domingo, 2 de junio de 2019

Catedráticos de optativas

El sistema universitario español ha alumbrado un novedoso tipo de profesor: el catedrático de asignaturas optativas.
Las asignaturas optativas son aquellas que la universidad propone para que los alumnos escojan libremente completando su formación en temas especializados. La tasa de éxito en estas asignaturas siempre ha sido alta ya que el alumno va motivado y el profesor pone de su parte para que su oferta tenga demanda. Así pues, muchas veces "optativa" es igual a "maría", es decir, asignatura fácil que se supera con seguridad.
Como todos sabemos, los catedráticos son los profesores en el nivel más alto del escalafón. Cuando yo era estudiante (hace ya más de treinta años) los catedráticos nos daban clase en primero y segundo de carrera y luego en las especialidades, ya terminando los estudios. El motivo de impartir docencia a los "pardillos" supongo que tendría que ver con la intención de marcar el nivel de los estudios y "desbravar" a los novatos.
Hoy en día, en mi entorno, salvo honrosas excepciones, los catedráticos no pisan las aulas de los cursos bajos y rellenan sus escasas horas de docencia con asignaturas optativas que imparten a un puñado de alumnos.
Esto es la consecuencia lógica de un sistema universitario que prima la investigación como único mérito para progresar en la carrera profesional. La docencia no sirve para nada más que para hacer perder el tiempo al profesor que necesita a toda costa publicar artículos de investigación para ascender.
Si la docencia no sirve para nada, lo mejor es quedarse con una asignatura "maría", con pocos alumnos, en la que se cuenta algo relativo a la investigación del docente responsable de manera que le pueda proporcionar mano de obra barata que contribuya a su colección de artículos de investigación.
Resulta llamativa la abundante oferta de optativas que tienen algunas titulaciones. Todos los catedráticos de optativas quieren impartir la suya. Y así pasa, que algunos dan clase a un alumno, a dos, a tres... ¡Un chollo! Además, como son tan pocos, ¿para qué vamos a explicar algo? Que hagan un trabajo... y ya nos vemos el último día de clase.
Los catedráticos de optativas no dan clase en "primerillo" (como dice mi hija) pero están muy preocupados con la tasa de aprobados en los cursos bajos porque si suspenden muchos allá no les llegarán "clientes" a sus optativas y se les acabará el chollo. Entonces se dedican a presionar a los pobrecillos compañeros que están por debajo en el escalafón para que aumente su "desempeño académico" que es una manera cursi de decir que se apruebe a todo el mundo. Si ellos van a mandar un trabajo y a dar aprobado general, ¿qué más les da que los chicos sepan algo o no?
El catedrático de optativas es un ente sorprendente ya que lo sabe todo de nada. El ámbito de su "investigación" es ultra especializado y se cuentan por cientos sus artículos de investigación aunque no parece que la relevancia de los mismos alcance más que para adornar su ego. En la universidad española de nuestros tiempos ni Einstein ni Schrödinger ni Newton serían catedráticos... aunque felizmente gozaríamos de su sabiduría en primero y segundo de carrera.
¡Viva la investigación!


viernes, 18 de enero de 2019

La foto

Retomo el blog. Entre la entrada anterior y esta ha pasado todo un cuatrimestre. Hoy he terminado de corregir los últimos exámenes. Me encuentro agotado. O me estoy haciendo “mayor” muy rápido o he trabajado mucho más... o ambas cosas a la vez. Me siento cansado, sí, y decepcionado. Los resultados de los exámenes de enero son deprimentes. Las pruebas de mitad de curso no eran malas pero la debacle final es lamentable.
Es verdad que aún no he metido todos los datos (pruebas de teoría, laboratorio, etc.) en la “sábana” de la hoja de cálculo que determina la calificación aplicando pesos y porcentajes a cada “instrumento de evaluación” (véase el pomposo lenguaje que utilizamos en clave neopedagógica) pero sea cual sea la tasa final de aprobados lo evidente es que los chicos ni estudian ni aprenden. No hace falta utilizar sofisticados “instrumentos de evaluación” para darse cuenta de que algo va mal.
Me viene a la cabeza un titular, “La estafa de Bolonia”, que quizá debería ser el tema a desarrollar en un libro que describiera la universidad de hoy en día. No sé si me animaré a escribirlo o lo dejaré para otra entrada pero hoy quería regresar al blog con algo más sencillo.


* * *

Se han cumplido 25 años de funcionamiento en el CEIP por el que han pasado mis hijos y en el que está a punto de terminar 6º de primaria la pequeña después de haber pasado por todos los niveles. Tengo que felicitar a la dirección y al claustro de profesores por su trabajo ya que en mi opinión lo hacen bastante bien. Al menos, yo estoy muy satisfecho.
Con motivo del aniversario se programaron algunos actos con asistencia de autoridades y miembros de la comunidad educativa y se publicó un número especial de la revista. Pues bien, en ese número aparece una fotografía del claustro de profesores que me llamó poderosamente la atención porque solamente hay profesoras. ¡Bueno! Al fondo se reconocen cuatro hombres si te fijas y los buscas con cuidado. Lo cierto es que menos de un 10% del claustro son varones.
Evidentemente esto es un hecho objetivo y no es ni bueno ni malo por sí mismo. Ya he dicho que estoy contento como padre del centro. Pero sí que es llamativo, ¿no?
En los últimos años he visto jubilarse a varios profesores y siempre han sido reemplazados por profesoras. Si alejamos el foco y miramos a otros centros creo que podríamos llegar a la conclusión de que existe una cierta “feminización” (¡vaya palabreja!) de la profesión. O desde otro punto de vista, podríamos afirmar que los varones están siendo expulsados (metafóricamente) de la profesión por razones que quizá merece la pena estudiar aunque solamente sea como caso sociológico.
Lo que parece cierto es que los varones no encuentran motivo o estímulos suficientes como para dedicarse a la carrera profesional de maestro. Como no he hecho ninguna encuesta sobre el particular no puedo aventurar si es que los emolumentos no son atrayentes o si el motivo está en el reconocimiento social o vaya usted a saber qué...
En cualquier caso, en mi opinión, es empobrecedor que la profesión de maestro se “feminice” (¿se dice así?). Al igual que en casa es importante para un desarrollo armónico de los hijos la referencia masculina y femenina considero que es bueno que los chicos se eduquen conviviendo con maestros y maestras.
Otro tema que me llama la atención es que esta “feminización” del cuerpo docente no sea objeto de denuncia por parte de los movimientos feministas mientras que sí lo sea en el caso de la enfermería o el personal de limpieza.

claustro_CEIP



sábado, 15 de septiembre de 2018

¡Comienza el curso!

O mejor en pretérito: comenzó el curso. Porque parte del éxito por venir está en haber dado ya ese primer paso, haber cortado con la poltronería estival y haber formulado con ilusión los buenos propósitos de este otoño. Lo que más cuesta es ponerse a la tarea, olvidar la tranquilidad de las vacaciones y admitir que lo normal no es holgar sino trabajar.
Esta entrada es buena prueba de que mi voluntad cabalga en esta dirección. Tenía abandonado el blog pero de hoy no pasa sin actualizar. Aquí estoy de nuevo. Por cierto, mira que cuesta dedicarle tiempo al bendito blog. Y no será por falta de ideas... ¡Qué presión la del columnista de opinión!
Hablando de ideas, la de esta entrada la he encontrado en unas notas que escribí para la “charleta” de presentación del primer día de clase del curso pasado. Este año no me he preparado nada. No sé cuál sería mi estado de ánimo en aquella ocasión pero les hablé de esfuerzo, de libertad, de actitud y aptitud y de créditos ECTS...
Intentaré explicarme. Mi intención fue animar a mis alumnos a esforzarse. Les conté que la ciencia infusa no existe y que hay que estudiar si se quiere aprobar. En este contexto les recordé que me deben 4 horas de estudio por cada día de clase de mi asignatura según los créditos ECTS.
Para los no avisados, explicaré que un ECTS (European Credit Transfer and Accumulation System) es una medida del trabajo del estudiante que cuantifica tanto el tiempo en clase como el dedicado de manera personal al estudio y que fue inventado dentro del llamado proceso de Bolonia. En mi opinión, aplicar un molde igual para todas las personas es un error que tiene su origen en una concepción mecanicista del ser humano. El ser humano es libre y variopinto y no suele ir muy bien eso de aplicarle ideas fijas... Máxime si las ideas son equivocadas.
En definitiva, recordé a mis chicos que me deben 4 horas de estudio... o 5 o 6 o quizá 2... Pero que tienen que estudiar sí o sí, porque yo no regalo títulos ni aprobados. ¡Jaja! De este tema rabiosamente actual hablaremos otro día.
Les conté eso tan motivador de que cada persona tiene un valor que es el producto de su actitud por el sumatorio de sus aptitudes según la fórmula siguiente:


Así, todos reunimos un conjunto grande de aptitudes (conocimientos, destrezas, talentos, bienes, etc.) que se suman dando un primer resultado. Pero ese resultado parcial se multiplica por un factor, la actitud, que puede cambiar el orden de magnitud del valor inicial. Es como una especie de zoom que puede achicar nuestro valor o hacerlo enorme.
Para terminar, recomiendo este escrito que también he encontrado guardado entre mis cosas: Elogio del esfuerzo de Juan Gómez-Jurado. Y me permito copiar, debidamente entrecomillado, eso sí, un párrafo del mismo que dice: “Creo que es posible construir una sociedad en la que el esfuerzo, individual y colectivo, sea admirado por encima del resultado final. Pero para ello es necesario comenzar por apreciar las bondades de ese esfuerzo, el valor del sacrificio y el mérito de la tenacidad, la constancia y la paciencia.”


domingo, 17 de junio de 2018

Los exámenes de "no-septiembre"

Me recordaba Salva hace unos días que tengo abandonado el blog. Y como tiene razón y siempre es bueno sobreponerse a las excusas, aquí voy con una nueva entrada. El tema fue parte de nuestra conversación: los exámenes de “no-septiembre”.
En opinión de todos los profesores con los que he hablado, sean de secundaria o de universidad, el adelanto a junio de los exámenes de septiembre no beneficia ni a profesores ni a alumnos.
A los alumnos no les resulta de ninguna ayuda que no les demos tiempo para volver a prepararse (o prepararse por primera vez) una asignatura. Salvo en aquellos casos en los que el alumno ha rozado el aprobado es muy difícil conseguir en poco tiempo aprender lo necesario para superar una materia pendiente. Es cierto que las estadísticas nos dicen que mayoritariamente los chicos llegan a septiembre sin haber estudiado pero eso no es razón para dar la batalla por perdida y montar este paripé de las pruebas extraordinarias en junio-julio. Da la sensación de que se hacen por aquello de que nadie diga que no se han hecho, por cubrir el expediente pero sin fe en el fondo pedagógico que tienen.
A los profesores tampoco nos beneficia. Trabajamos lo mismo y cosechamos menos aprobados. Este curso, en secundaria, se ha obligado al profesorado a duplicar la programación de junio para atender a los chicos ya aprobados y a los que deben prepararse asignaturas para la convocatoria extraordinaria. Pretender mantener a estas alturas del año dos grupos bien diferenciados de alumnos en la misma aula es una locura. ¿Qué puede hacer el docente para motivar a quien ha hecho ya su trabajo y no tiene que dar cuenta de él?
Entonces, ¿a quien beneficia el adelanto? El sentir general es que beneficia a la Administración, es decir, a la burocracia. Los burócratas se van de vacaciones con el trabajo hecho y todos los plazos cumplidos: plazos de reclamaciones, plazos de solicitudes, plazos de matriculaciones, plazos de traslados, etc... De nuevo se trata de poner al procedimiento por encima del ser humano, en la (falsa) convicción de que los sistemas hacen bueno al hombre.
También puede beneficiar a aquellos padres que se evitan el mal trago de propiciar el estudio estival de sus hijos suspensos pero creo que esta categoría de padres irresponsables no es abundante.
El problema planteado ha saltado a la palestra informativa. El diario EL MUNDO se hacía eco a primeros de junio. Allí se nos cuenta, entre otras cosas, como los alumnos aprobados se ven perjudicados por un sistema que les resta horas lectivas y que les tiene sin hacer nada durante muchos días.
Creo que este nuevo cambio en nuestro sistema educativo vuelve a ser un cambio a peor. Si dejamos de formar a aquellos que van bien reduciendo el tiempo real de clase estamos haciendo un flaco favor a la sociedad en su conjunto.


examen

viernes, 20 de abril de 2018

¿Nos obligan a aprobar a los alumnos?

Hace unos días, a la vuelta de Semana Santa, estaba esperando a la pequeña en la valla del cole cuando se acercan mis amigos Ana y Pedropa y me preguntan casi a bocajarro “Rafa, ¿es verdad que os obligan a aprobar a los alumnos?” Ellos saben que yo doy clase en una universidad madrileña.
Les pregunté la razón de su inesperada curiosidad y me explicaron que habían salido unos días y que en el hotel en el que se alojaron habían conocido a una pareja. Ella era profesora de universidad y les contó lo harta que estaba del acoso que sufría para que aprobara a los alumnos.
Lamentablemente tuve que confirmar a mis amigos que lo que les había contado esa colega es absolutamente cierto. No afecta a todas las universidades por igual pero sí que se ejerce ese acoso en algunos centros. Eso sí, astutamente disfrazado de celo por la calidad.
El mecanismo es taimado. Nadie te dice qué porcentaje de alumnos tienen que aprobar pero si tus actas reflejan una media por debajo de un cierto umbral te obligan a elaborar informes, te someten al escarnio de comisiones de alumnos y no te dejan vivir. Nunca podrás demostrar que te extorsionan ya que ellos se amparan en su desvelo por la calidad docente. Dará lo mismo si los alumnos estudian o no, si los planes de estudios están bien o mal confeccionados e incluso dará lo mismo si en los cursos precedentes se aprobó a los alumnos sin saber.
Argumentan que la universidad ha de ofrecer un retorno social. Es decir, que el dinero que la sociedad invierte ha de producir titulados. Algo así como si fabricáramos coches o ladrillos: tanto inviertes tanto produces. Olvidan que el proceso de enseñanza-aprendizaje se debe dar en libertad y que, por tanto, no está asegurado qué rendimiento va a producir. Máxime si nuestros alumnos vienen de una enseñanza secundaria más que mejorable que les deja ayunos de conocimientos y esclavos de una indolencia intelectual colosal.
Olvidan, también, que el mayor retorno social es lograr titulados que cumplan con las expectativas y no regalar papelitos para colgar en la pared.
Por otra parte, el acoso al profesorado para que apruebe a sus alumnos cercena el derecho a la libertad de cátedra y pone en jaque los cimientos de la convivencia democrática. En mi opinión, una de las funciones más importantes de la universidad pública es la certificación, o sea, dar fe de que los títulos otorgados cumplen con las expectativas haciendo efectivos los principios constitucionales de mérito y capacidad.
Algunos de vosotros os preguntaréis ¿por qué buscan titulados a toda costa? ¿por qué aprobar a chicos que no saben? Muy sencillo: para mantener el sistema. Para no cerrar centros. En el fondo, para mantener el puesto de trabajo aunque sea a costa de defraudar a la sociedad. En España sobran universitarios y sobra tanta plaza universitaria que alrededor de 25.000 quedan sin cubrir cada curso.
Enlazo algunos datos del curso 2013-2014, del curso 2017-2018 y más aquí de los últimos 8 cursos.




sábado, 14 de abril de 2018

El juez Emilio Calatayud y la autoridad

Emilio Calatayud es juez de menores de Granada, magistrado, escritor y conferenciante (y... ¡bloguero!). Es famoso por sus sentencias en las que impone penas basadas en la educación y el trabajo social en lugar de la privación de libertad. También es reconocido su sentido común al abordar los problemas de la juventud, de la vida familiar, la formación en la escuela, etc. Su elocuencia así como su gracia y amenidad han hecho que podamos disponer de multitud de vídeos en Internet con fragmentos de sus intervenciones.
A propósito de mi anterior entrada (La disciplina mejora el rendimiento académico) dejo aquí un enlace a un vídeo de una de sus conferencias. En esta ocasión dictada el pasado mes de febrero en Murcia.

ENLACE (el vídeo dura algo menos de 5 minutos)

Emilio Calatayud

viernes, 9 de marzo de 2018

La disciplina mejora el rendimiento académico

El título de la entrada les parecerá a muchos una evidencia pero para la dictadura de la santa innovación y la nueva pedagogía esta afirmación no es tan fácil de digerir. Los gurús de la modernidad perciben la disciplina en la enseñanza como una limitación a la felicidad vaporosa que debe reinar en el aula.
Ha tenido que venir la OCDE para señalar, a partir de los datos del último informe PISA, que la disciplina mejora los resultados más que el número de alumnos por aula. Del trabajo se ha hecho eco el diario EL MUNDO. No he podido encontrar el original aunque sí un resumen que además encuentra una relación inversamente proporcional entre el bullying y la disciplina.
Con todo, los neopedagogos se resisten a admitir los hechos. Nos dicen que el término disciplina ha cambiado. Ahora los alumnos no deben obedecer al profesor por miedo al castigo sino que debe haber un buen clima de convivencia y respeto, aseguran. Y añaden que vivir en sociedad supone acatar unas normas a todos los niveles.
Yo opino que lo que propugnan es lo de siempre. ¡Claro que debe haber un buen clima de convivencia! Basado en el respeto mutuo, en el deseo de aprender, en la buena educación... Y eso, en el fondo, supone ajustarse a unas normas. Nada ha cambiado.
Lo que sucede es que, a veces, no se dan esas condiciones y los alumnos se saltan las normas. ¿Qué hacer entonces? Renunciar a las sanciones es caer en la ingenuidad del que piensa que “to er mundo é güeno”. No hay norma sin régimen disciplinario, sin sanciones.
Pensemos en las normas de circulación. En principio todos las conocemos y las queremos cumplir pero cuando nos saltamos una de esas normas nos imponen una sanción que nos ayuda a “ir por el buen camino”. ¿Apelar a nuestra buen voluntad para eludir la multa nos servirá de algo? Sabemos que no.
Pues igual en la escuela. Es más, dimitir del deber de construir un buen ambiente en clase es faltar al derecho a aprender de los que se portan bien. Además de que, para que el profesor pueda desarrollar su labor correctamente, tienen que darse las condiciones adecuadas como ya comenté en otra entrada.
Nuestros brillantes neopedagogos no permiten que la realidad les estropee su fraudulenta ideología e incurren en contradicción: ¿normas sí, sanciones no?

disciplina

La imagen evoca una de las posibles causas
de la falta de disciplina en las aulas.