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lunes, 9 de mayo de 2022

Ancelotti dixit

Es evidente que el entrenador del Real Madrid es uno de los hombres del momento, con permiso, claro está, de Carlos Alcaraz, fantástico triunfador del MUTUA MADRID OPEN.

Alguien podría decir que la actualidad tiene muchos más protagonistas. Sin ir muy lejos, los implicados en los polémicos casos de espionaje, pero aquí pretendemos hablar de cosas serias y dejamos el sainete para otros foros.

No nos distraigamos. Las remontadas del Real Madrid este año en la Champions ante PSG en marzo con tres goles de Benzema y exhibición de Modrić—, frente al Chelsea en abril con gol de Rodrygo a pase de Modrić en el minuto 80 y de Benzema en el 96 y contra el Manchester City de Guardiola en mayo nuevamente con goles de Rodrygo y Benzema, en un emocionante final con prórroga incluida—, han convertido a Carlo Ancelotti en un héroe.

Es verdad que esto de las remontadas es marca de la casa y que, durante su brillante y dilatada historia, nuestro querido Real Madrid Club de Fútbol se ha empeñado en convencernos de que no hay nada imposible si hay fe y ganas de luchar. No obstante, algo tendrá que ver el entrenador. No creo en eso de la "flor en el culo" que ya antes se les atribuyó a Vicente del Bosque o Zidane. Para tener éxito hay que trabajar. No olvidemos que Carletto, dejando aparte las remontadas, se ha convertido en el primer entrenador en ganar las 5 grandes ligas.

Ancelotti es un héroe, un héroe tranquilo, sensato, reposado, educado. Su serenidad en el éxito me ha recordado unas palabras suyas a cuenta de un pequeño incidente con Ceballos el pasado mes de enero. Dijo (dixit en latín) entonces: "Esta generación tiene menos respeto a las autoridades".

Lamentablemente, creo que esto es un hecho. Nuestros jóvenes manifiestan, en general y con honrosas excepciones, menos respeto a sus mayores que en épocas pasadas. Lo podemos comprobar en la familia, en la calle y, sobre todo, en los centros educativos a todos los niveles. Y cuando afirmo que a todos los niveles es porque, sin dudarlo, incluyo la universidad.

Aquellos que trabajan en enseñanzas medias me dirán que la universidad es una balsa de aceite en comparación con sus centros, y no les faltará razón, pero en la educación superior también se vive este clima de falta de consideración.

Aunque el comportamiento es una responsabilidad personal, sí que hay cierta correlación sociológica en el sentido de que a menor nivel académico menor es la deferencia con el profesor y/o los compañeros.

Corregir la situación no es sencillo, ya que las causas del problema están enraizadas en etapas anteriores de la educación, pero también es verdad que los cargos académicos no hacen mucho por mejorar las cosas. Hoy en día, el alumno es la "gasolina" de la universidad y sin él todo se para, por lo que nuestros "dirigentes" entre comillas, puesto que no dirigen sino que se mueven a favor del viento más propicio a sus intereses personales—,  aplican la máxima de que el cliente siempre tiene razón.

Sorprendentemente, aquellos que muestran un peor comportamiento son los que más respeto reclaman. Hace poco me contaba un compañero, que sufre continuas afrentas en clase, que le habían puesto una queja por falta de respeto. Más que indignado estaba asombrado. Y este mismo blog da fe de lo que afirmo si se leen algunos comentarios, anónimos, eso sí.

Sin embargo, tengo la teoría de que la palabra respeto, en boca de algunos de estos alumnos, no tiene el significado común. Para ellos, pedir respeto es una manera de gritar que no llegan, que no tienen ni el talento suficiente ni la capacidad de trabajo necesaria para sacar adelante su trabajo. Cuando piden respeto, en realidad, imploran que les apruebes sin esforzarse.

Tengo otra teoría acerca de las causas. Por supuesto que no pretendo hacer un diagnóstico exacto, pero sí ofrecer una primera aproximación al asunto. Estaremos de acuerdo en que esto del respeto se aprende en casa, pero tengo para mí que el ambiente de los institutos es nocivo si queremos cultivar esta virtud.

Me explico. El profesorado ha perdido totalmente la autoridad, habida cuenta de que ni la sociedad ni los equipos directivos les respaldan. La consecuencia es que reina un ambiente de colegueo entre profesores y alumnos, en el que ellos se creen que son los amos. Para colmo, la enseñanza se ha maternizado hasta límites patológicos, como ya expliqué hace algún tiempo en la entrada "Demasiado espíritu maternal". El cóctel produce estudiantes engreídos y convencidos de que son el centro del mundo, inconscientes en muchos casos de que han sido aprobados para que el sistema siga funcionando aparentemente bien.

Está claro que los primeros perjudicados son los estudiantes, pero ellos no tienen recursos para sacudirse esta lacra. Para cuando se dan cuenta de que han sido engañados ya es demasiado tarde.

Carlo Ancelotti