domingo, 5 de febrero de 2023

Marco Aurelio y los likes

El año 161 d.C. Marco Aurelio Antonino Auguto se convirtió en emperador de Roma. Destacó en el campo de batalla, pero sobre todo por su serenidad, modestia y búsqueda de la verdad. Escribió Meditaciones, un compendio de reflexiones éticas basadas en los principios estoicos. En él podemos leer lo siguiente:

"Por lo demás, todo lo que es bello de alguna manera, bello es por sí mismo, y termina en sí mismo sin considerar el elogio como parte de sí mismo. En consecuencia, ni se empeora ni se mejora el objeto que se alaba. Afirmo esto incluso tratándose de cosas que bastante comúnmente se denominan bellas, como, por ejemplo, los objetos materiales y los productos fabricados. Lo que en verdad es realmente bello, ¿de qué tiene necesidad? No más que la ley, la verdad, la benevolencia o el pudor. ¿Cuál de estas cosas es bella por el hecho de ser alabada o se destruye por ser criticada? ¿Se deteriora la esmeralda porque no se la elogie? ¿Y qué decir del oro, del marfil, de la púrpura, de la lira, la espada, la florecilla, el árbol?" (Libro IV, 20).

Vivimos en la sociedad del like, un mundo en el que lo bueno y lo malo se decide a golpe de like o dislike, en el que se nos exige un "dale al like" como justiprecio a cualquier exhibición virtual. Parece que somos lo que indique el gusto ajeno y ese gusto ha de ser expresado e incluso registrado. De los likes dependen los ingresos publicitarios o el valor de un producto, pero también, y eso es lo peor, la inclusión, la valoración afectiva, la aceptación social o de uno mismo.

La tiranía del like es intolerable. Hay que romper con ella de raíz. Nos lo dice Marco Aurelio: lo bello es bello por sí mismo y la alabanza ni le pone ni le quita, acaso "¿se deteriora la esmeralda porque no se la elogie?". Le dediqué una entrada a este tema hace poco: la sociología como fuente de (no) verdad. La unanimidad grupal no es fuente de verdad, se pongan como se pongan unos y otros.

A veces el "éxito de público y de crítica", como se decía antes en la crónica teatral, se corresponde con la realidad, pero también ha sucedido que la inicial frialdad de ambos se tradujo en un universal reconocimiento a la vuelta de los años. ¿Qué más da? ¿Qué motivos tienes para actuar? ¿Estás convencido de lo que haces? Si es así, diremos con Mecano eso de "y lo que opinen los demás está de más".

En el ámbito de la educación nos toca sufrir el despropósito de las encuestas de satisfacción que rellenan los alumnos, en las que se da la paradoja de que te juzga quien está en proceso de formación y cuyo dictamen suele estar mediatizado por los resultados académicos. Así caemos en lo que denunciaba el catedrático Daniel Arias-Aranda recientemente: "Querido alumno universitario de grado: Te estamos engañando". O, en otro orden de cosas, hoy mismo hemos sabido que la facultad de medicina de Harvard renuncia a participar en los rankings de universidades ya que está bajo sospecha la ecuanimidad con la que se confeccionan. (Otro día hablaré de los rankings de la Universidad de Alcalá: líder en transparencia, sostenibilidad medioambiental, etc.)

Muchas veces, la sospecha de manipulación en el recuento de likes es casi una certeza cuando echas un vistazo desapasionado a la realidad: ni estos son tan buenos como dicen ser ni el marginado es tan malo como algunos quieren que sea. Ni la verdad ni la calidad han de medirse a la ligera, sobre todo cuando hay tantos intereses en juego.

Dice mi hijo Miguel que las Meditaciones de Marco Aurelio es el libro de filosofía que leemos los que no sabemos filosofía. Y no le falta razón, pero qué razón tiene el emperador estoico en lo que dijo y eso que lo dijo hace casi 2000 años. Vaya por aquellos (simples) que descalifican cualquier idea solamente por ser antigua.


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