lunes, 13 de marzo de 2017

El Ratoncito Pérez

Me cuenta mi hija Cris que el Ratoncito Pérez sigue visitando a sus compañeras de clase en 1º de ESO y, la verdad, es que me he quedado un poco asombrado. Cuando yo era pequeño, si no recuerdo mal, el ratoncito sólo te visitaba con la caída del primer diente de leche. Claro que, como soy muy mayor, eran otros tiempos: achuchados, oscuros, llenos de restricciones y, sobre todo, predemocráticos...
Se ve que con el advenimiento del Estado del Bienestar, los derechos de los niños se ha extendido a todas las piezas de leche y el trabajo del pequeño roedor no acaba hasta bien entrados los 13 años con el recambio del último molar. Se supone, evidentemente, que la partida presupuestaria con la que se ha dotado este derecho se habrá ido incrementando adecuadamente para evitar disfunciones, falta de equidad y discriminaciones.
No obstante, creo que no está de más reflexionar un poco. ¿No parece anacrónico hacer trabajar al Pérez tanto tiempo? Al mismo tiempo que a estos niños se les hace vivir en el mundo onírico del comprador de dientes, se les permite ver en televisión cualquier cosa, reciben en el instituto información sexual “avanzada” y participan del mundo de los adultos con muchas otras experiencias que no voy a enumerar. O son niños pequeños o no... pero no vale tratarlos de dos maneras diferentes según nos convenga... ¡¡¡porque les volvemos locos!!!
Los papás y mamás de mi entorno lo hemos hablado muchas veces: parece que hay una esquizofrenia rampante en nuestra sociedad. Por un lado, tenemos la sensación de que en cuanto los niños llegan al instituto, sus familias dan por concluido el acompañamiento necesario en la infancia, desconectan de sus hijos y los obligan a navegar solos como si fueran adultos. Y por otro, se sustituye la atención y el cariño por una malentendida extensión de derechos que les proporciona una vida acolchada llena de ratoncitos Pérez, dispositivos electrónicos, diversión, permisividad y... ¡falta de control!
Por un lado se otorga a los chicos todos los derechos de los adultos pero por otro lado se les evitan todas las responsabilidades y deberes que conlleva la madurez. Parece que la atención y el cariño consisten en llevar a la familia el Estado del Bienestar satisfaciendo una cartera de beneficios cada vez más amplia. Sin embargo, la primera manifestación del cariño, que es la educación en la virtud y en la responsabilidad, brilla por su ausencia. Los chicos necesitan saber que existen reglas y límites, que hay derechos y deberes. La señal más cierta de que les queremos es saber decir “no” cuando es debido.
Se habla de la “primarización de la secundaria” como uno de los problemas de la educación en España. El proceso de aprendizaje requiere esfuerzo, responsabilidad en los deberes. Ahora bien, si los padres fomentamos los derechos de los chicos y les hacemos creer que no existen deberes, es inmediato deslizarse hacía esa “primarización”.
Y me pregunto, ¿se está hablando en la subcomisión del Congreso de los Diputados por el pacto educativo de las obligaciones de los alumnos? Porque igual que necesitamos mejores profesores también necesitamos mejores alumnos.

Infografía Miguel R.

jueves, 2 de febrero de 2017

Innova y haz lo que quieras

El título de esta entrada parafrasea el “ama y haz lo que quieras” de Agustín de Hipona. La célebre sentencia resume un principio moral que ha dado muchos quebraderos de cabeza a moralistas de todas las épocas por su propensión a servir de excusa a cualquier actitud licenciosa.
Lo cierto es que la innovación, como el amor de Agustín, se convierte con frecuencia en coartada perfecta para los caraduras de la educación: “innova y haz lo que quieras”. Hago lo que me da la real gana y que nadie me critique, ¡que estoy innovando!
La innovación es una actitud que tiene buena prensa. Igual que invocar el amor siempre suena bien, proponer algo novedoso siempre tiene aceptación, despierta la curiosidad y evoca un panorama positivo. Hasta aquí todo es natural... El problema es que en educación (como en casi cualquier cosa) tras la propuesta innovadora tiene que haber un proceso de evaluación de resultados que ratifique la bondad de la idea o que la destierre porque no contribuye a los fines de la educación. Digamos que la innovación tiene que venir acompañada de una gran dosis de honradez intelectual y humildad profesional que permita dilucidar su eficacia.
Lamentablemente, lo más habitual hoy en día es que se tome por bueno todo lo que es nuevo sin cuestionar los resultados. Es más, mostrando una resistencia numantina a que se contrasten los resultados. De ahí viene parte del rechazo a las reválidas y pruebas similares.
Permítame, paciente lector, que encasquete aquí algo relacionado con la Arquitectura de Computadores, mi asignatura. William Kahan, matemático especializado en ciencias de la computación, dijo hace ya tiempo que “lo rápido expulsa a lo lento aun cuando lo rápido sea erróneo”. Pues bien, podríamos parafrasear también a Kahan diciendo que en educación “lo nuevo expulsa a lo viejo aunque no sirva para nada”... y prometo no parafrasear a nadie más, ¡de verdad!
Ya no sirve aprender nada de memoria, la clase magistral está proscrita, el mérito y el esfuerzo son carcas (y he leído que hasta neoliberales)... Ahora lo que mola es el FC (Flipped Classroom), el e-learning (aprendizaje electrónico), el coaching, las TIC y toda una colección de anglicismos, siglas y acrónimos que quedan muy bien en boca del experto educativo pero que no sé si resistirían la prueba del algodón de un examen en condiciones.
Esto de la innovación también es un filón para ciertas empresas. Muchas veces el fervor por la innovación no es más que búsqueda de negocio. El pasado mes de diciembre publicaba LA VANGUARDIA un artículo titulado “El móvil entra pisando fuerte en las aulas” en el que se nos cuenta como la administración educativa catalana no ve más que ventajas al uso de los smartphones en clase. Por supuesto que el artículo desliza varios nombres de proveedores de contenidos. Tampoco resulta extraño que la Fundación Telefónica esté detrás del proyecto educativo XLDesafío que tiene como fin fomentar el uso de las nuevas tecnologías en la educación, según publicaba XL Semanal en noviembre. Y en esta misma línea tenemos empresas de creación de contenidos para tabletas ligadas a cadenas de colegios concertados/privados. Evidentemente, todo es lícito pero que cada cual saque sus propias conclusiones.
No quiero terminar sin volver a Agustín de Hipona. Recuerdo la alegría que me llevé leyendo su autobiografía Confesiones, cuando relata lo que anhelaba ir a Roma a ejercer su carrera de profesor de retórica con la esperanza de encontrar buenos alumnos, harto ya de los que tenía en Cartago. ¡Y estamos hablando del año 354! Por mucho que innovemos el hombre no cambia.




miércoles, 25 de enero de 2017

De Moncloa a la negación de la naturaleza

¡Ya estoy aquí de nuevo! Ha pasado mucho tiempo desde la última entrada pero la cuesta de enero es más empinada de lo que parece: hay que confeccionar los exámenes de final de cuatrimestre para todas las asignaturas (tres en mi caso) y versiones (evaluación final, continua, conjunta, extraordinaria y... ¡vete tú a saber qué más ocurrencias surgirán!), hay que terminar de evaluar trabajos, calificar, revisar, rellenar actas... Además hay que asistir a las reuniones que pretenden organizar el futuro y a aquellas que pretenden evaluar el pasado, sin olvidar las que tienen carácter reivindicativo.
Lo cierto es que la llamada del blog no ha sido sigilosa. No diré que tan fuerte como el influjo del anillo para Frodo pero ahí estaba... cual hidra de múltiples cabezas. En primer lugar mi conciencia que me recordaba la importancia de la constancia en las tareas que uno acomete. En segundo lugar mi hijos en general y las chicas mayores en particular que no dejan de plantearme temas sobre los que escribir. Mis amigas de la valla del cole en tercer lugar, que no sólo me han recordado el tiempo que llevo sin nueva entrada sino que además me exigen que les dedique una a ellas...
Y para colmo, me encuentro con Dani en Moncloa y me habla del blog. Tengo que reconocer que esto no me lo esperaba y ha sido el desencadenante de que, por fin, me siente a escribir. Dani fue compañero de estudios en la Complutense y hacía unos 2 años que no le veía. Gracias a Juan, que reunió a la promoción cuando cumplimos 25 años de licenciados, nos vemos con más frecuencia y siempre es un auténtico placer compartir un rato con mis antiguos compañeros.
Con cierto grado de socarronería, se sorprendió Dani de que haya gente con tiempo de reflexionar en un blog. Y no le falta razón. No obstante, aparcando las urgencias de mis tareas académicas regreso con el ánimo de publicar a los cuatro vientos la importancia de reflexionar sobre lo que hacemos y lo que experimentamos... No vaya a ser que terminemos siendo como esas algas del fondo marino que se mueven a un lado u otro según marca la corriente... o, peor aún, como nuestros políticos que son “seguidores de encuestas” en lugar de auténticos líderes que guían la sociedad buscando su bien.
Claro que para buscar el bien hay que saber. Y para saber hay que estudiar y pensar. Y estudiar y pensar cuesta esfuerzo. ¡Así es por naturaleza!
¡Vaya! Con la naturaleza hemos topado. Mi hija Nieves, que está cursando una asignatura de filosofía, me decía hace unos días que ella cree que la forma de ser de las cosas se debe a su naturaleza pero que hay gente que lo niega. En opinión de Nieves la experiencia corrobora que cada ser se manifiesta según su modo y no le cabe en la cabeza que se niegue la evidencia.
Lo primero que tengo que decir es que estoy contentísimo de que mi hija (y espero que sus compañeros) tengan la oportunidad de reflexionar acerca de cuestiones filosóficas. Hoy en día, las materias antropológicas han sido relegadas en los planes de estudio a favor de materias de orden tecnológico con la mezquina intención de que los chicos adquieran unas destrezas que puede que les faciliten la “empleabilidad” pero no les van a propiciar ser más libres. Es la filosofía, la historia, el dominio del lenguaje, el amor por la lectura, la capacidad de estudio y la sana curiosidad lo que les garantiza la libertad. El acceso a las “autopistas del conocimiento”, la conexión a Internet o el último modelo de móvil no nos hacen más libres. ¡Ni siquiera más informados!
Que los seres obran según su naturaleza ya lo dijo Tomás de Aquino si no recuerdo mal y que nuestro conocimiento debe basarse en la abstracción a partir de la experiencia creo que es más antiguo aún ya que lo predicaba Aristóteles. Sin embargo, la hipótesis de que no existe la naturaleza de los seres es más moderno y “mola mazo” ya que si no hay naturaleza todo se hace cómo a mí me interese en cada caso. La negación de la naturaleza es una idea respetable pero tanto como la idea que defiende Nieves de que sí existe.
En el tema de la educación, la naturaleza de las personas es tal que adquirir conocimiento está asociado al esfuerzo. Negar esto “mola” porque así cambiamos esfuerzo por motivación y la responsabilidad del aprendizaje se la colgamos al docente... ¡que para eso le pagan!

sábado, 17 de diciembre de 2016

El rector acusado de plagio

Fernando Suárez Bilbao, todavía rector de la Universidad Rey Juan Carlos, ha sido acusado por varios autores de haber cometido plagio. La información se puede leer en numerosos medios. Como consecuencia de ello, la Universidad de California ha retirado un texto publicado por Suárez en el que presuntamente copió trabajos ajenos sin citarlos. Además, los rectores del resto de universidades públicas madrileñas han emitido un comunicado manifestando su rechazo “a cualquier forma de plagio”. Por si fuera poco, la CRUE también ha emitido un comunicado en el que informan de que el rector Suárez abandona la vocalía del Comité Permanente de la CRUE.
Sin embargo, el rector no ha dimitido de su cargo ni parece que lo vaya a hacer según se puede leer en el diario EL PAÍS. Este medio cita a un profesor que prefiere permanecer en el anonimato y que afirma que la Universidad Rey Juan Carlos “es una universidad con una red clientelar muy fuerte”.
No es por ser agorero pero que nadie piense que la universidad es un mundo feliz, angelical, beatífico, etc... como pretenden hacernos creer las evocadoras fotografías de sus páginas web. Lo de la “red clientelar muy fuerte” no es un mal exclusivo de la URJC... y no diré más porque yo no estoy en el anonimato...
El bochornoso caso de presunto plagio del señor Suárez Bilbao es una manifestación esclarecedora de diversos males que aquejan a la universidad. Empezando por el perverso sistema de promoción.
La carrera profesional de un profesor universitario se rige casi exclusivamente por los méritos en investigación. Y estos méritos se miden por el número de publicaciones en revistas indexadas en el listado del JCR. Esto ocasiona que el profesorado dedique su tiempo y su esfuerzo a conseguir esas publicaciones abandonando algunas veces cualquier otra tarea o dedicándole un empeño residual.
Como conseguir publicaciones científicas de calidad no es nada fácil y como la naturaleza humana es débil, no es descabellado pensar que puedan buscarse atajos. Como no estoy en el anonimato, tengo que aclarar que yo no conozco a nadie que haga nada presuntamente incorrecto... pero tampoco se puede descartar que se monten grupos de investigación dónde unos trabajan y todos firman, que se busquen temas de trabajo que tengan asegurado el éxito (aunque no contribuyan al conocimiento), que se cocinen datos para que el artículo de investigación sea aceptado o que alguien pueda caer en la tentación de plagiar...
¡Ah! También me han contado (aunque no sé si creérmelo) que hay cierto tráfico de influencias: “yo pongo tu firma en un artículo y tú haces algo por mí...” Y ¡ahh! También he oído que si tienes cargos de gobierno te los convalidan por méritos de investigación. ¡Vamos, que te toca el gordo!
Evidentemente, hay mucha gente que trabaja bien. ¡Faltaría más! Y seguramente los garbanzos negros son menos que los buenos. Ahora bien, también es verdad que algunos que pueden hacer algo ven y callan, saben y miran para otro lado.
Y alguien dirá: “¿Pero ustedes no se dedican a dar clase?” ¡Buena pregunta! Eso es lo que yo creía. Pero parece que no. Ahora nos tenemos que dedicar a investigar. Pero, preguntarán: “¿Y las clases?”. Las clases son lo de menos. Ya no importa que seas especialista en un área de conocimiento (con todo el esfuerzo que eso conlleva) y que transmitas esos conocimientos a los alumnos. Ahora lo importante es que los chicos sean felices (te valoren bien en las encuestas) y apruebe el porcentaje que se vea conveniente... Sí, sí, ¡como lo lee!
Cuando yo estudiaba (hace mucho, mucho tiempo), en primero de carrera nos daban clase los catedráticos y nos apretaban para que estudiáramos. Ahora, (me cuentan que) algunos catedráticos están escondidos impartiendo asignaturas optativas en últimos cursos y cazando a estudiantes que les hagan los artículos para el JCR.
Por todo esto, lo del rector de la URJC es sólo la punta del iceberg y lo de la red clientelar... ¡pues eso! ¡El que pueda entender que entienda!




jueves, 15 de diciembre de 2016

Los deberes llegan al Parlamento

Según informa la prensa, el Parlamento está debatiendo una proposición no de ley para "garantizar el derecho del niño a disfrutar del tiempo libre". ¡Toma esa! Seguro que sus señorías no tienen nada más importante que debatir.
Dice la diputada socialista Mª Luz Martínez Seijo que "en los últimos años se ha notado un incremento en las tareas escolares”. Y yo me pregunto, ¿cómo se ha notado? ¿quién lo ha medido? Porque yo no lo he notado en mis hijos. ¿Cómo se mide el tiempo que dedican los chicos a los deberes? Porque un día los hacen más rápido y otro, para hacer lo mismo, enredan más; unos chicos los hacen deprisa y otros despacio; unas materias les resultan más sencillas a unos y más complejas a otros... ¿Ese incremento que ha notado la diputada Martínez Seijo es real o es una impresión subjetiva? O, simplemente, dicen que hay más tareas escolares porque últimamente hay más protestas. En ese caso, habría que analizar el motivo de las protestas... que no tiene que ser necesariamente que se manden más tareas.
Dice esta diputada que los deberes escolares son fuente de “desigualdad social” y explica que no todos los padres tienen tiempo de ayudar a sus hijos a hacer los deberes. ¡Alucino! Pero los deberes, ¿quien los tiene que hacer? ¿el chico o sus padres? Flaco favor le hacemos a nuestro hijo si se le hacemos los deberes los padres. Una cosa es que resolvamos una duda puntual y otra cosa es estar sentados con ellos. Los chicos deben ser autónomos a la hora de hacer sus tareas porque, de lo contrario, no formamos personas responsables.
Me gustaría que la diputada Martínez Seijo me explicara cómo va a prevenir esta “desigualdad social” y si va a prevenir de alguna manera TODAS las desigualdades sociales. A ver, como hay padres que no pueden hacer los deberes con sus hijos por falta de tiempo o falta de conocimientos, tendremos que tomar como patrón la capacidad de aquellos padres con menos tiempo y con menos conocimientos... y, a partir de ahí, punto final. ¡Manos quietas! ¡STOP! ¡Ya no se hace más! Es decir, todos iguales... por abajo. ¿No sería mejor fomentar el trabajo, el esfuerzo y el mérito para que los chicos vivan en mejores condiciones que sus padres? Todo apunta a que a esta diputada lo que le parece más justo es que todos seamos igual de ignorantes.
La educación ha sido siempre el modo por el que la gente pobre podía salir de su postración social con su mérito, su talento y su esfuerzo. No dejo de asombrarme de como la izquierda española se empeña en no dejar salir a los más desfavorecidos de su circulo de pobreza negándoles el ascensor social de la educación. Eso sí, procurando que el nivel de formación del conjunto nade en la vulgaridad. Más bien da la impresión de que los políticos temen que los ciudadanos estén bien formados.
Y me asaltan otras preguntas: ¿nos dirá la diputada socialista el tiempo que deben estar los chicos viendo la televisión, jugando con los vídeo juegos o la “tablet”? ¡Qué afán por regularlo todo! ¡Qué manía por meterse en la casa de los demás!
Por cierto, la diputada Mariluz Martínez Seijo parece una ferviente neopedagoga experta en innovación educativa según figura en su biografía. ¡Miedo me da!



jueves, 8 de diciembre de 2016

“El PowerPoint nos hace imbéciles” (Perro Loco)

Se ha anunciado que el Secretario de Defensa (in pectore) de los Estados Unidos es el general retirado James Mattis, Perro Loco para los amigos.
Sin meterme en disquisiciones políticas que no vienen al caso, lo que sí es cierto es que la personalidad y la carrera de este militar parecen sacadas de una película. Una de las facetas más llamativas que se le atribuyen es su capacidad para producir frases célebres “en plan Churchill” que diría un muchacho (o muchacha, siendo inclusivos) de la E.S.O.… (suponiendo que supieran quien es Churchill, ¡claro!).
Yo me quedo con esta: “El PowerPoint nos hace imbéciles”. Puede que afirmar que nos hace imbéciles sea un poco drástico, tajante y hasta franquista… pero estoy de acuerdo en que no termina de favorecer el discurso racional ni la abstracción ni la verdadera adquisición de conocimientos.
En la universidad se ha extendido el uso del PowerPoint (o similares) para hacer colecciones de diapositivas con las que impartir clases magistrales (sí, ¡lo confieso!, clases magistrales… nada innovadoras) y la cosa es que los alumnos exigen las dispositivas para estudiar la asignatura. Si no se las facilitas eres un mal profesor, una mala persona, no ayudas, no sabes enseñar, no tienes corazón, no tienes vocación, no innovas, no usas las TICs, eres un carca, un… O sea, ¡lo peor de lo peor! Tus encuestas caen por debajo de la valoración de Rajoy y te miran de reojo con saña… Como no es fácil aguantar tanta presión lo habitual es colgar las colecciones de diapositivas en algún servidor y dejarlas a disposición del alumnado.
Esta claudicación más bien generalizada tiene varios efectos perversos. En primer lugar ya nadie estudia los textos académicos de las materias: libros trabajados, revisados, basados en la experiencia de autores de reconocido prestigio y que ofrecen una visión global de la asignatura. Los alumnos se estudian unas notas más o menos elaboradas pero siempre limitadas, imprecisas, sin desarrollo, puntuales y a las que les falta el alma de lo que el profesor transmite de palabra.
Y en segundo lugar y todavía peor, ya casi nadie toma apuntes. Los alumnos (y las alumnas, siendo inclusivos) son simples espectadores de una disertación más o menos aburrida a la que no dedican más que algunas neuronas de retén. Aquello de que tomar apuntes favorecía una primera sedimentación de los conocimientos en el cerebro, ayudaba a abstraer y a memorizar pasó a la historia… dentro de poco no será más que uno de esos neuromitos a desterrar.
Es, en este sentido, en el que estoy de acuerdo con la afirmación de Perro Loco.

Infografía Miguel R.

domingo, 4 de diciembre de 2016

La cobra educativa

La prensa nos habla estos días de las buenas intenciones de nuestros gobernantes respecto a la educación. No sé si se habrán puesto navideños pero el pasado día 1 de diciembre se ha aprobado la subcomisión que se encargará de la reforma educativa. El ministro Méndez de Vigo está que lo tira: Que no os gustan las reválidas, pues las quita. Que os pone la innovación, pues toma “actualizar las metodologías pedagógicas” (copio textualmente de los 15 ejes presentados por el ministro). Que no tenéis suficiente con no saber nada en inglés, pues ahora a no saber nada pero “en plan plurilingüe” (que diría un alumno de ESO). Y con tantas muestras de tolerancia y espíritu dialogante no les ha quedado más remedio a los demás grupos políticos que constituirse en subcomisión. Aproximarse unos a otros a ver si prende la cálida llama del cariño.
En 30 años hemos “disfrutado” de 7 leyes de educación sin dar tiempo a identificar sus fortalezas o debilidades. El resultado está ahí: un fracaso educativo incontestable. Por ello, dar estabilidad al sistema educativo parece una necesidad urgente...
Pero, ¿qué clase de estabilidad queremos? ¿Queremos la pertinacia en el error? ¿O queremos salir del fracaso educativo? Lamentablemente, la lectura de los 15 ejes (copia del borrador de pacto del ministro Ángel Gabilondo de 2010) no es como para sentirse optimista. No se habla de fomentar el conocimiento ni de reconocer el mérito ni de racionalizar los planes de estudio... En algunos de sus objetivos parece la carta a los Reyes Magos: “Proporcionar los conocimientos y competencias básicas para su desarrollo personal [el de los alumnos]”, “Garantizar el reconocimiento social del profesorado”, “Desarrollar un sistema estatal de becas al estudio”... ¡Vamos! Lo evidente.
Para empezar ya se han peleado por el nombre del pacto... y eso que aún no hay pacto. Lo van a llamar “Gran Pacto de Estado Social y Político por la Educación” según leo en la prensa. Creo que el nombre es un poco corto. Ya podían haber acordado algo  más ambicioso como por ejemplo “Pacto Social y Político de la Nación de Naciones por la Mejora del Proceso de Enseñanza-Aprendizaje”.
Con estos inicios el acercamiento o bien termina en un frío beso de despedida para que todo quede igual (de mal) o bien en “cobra”. Y no sé qué es peor.