viernes, 7 de abril de 2017

Pacto educativo: hablamos pero... ¿quién piensa?

El pasado lunes día 27 de marzo se celebró en el Senado una reunión por el pacto educativo que congregó a todos los consejeros autonómicos del ramo con el ministro Mendez de Vigo. En la prensa podemos leer detallada información acerca del encuentro (EL CONFIDENCIAL, ABC, EL MUNDO, LA VANGUARDIA y más).
Evidentemente no está mal que hablen nuestros políticos. De hecho no pararon de hablar. Intervinieron todos y cada uno de los consejeros además del ministro. Imagino que a la hora de comer estarían más que cansados de escuchar 17 discursos...
Hablaron pero, ¿qué dijeron? Por citar algunos, la consejera de Educación del País Vasco, Cristina Uriarte, pidió respeto al autogobierno afirmando que «se habla de pacto pero se obvia nuestro ámbito competencial» y se quejó de que Lomce no respetó «la singularidad». La consejera andaluza, Adelaida de la Calle, dijo que lo más importante es la vertiente "social y territorial", ya que sin ella el pacto estaría "descafeinado". Si no recuerdo mal lo que vi en el telediario, otro habló de evitar la segregación en las aulas, otro de respetar la voluntad de elección de los padres, etc. Y así podríamos ir sacando un entrecomillado a cada cual.
Y yo me pregunto, si el objetivo es proporcionar una buena educación a los ciudadanos, ¿qué trascendencia tiene el respeto al autogobierno? Me parece que el autogobierno es muy importante en cuanto a la organización política pero, ¿qué impacto puede tener en la enseñanza de las Matemáticas? ¿Y en la enseñanza de la Historia? Malo será que la Historia sea diferente según quien la cuente. Y respecto a la vertiente social, no encuentro nada más "social" que una buena educación basada en el mérito y el esfuerzo.
En lugar de salir a decir aquello del "y qué hay de lo mío", ¿no sería mejor pensar en los requisitos exigibles para ofrecer una buena educación a la sociedad y plasmarlos en una ley sencilla y comprensible?
Pues bien, la conclusión de la reunión fue que se van a crear tres nuevos foros de debate:
  • un grupo de trabajo en el seno de la Conferencia Sectorial para que las autonomías estén presentes en la negociación del pacto; 
  • la participación en el debate de los representantes del sector en el Consejo Escolar; y 
  • una ponencia en la Comisión General de las Comunidades Autónomas. 
Todo esto además de la Subcomisión para el Pacto Educativo del Congreso de los Diputados por la que no dejan de desfilar (y hablar) todo tipo de expertos y representantes de lobbies.
Hablar y hablar. Dialogar y dialogar. No sé si escuchar y escuchar... Pero, ¿alguien piensa?




martes, 28 de marzo de 2017

Algo de teoría

Me pidió Bea que escribiera “algo teórico”. Se lo debo desde hace tiempo pero de hoy no pasa. ¡Va por su cumple!
Se habla mucho de educación pero, ¿qué es eso de aprender? No soy un experto en el tema pero me lo he currado. Ojalá me lleguen comentarios que me ayuden a saber más.
El aprendizaje es el proceso a través del cual se adquieren conocimientos, destrezas, valores y actitudes. Esa adquisición es el resultado de la contribución de una variedad de actividades tales como la observación, la experiencia, el estudio, el entrenamiento, el razonamiento, la emulación, la curiosidad… Asumimos que es dinámico, supone cambio constante y no tiene conclusión ya que abarca toda la vida de una persona.
El aprendizaje, en su acepción más general, puede verse como un mecanismo de adaptación al medio y, en este sentido, es común al ser humano, a los animales e incluso a sistemas artificiales. No obstante, en el caso del ser humano el aprendizaje faculta a la persona para guiar su conducta adecuadamente como resultado de una óptima evaluación de cada situación. A diferencia de animales y sistema artificiales, en el ser humano existe intencionalidad, es decir, capacidad de darse el fin y por tanto libertad. Tanto animales como sistema artificiales están programados, no son libres. Los primeros están programados por el instinto mientras que los segundos siguen secuencias de instrucciones cuya traza está marcada por bifurcaciones preestablecidas. No se puede entender el aprendizaje humano si se separa de su libertad.
El objeto del aprendizaje es tan extenso, profundo y complejo como la realidad de cada persona. Incluye tanto destrezas elementales como usar los cubiertos hasta facultades tan espirituales como las relacionadas con la sensibilidad artística. Engloba desde aspectos prosaicos como el modo de vestir a principios morales a los que se atiene cada cual. El resultado del aprendizaje es singular en cada persona como consecuencia de las circunstancias de su propio proceso, de sus gustos e inclinaciones, su modo de ser y su libertad. En consecuencia, a pesar de que existen factores culturales comunes, cada persona es única e insondable.
El aprendizaje humano es social y se desarrolla de manera paralela en diferentes entornos: la familia, los amigos, los centros de estudio... La célula básica de la sociedad es la familia y constituye el núcleo central del aprendizaje. Un entorno en el que las relaciones deberían estar presididas por el cariño y la seguridad. Según la persona crece, el proceso de aprendizaje progresa en un ámbito social cada vez más extenso y presumiblemente enriquecedor. Con el paso de los siglos, se ha establecido la enseñanza intencional (escuela, universidad) con el fin de formar a las personas en todas aquellas disciplinas que facultan a los seres humanos para alcanzar sus objetivos y que difícilmente se pueden conseguir en la familia. Esta enseñanza intencional se articula en niveles por edades y agrupa los conocimientos en asignaturas.
Si el aprendizaje es social, estaremos de acuerdo en que la comunicación es un pilar fundamental. Por eso, en los primeros niveles de la enseñanza intencional hemos de esforzarnos por proporcionar las mejores destrezas relativas a la comunicación ya que un déficit de las mismas será un lastre en el futuro. Sin embargo, según subimos de nivel cuesta más ponerse de acuerdo en los contenidos que deben ser incluidos en los planes de estudio seguramente como consecuencia de la disparidad de criterio a la hora de identificar los objetivos del ser humano.
Lo que está claro es que los conocimientos contenidos en las asignaturas, sean las que sean, se han alcanzado con el esfuerzo de muchos hombres y mujeres a lo largo de mucho tiempo. Por poner un ejemplo, la geometría es una disciplina en la que encontramos contribuciones desde hace más de 3.000 años hasta nuestros días. La enseñanza intencional consigue presentar en muy poco tiempo lo que a la Humanidad le ha llevado siglos. Muchas veces perdemos de vista el extraordinario avance que supone contar con un profesor que te ahorra el aprendizaje por descubrimiento. En este sentido, podríamos diferenciar dentro del objeto del aprendizaje, aquellos elementos que representan conocimientos acumulativos de aquellos que no lo son. Respecto a los conocimientos acumulativos nunca nos situamos en la línea de salida: hoy sabemos más geometría, más física o más biología que generaciones pasadas.
No obstante, una cosa es que los conocimientos estén ahí, en libros o en Internet, y otra cosa es que los hayamos interiorizado. Saber que puedo encontrar información sobre geometría en Internet no significa que yo sepa geometría. El proceso de aprendizaje de la geometría supone memorizar unos conocimientos, ser capaz de relacionarlos y poder aplicarlos. Y este proceso supone un trabajo. Es consustancial al proceso de aprendizaje el esfuerzo que lleva emparejado. Evidentemente, este esfuerzo depende del objeto, de las circunstancias y de la personalidad... pero es insoslayable. Negar que hay que esforzarse para aprender es tanto como negar la naturaleza humana. Si existiera un modo automático para aprender –aunque sea desconocido hoy por hoy– entonces seríamos omniscientes, acto puro en cuanto al conocimiento, dioses al fin y al cabo... Pero, afortunadamente, ¡la ciencia infusa no existe!
Evidentemente, el interés, la motivación, la experiencia y la inteligencia son factores que ayudan a aprender minimizando el trabajo o dándole sentido. Y, por contra, la desatención, las deficiencias cognitivas o la falta de expectativas acrecientan el coste del aprendizaje. Sin embargo, tanto con viento a favor como con viento en contra, es necesario que exista voluntad de aprender. La persona debe empeñar su voluntad de manera que para aprender hay que querer aprender. Y negar esto es negar la libertad del ser humano pues es negar la intencionalidad de nuestros actos y nuestra capacidad de darnos el fin.
Ya he dicho que cada ser humano es único e insondable. Los resultados del proceso de aprendizaje en cada persona dependen de tantos factores que es un misterio conocer el impacto de cada uno de ellos. Por eso me suena ridículo oír hablar a los charlatanes de la pseudopedagogía de recetas uniformizadoras como si la educación fuera igual a montar una fábrica de lavadoras. Viktor Frankl, que estuvo en varios campos de concentración nazis, se admiraba de que hombres sometidos a las mismas crueldades reaccionaran de manera absolutamente diferente. Afortunadamente, ¡no todos somos iguales!
La enseñanza intencional es sólo una parte del proceso de aprendizaje y debe ser respetuosa con el resto de ámbitos en los que se desarrolla la personalidad de cada uno sin invadir lo que no le compete. De lo contrario corre el riesgo de faltar a la libertad. Y, a la vez, debe favorecer el mérito y el esfuerzo como elementos de impulso social... pero esto lo dejo para otra entrada porque ya me he alargado más de lo que quería.




lunes, 13 de marzo de 2017

El Ratoncito Pérez

Me cuenta mi hija Cris que el Ratoncito Pérez sigue visitando a sus compañeras de clase en 1º de ESO y, la verdad, es que me he quedado un poco asombrado. Cuando yo era pequeño, si no recuerdo mal, el ratoncito sólo te visitaba con la caída del primer diente de leche. Claro que, como soy muy mayor, eran otros tiempos: achuchados, oscuros, llenos de restricciones y, sobre todo, predemocráticos...
Se ve que con el advenimiento del Estado del Bienestar, los derechos de los niños se ha extendido a todas las piezas de leche y el trabajo del pequeño roedor no acaba hasta bien entrados los 13 años con el recambio del último molar. Se supone, evidentemente, que la partida presupuestaria con la que se ha dotado este derecho se habrá ido incrementando adecuadamente para evitar disfunciones, falta de equidad y discriminaciones.
No obstante, creo que no está de más reflexionar un poco. ¿No parece anacrónico hacer trabajar al Pérez tanto tiempo? Al mismo tiempo que a estos niños se les hace vivir en el mundo onírico del comprador de dientes, se les permite ver en televisión cualquier cosa, reciben en el instituto información sexual “avanzada” y participan del mundo de los adultos con muchas otras experiencias que no voy a enumerar. O son niños pequeños o no... pero no vale tratarlos de dos maneras diferentes según nos convenga... ¡¡¡porque les volvemos locos!!!
Los papás y mamás de mi entorno lo hemos hablado muchas veces: parece que hay una esquizofrenia rampante en nuestra sociedad. Por un lado, tenemos la sensación de que en cuanto los niños llegan al instituto, sus familias dan por concluido el acompañamiento necesario en la infancia, desconectan de sus hijos y los obligan a navegar solos como si fueran adultos. Y por otro, se sustituye la atención y el cariño por una malentendida extensión de derechos que les proporciona una vida acolchada llena de ratoncitos Pérez, dispositivos electrónicos, diversión, permisividad y... ¡falta de control!
Por un lado se otorga a los chicos todos los derechos de los adultos pero por otro lado se les evitan todas las responsabilidades y deberes que conlleva la madurez. Parece que la atención y el cariño consisten en llevar a la familia el Estado del Bienestar satisfaciendo una cartera de beneficios cada vez más amplia. Sin embargo, la primera manifestación del cariño, que es la educación en la virtud y en la responsabilidad, brilla por su ausencia. Los chicos necesitan saber que existen reglas y límites, que hay derechos y deberes. La señal más cierta de que les queremos es saber decir “no” cuando es debido.
Se habla de la “primarización de la secundaria” como uno de los problemas de la educación en España. El proceso de aprendizaje requiere esfuerzo, responsabilidad en los deberes. Ahora bien, si los padres fomentamos los derechos de los chicos y les hacemos creer que no existen deberes, es inmediato deslizarse hacía esa “primarización”.
Y me pregunto, ¿se está hablando en la subcomisión del Congreso de los Diputados por el pacto educativo de las obligaciones de los alumnos? Porque igual que necesitamos mejores profesores también necesitamos mejores alumnos.

Infografía Miguel R.

jueves, 2 de febrero de 2017

Innova y haz lo que quieras

El título de esta entrada parafrasea el “ama y haz lo que quieras” de Agustín de Hipona. La célebre sentencia resume un principio moral que ha dado muchos quebraderos de cabeza a moralistas de todas las épocas por su propensión a servir de excusa a cualquier actitud licenciosa.
Lo cierto es que la innovación, como el amor de Agustín, se convierte con frecuencia en coartada perfecta para los caraduras de la educación: “innova y haz lo que quieras”. Hago lo que me da la real gana y que nadie me critique, ¡que estoy innovando!
La innovación es una actitud que tiene buena prensa. Igual que invocar el amor siempre suena bien, proponer algo novedoso siempre tiene aceptación, despierta la curiosidad y evoca un panorama positivo. Hasta aquí todo es natural... El problema es que en educación (como en casi cualquier cosa) tras la propuesta innovadora tiene que haber un proceso de evaluación de resultados que ratifique la bondad de la idea o que la destierre porque no contribuye a los fines de la educación. Digamos que la innovación tiene que venir acompañada de una gran dosis de honradez intelectual y humildad profesional que permita dilucidar su eficacia.
Lamentablemente, lo más habitual hoy en día es que se tome por bueno todo lo que es nuevo sin cuestionar los resultados. Es más, mostrando una resistencia numantina a que se contrasten los resultados. De ahí viene parte del rechazo a las reválidas y pruebas similares.
Permítame, paciente lector, que encasquete aquí algo relacionado con la Arquitectura de Computadores, mi asignatura. William Kahan, matemático especializado en ciencias de la computación, dijo hace ya tiempo que “lo rápido expulsa a lo lento aun cuando lo rápido sea erróneo”. Pues bien, podríamos parafrasear también a Kahan diciendo que en educación “lo nuevo expulsa a lo viejo aunque no sirva para nada”... y prometo no parafrasear a nadie más, ¡de verdad!
Ya no sirve aprender nada de memoria, la clase magistral está proscrita, el mérito y el esfuerzo son carcas (y he leído que hasta neoliberales)... Ahora lo que mola es el FC (Flipped Classroom), el e-learning (aprendizaje electrónico), el coaching, las TIC y toda una colección de anglicismos, siglas y acrónimos que quedan muy bien en boca del experto educativo pero que no sé si resistirían la prueba del algodón de un examen en condiciones.
Esto de la innovación también es un filón para ciertas empresas. Muchas veces el fervor por la innovación no es más que búsqueda de negocio. El pasado mes de diciembre publicaba LA VANGUARDIA un artículo titulado “El móvil entra pisando fuerte en las aulas” en el que se nos cuenta como la administración educativa catalana no ve más que ventajas al uso de los smartphones en clase. Por supuesto que el artículo desliza varios nombres de proveedores de contenidos. Tampoco resulta extraño que la Fundación Telefónica esté detrás del proyecto educativo XLDesafío que tiene como fin fomentar el uso de las nuevas tecnologías en la educación, según publicaba XL Semanal en noviembre. Y en esta misma línea tenemos empresas de creación de contenidos para tabletas ligadas a cadenas de colegios concertados/privados. Evidentemente, todo es lícito pero que cada cual saque sus propias conclusiones.
No quiero terminar sin volver a Agustín de Hipona. Recuerdo la alegría que me llevé leyendo su autobiografía Confesiones, cuando relata lo que anhelaba ir a Roma a ejercer su carrera de profesor de retórica con la esperanza de encontrar buenos alumnos, harto ya de los que tenía en Cartago. ¡Y estamos hablando del año 354! Por mucho que innovemos el hombre no cambia.




miércoles, 25 de enero de 2017

De Moncloa a la negación de la naturaleza

¡Ya estoy aquí de nuevo! Ha pasado mucho tiempo desde la última entrada pero la cuesta de enero es más empinada de lo que parece: hay que confeccionar los exámenes de final de cuatrimestre para todas las asignaturas (tres en mi caso) y versiones (evaluación final, continua, conjunta, extraordinaria y... ¡vete tú a saber qué más ocurrencias surgirán!), hay que terminar de evaluar trabajos, calificar, revisar, rellenar actas... Además hay que asistir a las reuniones que pretenden organizar el futuro y a aquellas que pretenden evaluar el pasado, sin olvidar las que tienen carácter reivindicativo.
Lo cierto es que la llamada del blog no ha sido sigilosa. No diré que tan fuerte como el influjo del anillo para Frodo pero ahí estaba... cual hidra de múltiples cabezas. En primer lugar mi conciencia que me recordaba la importancia de la constancia en las tareas que uno acomete. En segundo lugar mi hijos en general y las chicas mayores en particular que no dejan de plantearme temas sobre los que escribir. Mis amigas de la valla del cole en tercer lugar, que no sólo me han recordado el tiempo que llevo sin nueva entrada sino que además me exigen que les dedique una a ellas...
Y para colmo, me encuentro con Dani en Moncloa y me habla del blog. Tengo que reconocer que esto no me lo esperaba y ha sido el desencadenante de que, por fin, me siente a escribir. Dani fue compañero de estudios en la Complutense y hacía unos 2 años que no le veía. Gracias a Juan, que reunió a la promoción cuando cumplimos 25 años de licenciados, nos vemos con más frecuencia y siempre es un auténtico placer compartir un rato con mis antiguos compañeros.
Con cierto grado de socarronería, se sorprendió Dani de que haya gente con tiempo de reflexionar en un blog. Y no le falta razón. No obstante, aparcando las urgencias de mis tareas académicas regreso con el ánimo de publicar a los cuatro vientos la importancia de reflexionar sobre lo que hacemos y lo que experimentamos... No vaya a ser que terminemos siendo como esas algas del fondo marino que se mueven a un lado u otro según marca la corriente... o, peor aún, como nuestros políticos que son “seguidores de encuestas” en lugar de auténticos líderes que guían la sociedad buscando su bien.
Claro que para buscar el bien hay que saber. Y para saber hay que estudiar y pensar. Y estudiar y pensar cuesta esfuerzo. ¡Así es por naturaleza!
¡Vaya! Con la naturaleza hemos topado. Mi hija Nieves, que está cursando una asignatura de filosofía, me decía hace unos días que ella cree que la forma de ser de las cosas se debe a su naturaleza pero que hay gente que lo niega. En opinión de Nieves la experiencia corrobora que cada ser se manifiesta según su modo y no le cabe en la cabeza que se niegue la evidencia.
Lo primero que tengo que decir es que estoy contentísimo de que mi hija (y espero que sus compañeros) tengan la oportunidad de reflexionar acerca de cuestiones filosóficas. Hoy en día, las materias antropológicas han sido relegadas en los planes de estudio a favor de materias de orden tecnológico con la mezquina intención de que los chicos adquieran unas destrezas que puede que les faciliten la “empleabilidad” pero no les van a propiciar ser más libres. Es la filosofía, la historia, el dominio del lenguaje, el amor por la lectura, la capacidad de estudio y la sana curiosidad lo que les garantiza la libertad. El acceso a las “autopistas del conocimiento”, la conexión a Internet o el último modelo de móvil no nos hacen más libres. ¡Ni siquiera más informados!
Que los seres obran según su naturaleza ya lo dijo Tomás de Aquino si no recuerdo mal y que nuestro conocimiento debe basarse en la abstracción a partir de la experiencia creo que es más antiguo aún ya que lo predicaba Aristóteles. Sin embargo, la hipótesis de que no existe la naturaleza de los seres es más moderno y “mola mazo” ya que si no hay naturaleza todo se hace cómo a mí me interese en cada caso. La negación de la naturaleza es una idea respetable pero tanto como la idea que defiende Nieves de que sí existe.
En el tema de la educación, la naturaleza de las personas es tal que adquirir conocimiento está asociado al esfuerzo. Negar esto “mola” porque así cambiamos esfuerzo por motivación y la responsabilidad del aprendizaje se la colgamos al docente... ¡que para eso le pagan!

sábado, 17 de diciembre de 2016

El rector acusado de plagio

Fernando Suárez Bilbao, todavía rector de la Universidad Rey Juan Carlos, ha sido acusado por varios autores de haber cometido plagio. La información se puede leer en numerosos medios. Como consecuencia de ello, la Universidad de California ha retirado un texto publicado por Suárez en el que presuntamente copió trabajos ajenos sin citarlos. Además, los rectores del resto de universidades públicas madrileñas han emitido un comunicado manifestando su rechazo “a cualquier forma de plagio”. Por si fuera poco, la CRUE también ha emitido un comunicado en el que informan de que el rector Suárez abandona la vocalía del Comité Permanente de la CRUE.
Sin embargo, el rector no ha dimitido de su cargo ni parece que lo vaya a hacer según se puede leer en el diario EL PAÍS. Este medio cita a un profesor que prefiere permanecer en el anonimato y que afirma que la Universidad Rey Juan Carlos “es una universidad con una red clientelar muy fuerte”.
No es por ser agorero pero que nadie piense que la universidad es un mundo feliz, angelical, beatífico, etc... como pretenden hacernos creer las evocadoras fotografías de sus páginas web. Lo de la “red clientelar muy fuerte” no es un mal exclusivo de la URJC... y no diré más porque yo no estoy en el anonimato...
El bochornoso caso de presunto plagio del señor Suárez Bilbao es una manifestación esclarecedora de diversos males que aquejan a la universidad. Empezando por el perverso sistema de promoción.
La carrera profesional de un profesor universitario se rige casi exclusivamente por los méritos en investigación. Y estos méritos se miden por el número de publicaciones en revistas indexadas en el listado del JCR. Esto ocasiona que el profesorado dedique su tiempo y su esfuerzo a conseguir esas publicaciones abandonando algunas veces cualquier otra tarea o dedicándole un empeño residual.
Como conseguir publicaciones científicas de calidad no es nada fácil y como la naturaleza humana es débil, no es descabellado pensar que puedan buscarse atajos. Como no estoy en el anonimato, tengo que aclarar que yo no conozco a nadie que haga nada presuntamente incorrecto... pero tampoco se puede descartar que se monten grupos de investigación dónde unos trabajan y todos firman, que se busquen temas de trabajo que tengan asegurado el éxito (aunque no contribuyan al conocimiento), que se cocinen datos para que el artículo de investigación sea aceptado o que alguien pueda caer en la tentación de plagiar...
¡Ah! También me han contado (aunque no sé si creérmelo) que hay cierto tráfico de influencias: “yo pongo tu firma en un artículo y tú haces algo por mí...” Y ¡ahh! También he oído que si tienes cargos de gobierno te los convalidan por méritos de investigación. ¡Vamos, que te toca el gordo!
Evidentemente, hay mucha gente que trabaja bien. ¡Faltaría más! Y seguramente los garbanzos negros son menos que los buenos. Ahora bien, también es verdad que algunos que pueden hacer algo ven y callan, saben y miran para otro lado.
Y alguien dirá: “¿Pero ustedes no se dedican a dar clase?” ¡Buena pregunta! Eso es lo que yo creía. Pero parece que no. Ahora nos tenemos que dedicar a investigar. Pero, preguntarán: “¿Y las clases?”. Las clases son lo de menos. Ya no importa que seas especialista en un área de conocimiento (con todo el esfuerzo que eso conlleva) y que transmitas esos conocimientos a los alumnos. Ahora lo importante es que los chicos sean felices (te valoren bien en las encuestas) y apruebe el porcentaje que se vea conveniente... Sí, sí, ¡como lo lee!
Cuando yo estudiaba (hace mucho, mucho tiempo), en primero de carrera nos daban clase los catedráticos y nos apretaban para que estudiáramos. Ahora, (me cuentan que) algunos catedráticos están escondidos impartiendo asignaturas optativas en últimos cursos y cazando a estudiantes que les hagan los artículos para el JCR.
Por todo esto, lo del rector de la URJC es sólo la punta del iceberg y lo de la red clientelar... ¡pues eso! ¡El que pueda entender que entienda!