mis alumnos confinados por COVID-19

Estimados alumnos confinados por COVID-19:

La intranquilidad y angustia que experimentáis respecto a los procedimientos de evaluación es comprensible dada la falta de certezas que padecemos en estos días. Me gustaría subrayar que la zozobra no se sufre sólo por vuestro lado sino también por el lado del profesorado. No obstante, en vez de alentar las emociones negativas, es mucho más sano ver la situación como una oportunidad y planificarse el aprendizaje de la manera más cómoda y eficiente posible. Dado que disponemos de más tiempo, ya que nos estamos ahorrando los desplazamientos, vamos a dedicar ese tiempo adicional a preparar las asignaturas haciéndonos unos buenos apuntes y resolviendo los ejercicios propuestos. Si tenéis preparadas las asignaturas, ¿qué más da cómo se evalúen? Pensemos en aprender, no en aprobar.
Planteáis un panorama dantesco: gran variedad y cantidad de dificultades, falta de claridad ante los temas, imposibilidad de seguir la asignatura con los recursos disponibles en Internet, dudas imposibles de resolver por correo electrónico... Y proponéis una solución que viene a ser el Bálsamo de Fierabrás (léase el Quijote), que disolverá todas las dificultades como por ensalmo, a saber, los vídeos.
Los vídeos educativos se han convertido en la punta de lanza de la neopedagogía y se nos presentan como lo más próximo a la ciencia infusa. Esa ciencia que se adquiere sin esfuerzo, de ahí lo de infusa, concedida por arte de magia. Como en Matrix, ¿recordáis? Si hace falta, me puedo bajar al cerebro el manual de pilotaje del último ingenio volador. Se nos vende la idea con diferentes nombres: píldoras educativas, vídeo cápsulas, e-learning, etc. Y ha cundido la fe en ellos como puede cundir en la eficacia de un crecepelos revolucionario. La idea es evocadora pero nada más.
Siento desilusionaros, pero el conocimiento se formaliza y se transmite a través de la lectura y el trabajo intelectual. En la vida real, el gobierno es por escrito, los contratos son por escrito, las especificaciones de un proyecto son por escrito, los pliegos de condiciones son por escrito, los manuales son por escrito... y así todo. Hay que aprender a escribir bien y hay que adquirir la destreza de leer bien. El uso de vídeos para transmitir conocimiento, como ya os expliqué un día, es una vuelta a la Edad Media, una época en la que la gente normal no sabía ni leer ni escribir y tenía que aprender a través de las imágenes de los templos y las actuaciones de los trovadores. ¡Por favor! No vayamos para atrás.
Tenéis material abundante para preparar cada uno de los temas de la asignatura: una colección de diapositivas que representan el equivalente a la clase presencial, una documentación complementaria que equivale a la bibliografía, una colección de problemas y sus correspondientes soluciones. Además, las prácticas de laboratorio para las que contáis con las herramientas de desarrollo, las colecciones de dispositivas, las prácticas a realizar y las soluciones a las mismas.
No entiendo qué aporta la "clase telemática" o los "vídeos pregrabados". Tenéis las presentaciones para que las estudiéis cuando consideréis oportuno y os hagáis unos apuntes con ellas y la bibliografía complementaria. Y para las dudas, me tenéis a vuestra disposición en el correo electrónico, que en el presente estado de confinamiento es como estar de guardia las 24 horas del día.
Solamente en problemas resueltos creo que hay más de medio centenar. Editados de una manera clara, detallada y con ilustraciones. Una “currada” como diríais vosotros. Todo un arsenal de medios online con los que trabajar la materia. Y ahí está el secreto: en la palabra TRABAJAR. Hay que organizarse, leer las presentaciones y la documentación, confeccionar unos apuntes, intentar resolver los problemas, contrastar las soluciones... Es decir, ser sujetos activos del aprendizaje, porque sin esa disposición nada se puede conseguir, ni con clases presenciales ni sin ellas.
Vivimos unos días en los que es muy fácil caer en el temible "déficit de atención". Un síndrome derivado de la incertidumbre y del compulsivo deseo de consumir noticias. Os aconsejo esconder el móvil durante varias horas cada día porque este cacharro nos roba el tiempo y la vida: no podemos atender a todos los vídeos que nos mandan, ni ver todos los memes que recibimos. Las noticias son reiterativas y no aportan nada más que creciente incertidumbre. Poned un poco de orden y a ESTUDIAR. Y seguro que ese panorama dantesco que describís se transforma.
Convenceos, la ciencia infusa no existe. Es un concepto religioso que el propio libro del Génesis presenta como un don malogrado, que no se va a hacer realidad por muchos vídeos que veáis. Que nadie os engañe. No pongáis en los demás la responsabilidad que solamente a cada uno atañe.
Espero haber contribuido con mis reflexiones a que no perdamos de vista lo importante. Tranquilidad, calma, estudio, trabajo.
Saludos cordiales.

Vuestro profesor



jueves, 1 de diciembre de 2016

Matrix y la ciencia infusa

Este curso, durante la primera hora de clase, además de la habitual presentación de la asignatura y sus criterios de evaluación, me empleé a fondo en demostrar que la ciencia infusa no existe.
En principio se entiende por ciencia infusa el don por el cual conocemos sin esfuerzo. Esto presupone el concurso de un tercero que nos infunde un catálogo de saberes y queda por determinar si dicho catálogo es elegido a demanda o viene de serie. Hoy en día, nuestro sistema educativo identifica a ese “tercero” con el profesor... ese taumaturgo capaz de saber, de comunicar, de animar, de motivar y de “infundir” ciencia.
El concepto de ciencia infusa viene del cristianismo y hace referencia a los dones de que gozaban Adán y Eva en el paraíso. Sin embargo, de mis 150 alumnos de este curso sólo uno estaba informado del origen religioso del concepto y por eso acudí a Matrix, la película.
Hay una escena en Matrix (no sabría decir en cual de las entregas) en las que uno de los protagonistas necesita pilotar una nave y pide al mando central que le descarguen en su mente el manual de uso. Pues bien, le bajan el manual a través de su conexión cerebral y –¡voilà!– no sólo adquiere un conocimiento preciso sobre la nave sino la destreza (“competencia” dicen los pseudopedagogos) para pilotarla.
Evidentemente, lo de Matrix es de película, no existe. Y lo de Adán y Eva es una creencia cristiana que se circunscribe a una edad perdida, los tiempos del paraíso. En el mundo real, para aprender algo siempre hay que esforzarse.
No obstante, el dogma de la ciencia infusa prolifera entre nuestros pseudopedagogos. Muy innovadores ellos, muy modernos pero creyentes fieles de dogmas. ¡Que no hombre! Pedagogo, si haces ciencia demuestra científicamente que el profesor (profesional de la enseñanza) puede infundir conocimiento. Porque si para infundir conocimiento lo que necesitas es un ser superior dotado de poderes hipernaturales... mejor nos vamos al cine.