miércoles, 15 de abril de 2020

A mis alumnos confinados por COVID-19

Estimados alumnos confinados por COVID-19:

La intranquilidad y angustia que experimentáis respecto a los procedimientos de evaluación es comprensible dada la falta de certezas que padecemos en estos días. Me gustaría subrayar que la zozobra no se sufre sólo por vuestro lado sino también por el lado del profesorado. No obstante, en vez de alentar las emociones negativas, es mucho más sano ver la situación como una oportunidad y planificarse el aprendizaje de la manera más cómoda y eficiente posible. Dado que disponemos de más tiempo, ya que nos estamos ahorrando los desplazamientos, vamos a dedicar ese tiempo adicional a preparar las asignaturas haciéndonos unos buenos apuntes y resolviendo los ejercicios propuestos. Si tenéis preparadas las asignaturas, ¿qué más da cómo se evalúen? Pensemos en aprender, no en aprobar.
Planteáis un panorama dantesco: gran variedad y cantidad de dificultades, falta de claridad ante los temas, imposibilidad de seguir la asignatura con los recursos disponibles en Internet, dudas imposibles de resolver por correo electrónico... Y proponéis una solución que viene a ser el Bálsamo de Fierabrás (léase el Quijote), que disolverá todas las dificultades como por ensalmo, a saber, los vídeos.
Los vídeos educativos se han convertido en la punta de lanza de la neopedagogía y se nos presentan como lo más próximo a la ciencia infusa. Esa ciencia que se adquiere sin esfuerzo, de ahí lo de infusa, concedida por arte de magia. Como en Matrix, ¿recordáis? Si hace falta, me puedo bajar al cerebro el manual de pilotaje del último ingenio volador. Se nos vende la idea con diferentes nombres: píldoras educativas, vídeo cápsulase-learning, etc. Y ha cundido la fe en ellos como puede cundir en la eficacia de un crecepelos revolucionario. La idea es evocadora pero nada más.
Siento desilusionaros, pero el conocimiento se formaliza y se transmite a través de la lectura y el trabajo intelectual. En la vida real, el gobierno es por escrito, los contratos son por escrito, las especificaciones de un proyecto son por escrito, los pliegos de condiciones son por escrito, los manuales son por escrito... y así todo. Hay que aprender a escribir bien y hay que adquirir la destreza de leer bien. El uso de vídeos para transmitir conocimiento, como ya os expliqué un día, es una vuelta a la Edad Media, una época en la que la gente normal no sabía ni leer ni escribir y tenía que aprender a través de las imágenes de los templos y las actuaciones de los trovadores. ¡Por favor! No vayamos para atrás.
Tenéis material abundante para preparar cada uno de los temas de la asignatura: una colección de diapositivas que representan el equivalente a la clase presencial, una documentación complementaria que equivale a la bibliografía, una colección de problemas y sus correspondientes soluciones. Además, las prácticas de laboratorio para las que contáis con las herramientas de desarrollo, las colecciones de dispositivas, las prácticas a realizar y las soluciones a las mismas.
No entiendo qué aporta la "clase telemática" o los "vídeos pregrabados". Tenéis las presentaciones para que las estudiéis cuando consideréis oportuno y os hagáis unos apuntes con ellas y la bibliografía complementaria. Y para las dudas, me tenéis a vuestra disposición en el correo electrónico, que en el presente estado de confinamiento es como estar de guardia las 24 horas del día.
Solamente en problemas resueltos creo que hay más de medio centenar. Editados de una manera clara, detallada y con ilustraciones. Una “currada” como diríais vosotros. Todo un arsenal de medios online con los que trabajar la materia. Y ahí está el secreto: en la palabra TRABAJAR. Hay que organizarse, leer las presentaciones y la documentación, confeccionar unos apuntes, intentar resolver los problemas, contrastar las soluciones... Es decir, ser sujetos activos del aprendizaje, porque sin esa disposición nada se puede conseguir, ni con clases presenciales ni sin ellas.
Vivimos unos días en los que es muy fácil caer en el temible "déficit de atención". Un síndrome derivado de la incertidumbre y del compulsivo deseo de consumir noticias. Os aconsejo esconder el móvil durante varias horas cada día porque este cacharro nos roba el tiempo y la vida: no podemos atender a todos los vídeos que nos mandan, ni ver todos los memes que recibimos. Las noticias son reiterativas y no aportan nada más que creciente incertidumbre. Poned un poco de orden y a ESTUDIAR. Y seguro que ese panorama dantesco que describís se transforma.
Convenceos, la ciencia infusa no existe. Es un concepto religioso que el propio libro del Génesis presenta como un don malogrado, que no se va a hacer realidad por muchos vídeos que veáis. Que nadie os engañe. No pongáis en los demás la responsabilidad que solamente a cada uno atañe.
Espero haber contribuido con mis reflexiones a que no perdamos de vista lo importante. Tranquilidad, calma, estudio, trabajo.
Saludos cordiales.

Vuestro profesor



martes, 24 de marzo de 2020

Cuarentena y enseñanza online

Estamos en cuarentena. ¿Quién nos lo iba a decir? Nosotros, que nos habíamos propuesto revertir el cambio climático, nos vemos obligados a confinarnos y aparcar rutinas y proyectos. ¡Ay! Nos creíamos tan poderosos y un “bichito” hace tambalear nuestro engreimiento.
Nos decían que nuestro sistema sanitario era el mejor del mundo y que todo estaba previsto. ¡Jaja! ¿Todo, todo…? Bueno. No todo. Es que esto no había pasado antes, nos dicen. ¡Ah! Ya. Tenemos previsto lo que ya ha pasado, vamos, que lo tenemos “postvisto” pero no previsto. Digo yo.
Mientras mueren a centenas cada día, los que aún estamos operativos teletrabajamos a destajo para mantener la enseñanza online. O eso pretenden nuestros líderes, empeñados en su petulancia.
Una imagen típica que evoca el término enseñanza es la del venerable sabio rodeado de atentos discípulos. Es decir, lo normal de la enseñanza es que sea presencial. De la misma forma que lo normal de una relación sentimental es que sea presencial… De hecho, la enseñanza no presencial siempre ha tenido adjetivo (enseñanza a distancia, enseñanza online) porque resulta evidente que no es lo mismo que la presencial.
El deseo de que lo virtual sustituya a lo real me parece que se encuadra en el moderno anhelo de autoconstrucción en el que resuena el “seréis como dioses” de Satanás en el Génesis. La idea de tocar un botón y disponer de un bien es muy atractiva y la costumbre de comprar por Internet nos ha hecho olvidar que no es un proceso sencillo. Al final, alguien te empaqueta el pedido, alguien te lo trae y alguien lo habrá tenido que fabricar… En estas dramáticas circunstancias comprobamos que no todo es ideal ya que ante la avalancha de solicitudes algunas empresas han cancelado el reparto a domicilio.
La enseñanza online tiene muchas facetas. No es lo mismo proponer la lectura de unos contenidos, ejercicios o prácticas que “dar clase” o evaluar. La evaluación siempre se ha hecho de manera presencial. Al menos si está en juego un título que valga para algo.
Lo de dar clase por videoconferencia o por youtube es un sucedáneo. Parece que es pero no es. Es una imagen de la enseñanza real pero no es real. Tal y como sucede en las películas, es una ficción. Lo que vemos en una película es una representación en dos dimensiones que nos cuenta, con más o menos acierto, una historia prescindiendo de la interacción. La historia es presa del sentido de la vista y del oído. Vemos y oímos lo que está grabado, sin más. En cambio, si la historia nos la dan por escrito, cada cual “ve” y “oye” escenas diferentes, abstrae y asciende a un universo propio. Esa información, modela, crea, se plasma en conocimientos. La lectura forma la inteligencia mientras que el vídeo excita las emociones.
La clase presencial está en otro plano, estimula la voluntad de los alumnos a buscar la verdad. La exposición del profesor señala el camino a seguir desvelando su ciencia al ritmo que precisen los discípulos, unas veces pausado otras exigente, en un ejercicio que solamente la experiencia y la interacción pueden hacer eficaces.
Las clases "enlatadas" de poco sirven. Suelen ser cuestiones triviales en las que pierdes 10 minutos para enterarte de algo que podías haber leído en 2. La estética acostumbra a ser atractiva pero el contenido no pasa muchas veces de la calificación de "truco", mera cuestión procedimental que poco aporta al verdadero conocimiento.
Llevemos la enseñanza online al extremo. Vamos a grabar nuestras clases y las repetimos cada curso hasta la jubilación mientras cobramos nuestro sueldo viviendo plácidamente. Yo contrataría un buen actor y un montador y ¡a vivir! Es absurdo, ¿no? El profesor habla a sus alumnos y los alumnos preguntan a su profesor y lo demás son sucedáneos. Y, en general, la gente no quiere sucedáneos.
Con todo, parece que la locura online se extiende más que el virus. Hasta el Papa y los obispos se han apuntado a las misas online. Me viene a la cabeza aquello que me enseñaron cuando era joven de que los sacramentos tienen (o tenían) materia y forma… ¿Dónde queda la materia por Internet? ¿Habrá que pensar una nueva teología online?
Lo cierto es que el pan online no alimenta. Creo que eso está claro.


domingo, 17 de noviembre de 2019

¿Enseñanza católica?

No fue un abucheo, pero casi” asegura el diario ABC. Tal fue la airada reacción de los 2.000 asistentes al XV Congreso de Escuelas Católicas ante la intervención de Isabel Celaá, ministra de Educación y Formación Profesional. “La multitud –dice ABC– empezó a murmurar y a despegarse del asiento ante lo que acababa de escuchar”: un presunto ataque al derecho de los padres a elegir centro así como educación religiosa.
Puede que la ministra fuera a hacer méritos de cara al próximo gobierno de coalición o no. Ella sabrá. Lo que tengo claro es que los católicos enseñantes no pasarán de revolverse en el asiento y murmurar fingiéndose atacados. Unas notas de prensa. Unos correos electrónicos a sus “bases” mostrando indignación. Y ya. Salvo honrosas excepciones, los derechos de los padres les importan un comino. Lo que les importa es tener los colegios llenos, cobrar aunque estén concertados y seguir viviendo plácidamente.
¿Qué es la "enseñanza católica"? Algunas de las redes de colegios religiosos de España no tienen ni un religioso. Dejaron de tener vocaciones, se murieron los religiosos y ahora no hay nada. ¡Bueno! Sí hay algo. Un valiosísimo patrimonio inmobiliario. Y detrás de él una gestión profesional a cargo de fundaciones o sociedades mercantiles.
Pondré un ejemplo: los colegios marianistas. Más de una docena dependen de la Fundación Educación Marianista Domingo Lázaro. Funciona como una empresa. Lo “católico” es un adjetivo. Están asociados a la Editorial SM (de Santa María), fundada por los marianistas, pero que hoy en día es un negocio. De sus libros hay quien se queja de que no son muy católicos.
A principios de los 90, la Conferencia Episcopal Española creó la Fundación Educación Católica para dar cobertura a esos colegios cuya “marca” religiosa había desaparecido o estaba a punto de hacerlo. En 2004 había asumido 20 centros. Otros se convirtieron en sociedades mercantiles o fueron cedidos a otras congregaciones. “El gran reto –cito a FERE– sigue siendo el mantenimiento del carácter católico en los Centros, no sólo a nivel teórico sino real. En este sentido, se fomenta la formación pastoral de los profesores a través de los cursos organizados por las Congregaciones cedentes y se lleva a la práctica el Plan pastoral con numerosas actividades.” ¿Se puede decir que un centro es católico porque sus profesores sigan cursos de pastoral?
La hojarasca es abundante. Hay páginas web a manojos (escuelas católicas de Madrid, de Castilla y León, etc.), proyectos, programas, servicios... Y también están los que huyen del adjetivo “católico” pero se supone que lo son: los colegios del Opus Dei, una inmensa red polifacética ya que tiene centros que “sí son” del Opus Dei, otros que “parece que no son pero sí son”, otros que “solamente lo son un poquito”, etc... Ahí está la CECE y su presidente para explicarnos este lío.
Al acto de apertura del XV Congreso de Escuelas Católicas también asistió el Cardenal de Madrid, Carlos Osoro, que defendió que “una escuela es cristiana cuando acoge a todo el mundo como ser personal e imagen de Dios”. Sus palabras no provocaron murmullos. Eran las esperables y esperadas. Pero no sé, no me convencen como palabras “católicas”. Demasiada complacencia, demasiado bajo el listón. La educación en España no va bien (por no decir que es un desastre) y hay más de un millón de alumnos en centros “católicos”. ¿Qué parte de ese “no va bien” asume la escuela católica?
Cuando yo era pequeño nos decían que no había que tomar el nombre de Dios en vano, que era pecado. Ahora ya no se dice eso. Ahora está de moda el pecado ecológico. Pero yo me pregunto, ¿podría ser que el calificativo “católico” fuera tomar el nombre de Dios en vano?

enseñanza católica


viernes, 1 de noviembre de 2019

Simonía universitaria

Dice el Diccionario de la lengua española que simonía es la “compra o venta de de cosas espirituales, como los sacramentos y sacramentales, o temporales inseparablemente anejas a las espirituales, como las prebendas y beneficios eclesiásticos”. En esta entrada yo me refiero a la venta de títulos universitarios.
Algunos dirán que no se venden, que se regalan, que la falta de exigencia es tal que basta con matricularte para salir con un título debajo del brazo y que, además, lo que se paga, por mucho que se quejen algunos, es una mínima parte del coste real. Visto así puede parecer que la universidad está de rebajas pero no es así, lo cierto es que hay simonía. Me explicaré.
La falta de exigencia y el reparto de títulos a cambio de unas tasas irrisorias (que pagamos todos los contribuyentes a alumnos pobres, ricos y muy ricos) sirve para que proliferen castas de profesores que no dan ni palo al agua disfrutando de puestos de responsabilidad, descargas docentes, exenciones académicas, “pastoreo” de becarios y otros derechos de pernada que les permiten gozar de privilegios y, muchas veces, auparse a otros estamentos sociales. Hace poco hablé de los catedráticos de optativas como ejemplo de lo que digo. Así pues, que no se enseñe y que no se exija no es producto de la indolencia sino fruto del deseo de llenar las aulas para justificar cargos, prebendas y beneficios. Digámoslo claro: los alumnos son mercancía.
La Universidad parece haber abdicado de su venerable función de certificación, es decir, garantizar con rigor ante la sociedad quién sabe y quién no sabe. Deber que está por encima incluso del de enseñar y que en la Universidad Pública debería ser sagrado si se han de salvaguardar los principios democráticos de igualdad y mérito.
La disolución de la función certificadora tiene su origen en la falta de calidad del sistema en general, más preocupado por “investigar” que por enseñar, pero también en la presión que ejerce la casta dirigente para que se apruebe a los alumnos y “siga la fiesta” pues si las aulas se vacían se acaba el chollo.
El título de la entrada no es original. Lo he leído en un artículo del periodista Pedro de Tena al que sigo con gusto ya que no solamente escribe sobre actualidad sino que nos brinda interesantes comentarios sobre literatura, filosofía, etc. Hace unos días recomendaba un libro que narra la barbaridad institucional que asoló la vida del catedrático manchego Agapito Maestre: “El escándalo Maestre. Política y Universidad” de Fernando Muñoz Martínez.
Copio del epílogo del filósofo Carlos Díaz: "Cada día salen a la luz más y más indecentes indignidades, ha reventado el odre de la Universidad. Los máster se regalan o se compravenden, las Universidades patitos premian a sus clientes, y los títulos valen una mierda pinchá en un palo. Compraventa de lo sagrado, simonía. Ni Aristóteles aprobaría una adjuntía en este sistema nepótico. Las cátedras se heredan, los cargos se subastan, que llueva que llueva, la virgen de la cueva".
Termino. Hemos llegado a esta podredumbre no tanto por la acción perversa de los malos como por la cobardía, omisión y silencio de los buenos. Si la Universidad española es cobijo de masones, asilo de amiguetes y nido de tontos no es por culpa de estos sino por la tibieza de aquellos. Pero de esto escribiré otro día.


lunes, 21 de octubre de 2019

Articulitis

Mi padre suele guardarnos recortes de periódico que tienen relación con las disciplinas o los intereses que cultivamos cada cual. Así Bea se encuentra con artículos sobre construcción naval, Rocío acerca de sumillería, Nieves sobre tipografía y yo no me pierdo cumplida información de los últimos premios Nobel de Física.
Leía, pues, el suplemento de ciencia en cuya portada sonreían los premiados físicos y, ya puestos, me tragué la propaganda de relleno que pagan algunos grupos de investigación patrios para presumir. Varias veces me han ofrecido hueco en esas páginas a tanto la palabra pero he rehusado la “generosa” invitación pues no tengo ni dinero ni nada de qué presumir.
La cosa es que me topé con un director de grupo de investigación que proclamaba ufano ser autor de más de 250 artículos de investigación publicados en revistas internacionales indexadas. ¡Qué machote! Si hubiera trabajado 50 años saldría a 5 artículos por año... Sencillamente imposible para una única persona. Albert Einstein publicó 5 en 1905, su annus mirabilis, y nunca más repitió semejante gesta.
Para los legos en la materia explicaré que hoy en día la carrera de un profesor universitario depende íntegramente de que publique artículos de investigación en revistas indexadas, es decir, en revistas de alta calidad y acceso mundial. Esto significa, evidentemente, que la docencia no importa casi nada, es más, se percibe como una pérdida de tiempo. Si nos quejamos del nivel de nuestra universidad aquí encontraremos una causa.
¿Por qué se valora solamente la publicación de artículos? No creo que la explicación sea sencilla pero en mi opinión hemos llegado a este punto de la mano de dos errores conceptuales. El primero es considerar que lo cuantificable es lo único objetivo. El corolario es inmediato: a más artículos más investigación y de ahí, en otra falsa pirueta intelectual, concluimos que a más investigación más calidad educativa. Expresado así creo que resulta palmaria la trampa: lo importante no es la cantidad de artículos sino qué dicen esos artículos. Así lo ve la Justicia, que hace poco más de un año en el Tribunal Supremo sentenciaba que hay que “leer los trabajos para acreditar los méritos de investigación en la Universidad”, es decir, que no vale con contabilizarlos.
Ahora bien, ¿quién se va a leer los trabajos de más de 100.000 profesores universitarios? O mejor, ¿quién está en disposición de evaluar su mérito? Y aquí es dónde opera el segundo error que consiste en establecer la competencia como mecanismo para poner de manifiesto la calidad a imagen de lo que hace el mercurio agregando las pepitas de oro. Se somete a los artículos a la revisión de “árbitros” internacionales expertos en la materia y se concede dinero para elaborar esos trabajos al que pueda acreditar capacidad de publicarlos... y, poco a poco, se tejen madejas de intereses, guetos en los que prosperan unos pocos. Aparecen señores feudales que dirigen grupos numerosos y firman todo lo que se publica, cual derecho de pernada. Se crean revistas donde publican los amiguetes y, en definitiva, lo de la competencia se queda en un bonito decorado. Además de matar la originalidad porque se termina trabajando sólo dónde es “rentable”.
Las sucesivas leyes universitarias han sometido al sistema a una especie de campo magnético que desvía a sus actores de su fin natural que es la búsqueda de la verdad y la docencia atrayéndoles al polo de la publicación de artículos. Los políticos han conseguido que seamos una potencia mundial en cantidad de artículos científicos pero nuestra universidad no enseña... Algo falla.
Einstein publicó unos 25 artículos en toda su vida. Hoy no conseguiría plaza en la universidad española.

revistas

Acerca de la sentencia de Tribunal Supremo referida más arriba, sugiero leer la opinión de Miguel Ángel Aníbarro aquí.

lunes, 7 de octubre de 2019

Un caso más

Estos días hemos conocido un nuevo caso de plagio en una tesis doctoral. Aunque la vertiente política se ha resuelto con dimisión, la vertiente universitaria parece que va a traer cola ya que se han desvelado otros amaños escandalosos.
Por situar el tema, enumero a continuación algunas noticias similares:

[NOTA: Hay más ejemplos en los medios de comunicación pero creo que con estos es suficiente. Los enlaces se han elegido con la única intención de que puedan servir para tirar del hilo. La fecha es la aproximada en la que la noticia saltó al dominio público.]
La notoriedad de estos escándalos viene de que los actores están relacionados con la política y sus chapuzas se usan como arma en la contienda entre partidos, pero que nadie se preocupe que lo habitual es que todo quede en nada: una dimisión, un paso por los tribunales a lo más... ¿Se les quitarán los títulos a los tramposos?
Me importa poco la vertiente política. Lo grave está en la nauseabunda corrupción de la universidad que tiene su causa en la falta de valores de una mayoría de las personas que la componen. Alguien podría pensar que hay unos cuantos listillos que engañan al sistema pero no es eso. Quiero decir que no se trata de pasar el programa antiplagio a cualquier borrador de tesis. Tampoco se trata de cambiar los procedimientos, organización o leyes, ni es culpa de la manida endogamia. Lo que sucede es que la universidad es un cadáver y hiede. Ha dejado de cumplir su función que es buscar la verdad y enseñar.
Decía un catedrático que la asistencia a un tribunal de tesis no se paga, que se hace por amistad. Lo primero es que eso no es cierto del todo, pero me da igual. ¿Que no se pague significa que no se lee el trabajo? ¿Que no se pague significa que se pone la nota que te indican? ¿Los miembros del tribunal no se dan cuenta de que aquello es un bodrio? ¡Un poco de dignidad!
¿Y qué decir de los estudios de máster? Todavía quedan algunos de calidad pero la mayoría sólo sirven para sacar dinero y montar el cortijo a un grupo de profesores.
Como decía, hoy el fin no es enseñar sino publicar artículos para hacer carrera: unos en la propia universidad, otros en la política, otros en la empresa y otros para vivir sin trabajar, que de todo hay. Desde que se ha sustituido el juicio prudencial por la “evidencia objetivable” lo único que importa es la cantidad, tomando por objetivo lo numérico. Y así, se busca una cantidad de tesis, una cantidad de doctores, una cantidad de alumnos, una cantidad de artículos... Da lo mismo si las tesis, los doctores, los alumnos o los artículos son buenos o malos, eso es subjetivo, sólo vale su número que es lo objetivo, dicen. Y una vez enfangados, lo que funciona es el “hoy por mí mañana por ti” o el “es que todos hacen lo mismo”...
“Tenemos que pasar de un modelo de universidad donde se enseña a un modelo de universidad donde se aprende” proclamaba hace poco un conferenciante. Semejante tontada (que se repite sin rubor por doquier) se puede leer como una advertencia dirigida a los estudiantes: “puesto que nosotros no os vamos a enseñar nada, a ver si os espabiláis y aprendéis algo por vuestra cuenta”. Si acaso, ya os dejaremos unos apuntes en la web, que al final eso es lo que se entiende por “usar las nuevas tecnologías”. ¡Ah! Y si no os enseñamos, tranquilos, tampoco vamos a ser tan retorcidos como para suspenderos. ¡Hasta ahí podíamos llegar!
No hay duda, el rey va desnudo.

domingo, 2 de junio de 2019

Catedráticos de optativas

El sistema universitario español ha alumbrado un novedoso tipo de profesor: el catedrático de asignaturas optativas.
Las asignaturas optativas son aquellas que la universidad propone para que los alumnos escojan libremente completando su formación en temas especializados. La tasa de éxito en estas asignaturas siempre ha sido alta ya que el alumno va motivado y el profesor pone de su parte para que su oferta tenga demanda. Así pues, muchas veces "optativa" es igual a "maría", es decir, asignatura fácil que se supera con seguridad.
Como todos sabemos, los catedráticos son los profesores en el nivel más alto del escalafón. Cuando yo era estudiante (hace ya más de treinta años) los catedráticos nos daban clase en primero y segundo de carrera y luego en las especialidades, ya terminando los estudios. El motivo de impartir docencia a los "pardillos" supongo que tendría que ver con la intención de marcar el nivel de los estudios y "desbravar" a los novatos.
Hoy en día, en mi entorno, salvo honrosas excepciones, los catedráticos no pisan las aulas de los cursos bajos y rellenan sus escasas horas de docencia con asignaturas optativas que imparten a un puñado de alumnos.
Esto es la consecuencia lógica de un sistema universitario que prima la investigación como único mérito para progresar en la carrera profesional. La docencia no sirve para nada más que para hacer perder el tiempo al profesor que necesita a toda costa publicar artículos de investigación para ascender.
Si la docencia no sirve para nada, lo mejor es quedarse con una asignatura "maría", con pocos alumnos, en la que se cuenta algo relativo a la investigación del docente responsable de manera que le pueda proporcionar mano de obra barata que contribuya a su colección de artículos de investigación.
Resulta llamativa la abundante oferta de optativas que tienen algunas titulaciones. Todos los catedráticos de optativas quieren impartir la suya. Y así pasa, que algunos dan clase a un alumno, a dos, a tres... ¡Un chollo! Además, como son tan pocos, ¿para qué vamos a explicar algo? Que hagan un trabajo... y ya nos vemos el último día de clase.
Los catedráticos de optativas no dan clase en "primerillo" (como dice mi hija) pero están muy preocupados con la tasa de aprobados en los cursos bajos porque si suspenden muchos allá no les llegarán "clientes" a sus optativas y se les acabará el chollo. Entonces se dedican a presionar a los pobrecillos compañeros que están por debajo en el escalafón para que aumente su "desempeño académico" que es una manera cursi de decir que se apruebe a todo el mundo. Si ellos van a mandar un trabajo y a dar aprobado general, ¿qué más les da que los chicos sepan algo o no?
El catedrático de optativas es un ente sorprendente ya que lo sabe todo de nada. El ámbito de su "investigación" es ultra especializado y se cuentan por cientos sus artículos de investigación aunque no parece que la relevancia de los mismos alcance más que para adornar su ego. En la universidad española de nuestros tiempos ni Einstein ni Schrödinger ni Newton serían catedráticos... aunque felizmente gozaríamos de su sabiduría en primero y segundo de carrera.
¡Viva la investigación!